Mundo Fusion

jueves, junio 09, 2016

El viaje del Alma... Ikigai...

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Planos de Existencia, Dimensiones de Conciencia: 
El viaje del Alma hacia la plenitud del Ser  
(Ricard Barrufet Santolaria) 
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"Sobre las principales cuestiones trascendentales que todo ser humano se formula en algún momento de su vida ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿a qué he venido?, ¿qué sentido tiene la vida?, el propósito de vida ocupa, sin lugar a dudas, un lugar muy destacado en este elenco de interrogantes de carácter existencial.

El psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl sostiene que, así como existe en el ser humano un inconsciente en el que se alojan aquellos instintos destinados a sostener la vida orgánica del cuerpo y a tratar de mantenerlo a salvo de cualquier amenaza que pudiera poner en riesgo su supervivencia; existe también otro tipo de inconsciente al que Frankl denomina "inconsciente espiritual", que es donde se alojaría nuestro instinto existencial. Sugiere que lo que hay de humano en el hombre es justamente esa distinción entre lo
espiritual y lo meramente instintivo y añade que éste se convierte en un auténtico ser humano cuando consigue dejar de actuar por impulsos y se hace responsable de su propia experiencia existencial.

En su obra “En busca del sentido último” Frankl argumenta que el fenómeno
espiritual puede ser consciente o inconsciente, pero que en cualquier caso, la base espiritual de toda existencia humana es, en última instancia, siempre inconsciente. Esto guarda relación con el pensamiento de Carl Jung quien también afirmaba que el inconsciente no era en ningún caso la parte sobrante de lo consciente sino que éste estaba dotado de contenido propio. La creatividad era sin duda para Jung uno de esos atributos que aguardaba en el inconsciente el momento en que se le permitiera salir a la superficie. Hay muchos ejemplos de esto, como el que cita Frankl acerca de un joven violinista que intentaba tocar siempre de manera extremadamente consciente poniendo su atención en absolutamente todo, desde el modo en como colocaba el instrumento sobre su hombro, hasta el detalle técnico más frívolo. Esta actitud “hiperreflexiva” fue lo que al parecer le llevó a un completo fracaso artístico. En situaciones como éstas la mejor terapia consiste en tratar de hacer una “derreflexión”, es decir, en devolverle al sujeto la confianza en su instinto. Se le hizo ver al joven violinista que su inconsciente era mucho más musical y artístico que su consciente, y una vez fue capaz de otorgar una mayor confianza a sus capacidades instintivas, éste consiguió liberar finalmente todo su potencial creativo.


"a great artist is but a conduit for an expression
that resonates with something that is greater than him or herself..."
(Kahlil Gibran) 

Aspectos como el arte, la creatividad, la imaginación, la fantasía, el juego, la magia, la ilusión, la belleza e incluso el amor y la conciencia, residen por algún tipo de ordenamiento psicofísico en el inconsciente espiritual del ser humano, pero basta con que se les permita su libre expresión para que todo ello salga a relucir de forma espontánea. El propósito de vida de cada persona o si se prefiere, su destino, reside igualmente en este inconsciente espiritual. Descubrir en qué consiste, es decir, hacerlo consciente, no tiene demasiado misterio. La dificultad puede estar tal vez en el hecho de no ser capaces de llegar a admitir su simplicidad o sencillez dado que tendemos a asociarlo al éxito profesional, a los grandes logros personales y a un reconocimiento social. Pero el verdadero propósito de vida de una persona simplemente guarda relación con aquello que le hace disfrutar, aquello que le gusta hacer, aquello que se le da bien hacer y aquello con lo que se siente satisfecho y realizado. Es ese talento o vocación especial por algo en particular lo que nos muestra el camino. Quien sienta pasión por el dibujo, la pintura, la música, la literatura, la ciencia, la filosofía, la política, la cultura, el deporte o por cualquier otra actividad, será probablemente su expresión en alguno de esos ámbitos de interés lo que dará un mayor significado a su vida. No hay ninguna necesidad en tener que sobresalir por encima de los demás ni obtener reconocimiento alguno. Así como el propósito de una flor es florecer y aun cuando no haya nadie observando su belleza ésta florece y expande su fragancia a los cuatro vientos, el simple hecho de vivir es también para el ser humano un propósito en sí mismo. Tan valiosas son las vivencias de una vida de opulencia y derroche como las de una vida sencilla y austera. Todas ellas llevan implícitas unas determinadas enseñanzas que a buen seguro tendrán su razón de ser. El propósito de vida da sentido a nuestra vida en su aspecto Álmico, pero como después veremos, el Alma es tan sólo una parte del Ser. Lo que experimenta el Alma enriquece al Ser, pero éste a su vez persigue un propósito mayor, el cual es común al resto de los seres de la creación.

Este último y definitivo propósito que subyace en lo más profundo de nuestro inconsciente
espiritual es el causante de esa permanente sensación de insatisfacción o vacío que tratamos de llenar de mil maneras distintas. Hasta que no descubramos cuál es ese destino último y nos dirijamos hacia él con pleno convencimiento, determinación y de manera consciente, jamás conseguiremos llenar ese vacío que nos acompaña a todas partes vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos. Este Sentido Último es la respuesta al por qué y al para qué de nuestra presencia en el mundo..."



"Ikigai (生き甲斐, pronunciado ikiɡai) es un concepto japonés que significa "la razón de vivir" o "la razón de ser". Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda es considerada de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y sentido de la vida.

El término ikigai se compone de dos palabras japonesas: iki (生き?), que se refiere a la vida, y kai (甲斐?), que aproximadamente significa "la realización de lo que uno espera y desea".
En la cultura de Okinawa, el ikigai se concibe como "una razón para levantarse por la mañana"; es decir, una razón para disfrutar de la vida. En una charla de TED, Dan Buettner sugirió que el ikigai era una de las razones por las que la gente de Okinawa tenía una vida tan larga.
 
La palabra ikigai se utiliza generalmente para indicar la fuente del valor de la vida de uno, o las cosas que hacen que la vida valga la pena. En segundo lugar, la palabra se utiliza para referirse a las circunstancias mentales y espirituales en las que las personas sienten que sus vidas son valiosas. No está necesariamente ligada a la situación económica personal, o al estado actual de la sociedad. Incluso si una persona siente que el presente es sombrío, pero tiene un objetivo en mente, puede sentir el ikigai. Los comportamientos que nos hacen sentir el ikigai no son acciones que nos vemos obligados a llevar a cabo, sino acciones naturales y espontáneas.

En el artículo titulado Ikigai — jibun no kanosei, kaikasaseru katei ("Ikigai: el proceso de permitir que las posibilidades de uno mismo florezcan") Kobayashi Tsukasa escribe que "la gente puede sentir el auténtico Ikigai solo cuando, sobre la base de una madurez personal, de la satisfacción de diversos deseos, del amor y de la felicidad, se encuentra con los demás y con un sentido del valor de la vida, que avanza hacia la autorrealización..."