Feria Medieval (Sigüenza)
Este domingo estuve pasando el día en Sigüenza con unos amigos. Yo nunca había ido, así que cuando mi amiga I. me sugirió la idea de ir a pasar un día me pareció un plan fantástico, y ya cuando me dijo que este fin de semana eran las Jornadas Medievales, ya me pareció perfecto. Así que el domingo tempranito, nos levantamos a eso de las 9:00, que para un domingo ya está bien, y salimos rumbo a la época medieval de Sigüenza...
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En cuanto llegamos dimos un paseo por el pueblo, aún estaban los mercaderes colocando sus puestos, daba gusto el olor a queso curado, chorizo y demás viandas que estaban preparando en la plaza. De la que subíamos hacia el Castillo ya fui echando un ojo a los puestos de pendientes, anillos, colgantes y demás, que para qué negarlo son mi debilidad. Cuando llegamos al Castillo representaban el destierro de Dª Blanca, al final explicaron de que iba todo aquello, pero entre el calor y que no se entendía nada, no me quedó muy claro por qué querían desterrar a mi tocaya...

En fin, que después del espectáculo y ante el sol que caía a plomo, decidimos irnos en busca de una buena bebida fresquita a la sombra de unos árboles en la Alameda. Allí recuperamos fuerzas para llegar hasta el restaurante que había reservado mi amiga I., simplemente genial, comimos fenomenal, en un marco precioso, y con una temperatura ideal, por si algún día vais por allí se llama "La Casa del Doncel".
Después del café, a eso de las 19:30, es que la comida y la sobremesa cundieron mucho, como a mi me gusta, ya por fin el sol había bajado un poco y era el momento perfecto para hacer las compras de última hora.


En primer lugar vi unos pendientes preciosos a los que no me pude resistir, y en otro puesto un anillo que me trajo muchísimos recuerdos... se lo regaló una buena amiga a mi hermana hace ya muchos años, a mi siempre me encantó ese anillo, así que ahora ya lo tengo como uno de mis preferidos.


Ya al bajar hacia el pueblo me paré en un puesto que tenía unos colgantes y pendientes de cerámica pintados de vivos colores. Dudaba entre estos dos diseños, y no era capaz de decidirme, así que el amable vendedor me sacó de dudas, me dijo que si me llevaba los dos pares, le regalaba un colgante a mi hermana, que mejor excusa... Al final me regaló otro colgante precioso para mi, estuvimos un buen rato charlando con él y diciendo que el año que viene allí nos volveríamos a ver. La verdad es que fue un día maravilloso, no os imaginais lo que disfruté, ayer llegué tan cansada que no me dio tiempo ni a recordarlo, pero hoy mientras escribo, he vuelto a recordar todo y me ha encantado. Hice alguna compra más, pero eso ya lo dejo para otro día...