Mundo Fusion

miércoles, julio 13, 2016

Oda a la Melancolía...

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Oda a la Melancolía - John Keats
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1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.

2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.

3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.

(Alberto Durero - Melancolía I) 

Llama al mundo, si quieres, el valle de la elaboración del alma...
Entonces descubrirás la razón de la existencia...” 
(John Keats)

domingo, julio 10, 2016

A la inmensa mayoría...

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 A la inmensa mayoría
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"Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad.  Bilbao, a once 
de abril, cincuenta y tantos. Blas de Otero."


jueves, junio 09, 2016

El viaje del Alma... Ikigai...

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Planos de Existencia, Dimensiones de Conciencia: 
El viaje del Alma hacia la plenitud del Ser  
(Ricard Barrufet Santolaria) 
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"Sobre las principales cuestiones trascendentales que todo ser humano se formula en algún momento de su vida ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿a qué he venido?, ¿qué sentido tiene la vida?, el propósito de vida ocupa, sin lugar a dudas, un lugar muy destacado en este elenco de interrogantes de carácter existencial.

El psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl sostiene que, así como existe en el ser humano un inconsciente en el que se alojan aquellos instintos destinados a sostener la vida orgánica del cuerpo y a tratar de mantenerlo a salvo de cualquier amenaza que pudiera poner en riesgo su supervivencia; existe también otro tipo de inconsciente al que Frankl denomina "inconsciente espiritual", que es donde se alojaría nuestro instinto existencial. Sugiere que lo que hay de humano en el hombre es justamente esa distinción entre lo
espiritual y lo meramente instintivo y añade que éste se convierte en un auténtico ser humano cuando consigue dejar de actuar por impulsos y se hace responsable de su propia experiencia existencial.

En su obra “En busca del sentido último” Frankl argumenta que el fenómeno
espiritual puede ser consciente o inconsciente, pero que en cualquier caso, la base espiritual de toda existencia humana es, en última instancia, siempre inconsciente. Esto guarda relación con el pensamiento de Carl Jung quien también afirmaba que el inconsciente no era en ningún caso la parte sobrante de lo consciente sino que éste estaba dotado de contenido propio. La creatividad era sin duda para Jung uno de esos atributos que aguardaba en el inconsciente el momento en que se le permitiera salir a la superficie. Hay muchos ejemplos de esto, como el que cita Frankl acerca de un joven violinista que intentaba tocar siempre de manera extremadamente consciente poniendo su atención en absolutamente todo, desde el modo en como colocaba el instrumento sobre su hombro, hasta el detalle técnico más frívolo. Esta actitud “hiperreflexiva” fue lo que al parecer le llevó a un completo fracaso artístico. En situaciones como éstas la mejor terapia consiste en tratar de hacer una “derreflexión”, es decir, en devolverle al sujeto la confianza en su instinto. Se le hizo ver al joven violinista que su inconsciente era mucho más musical y artístico que su consciente, y una vez fue capaz de otorgar una mayor confianza a sus capacidades instintivas, éste consiguió liberar finalmente todo su potencial creativo.


"a great artist is but a conduit for an expression
that resonates with something that is greater than him or herself..."
(Kahlil Gibran) 

Aspectos como el arte, la creatividad, la imaginación, la fantasía, el juego, la magia, la ilusión, la belleza e incluso el amor y la conciencia, residen por algún tipo de ordenamiento psicofísico en el inconsciente espiritual del ser humano, pero basta con que se les permita su libre expresión para que todo ello salga a relucir de forma espontánea. El propósito de vida de cada persona o si se prefiere, su destino, reside igualmente en este inconsciente espiritual. Descubrir en qué consiste, es decir, hacerlo consciente, no tiene demasiado misterio. La dificultad puede estar tal vez en el hecho de no ser capaces de llegar a admitir su simplicidad o sencillez dado que tendemos a asociarlo al éxito profesional, a los grandes logros personales y a un reconocimiento social. Pero el verdadero propósito de vida de una persona simplemente guarda relación con aquello que le hace disfrutar, aquello que le gusta hacer, aquello que se le da bien hacer y aquello con lo que se siente satisfecho y realizado. Es ese talento o vocación especial por algo en particular lo que nos muestra el camino. Quien sienta pasión por el dibujo, la pintura, la música, la literatura, la ciencia, la filosofía, la política, la cultura, el deporte o por cualquier otra actividad, será probablemente su expresión en alguno de esos ámbitos de interés lo que dará un mayor significado a su vida. No hay ninguna necesidad en tener que sobresalir por encima de los demás ni obtener reconocimiento alguno. Así como el propósito de una flor es florecer y aun cuando no haya nadie observando su belleza ésta florece y expande su fragancia a los cuatro vientos, el simple hecho de vivir es también para el ser humano un propósito en sí mismo. Tan valiosas son las vivencias de una vida de opulencia y derroche como las de una vida sencilla y austera. Todas ellas llevan implícitas unas determinadas enseñanzas que a buen seguro tendrán su razón de ser. El propósito de vida da sentido a nuestra vida en su aspecto Álmico, pero como después veremos, el Alma es tan sólo una parte del Ser. Lo que experimenta el Alma enriquece al Ser, pero éste a su vez persigue un propósito mayor, el cual es común al resto de los seres de la creación.

Este último y definitivo propósito que subyace en lo más profundo de nuestro inconsciente
espiritual es el causante de esa permanente sensación de insatisfacción o vacío que tratamos de llenar de mil maneras distintas. Hasta que no descubramos cuál es ese destino último y nos dirijamos hacia él con pleno convencimiento, determinación y de manera consciente, jamás conseguiremos llenar ese vacío que nos acompaña a todas partes vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos. Este Sentido Último es la respuesta al por qué y al para qué de nuestra presencia en el mundo..."



"Ikigai (生き甲斐, pronunciado ikiɡai) es un concepto japonés que significa "la razón de vivir" o "la razón de ser". Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda es considerada de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y sentido de la vida.

El término ikigai se compone de dos palabras japonesas: iki (生き?), que se refiere a la vida, y kai (甲斐?), que aproximadamente significa "la realización de lo que uno espera y desea".
En la cultura de Okinawa, el ikigai se concibe como "una razón para levantarse por la mañana"; es decir, una razón para disfrutar de la vida. En una charla de TED, Dan Buettner sugirió que el ikigai era una de las razones por las que la gente de Okinawa tenía una vida tan larga.
 
La palabra ikigai se utiliza generalmente para indicar la fuente del valor de la vida de uno, o las cosas que hacen que la vida valga la pena. En segundo lugar, la palabra se utiliza para referirse a las circunstancias mentales y espirituales en las que las personas sienten que sus vidas son valiosas. No está necesariamente ligada a la situación económica personal, o al estado actual de la sociedad. Incluso si una persona siente que el presente es sombrío, pero tiene un objetivo en mente, puede sentir el ikigai. Los comportamientos que nos hacen sentir el ikigai no son acciones que nos vemos obligados a llevar a cabo, sino acciones naturales y espontáneas.

En el artículo titulado Ikigai — jibun no kanosei, kaikasaseru katei ("Ikigai: el proceso de permitir que las posibilidades de uno mismo florezcan") Kobayashi Tsukasa escribe que "la gente puede sentir el auténtico Ikigai solo cuando, sobre la base de una madurez personal, de la satisfacción de diversos deseos, del amor y de la felicidad, se encuentra con los demás y con un sentido del valor de la vida, que avanza hacia la autorrealización..."

lunes, mayo 16, 2016

Kai Kairós...

Kairós (en griego antiguo καιρός, kairós) es un concepto de la filosofía griega que representa un lapso indeterminado en que algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno...»

 «El instante fugaz en el que aparece, metafóricamente hablando, una abertura (o sea, el lugar preciso) que hay que atravesar necesariamente para alcanzar o conseguir el objetivo propuesto...» (Eric Charles White)

«Un Momento-lugar único e irrepetible que no es presente sino siempre está por llegar y siempre ya ha pasado. Que nos sobrevuela...» (Gilles Deleuze)

«El tiempo de nuestros momentos trascendentes, de los hechos que marcan fuerte el camino personal de cada uno de nosotros, eso que algunos denominan destino, y que en determinados momentos nos hizo tomar decisiones importantes...» (Alejandro Corletti Estrada)

jueves, mayo 05, 2016

Bodas de Sangre...


NOVIA: "¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos..."  



"Parece que se acercan por todos los caminos a la vez. Cuando salga la luna los verán. Debían dejarlos. El mundo es grande. Todos pueden vivir en él. Pero los matarán. Hay que seguir la inclinación; han hecho bien en huir. Se estaban engañando uno a otro y al final la sangre pudo más. ¡La sangre! Hay que seguir el camino de la sangre. Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra. ¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida..."

jueves, abril 28, 2016

A ti que vas a la desesperada...


lunes, abril 11, 2016

El Profeta...

"Nosotros somos Espíritus,
libres como el viento..."

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El Profeta (Khalil Gibran)
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 "...Y otros, entre vosotros, me han llamado sin palabras, diciendo: 
 "Extranjero, extranjero, amante de cumbres inalcanzables, ¿por qué habitas entre las cimas, donde las águilas hacen sus nidos? 
 ¿Por qué buscas lo inobtenible? 
 ¿Qué tormentas quieres atrapar en tu red? 
¿Y qué vaporosos pájaros cazas en el cielo? 
Ven y sé uno de nosotros. 
 Desciende y , calma tu hambre con nuestro pan y apaga tu sed con nuestro vino." 
 En la soledad de sus almas decían esas cosas.
 Pero, si su soledad hubiera sido más profunda, 
hubieran sabido que lo que yo buscaba era el secreto de vuestra alegría y vuestro dolor. 
 Y que cazaba solamente lo más grande de vuestro ser, 
que camina por el cielo. 
 Pero el cazador fue también el cazado. 
 Porque muchas de mis flechas dejaron mi arco solamente para buscar mi propio pecho. 
 Y el que volaba se arrastró también; 
 Porque, cuando mis alas se extendían al sol, 
su sombra sobre la tierra fue una tortuga. 
 Y el creyente fue también el escéptico; 
 Porque yo he puesto a menudo mi dedo en mi propia herida 
para poder creer más en vosotros y conoceros mejor. 
Y es con esa fe y ese conocimiento que os digo: 
 No estáis encerrados en vuestro cuerpo, 
ni confinados a vuestras casas o campos. 
 Aquello que en vosotros habita sobre las montañas y pasea con el viento. 
 No es esa cosa que se arrastra bajo el sol 
buscando calor o excava agujeros en la oscuridad, 
buscando refugio. 
 Sino algo libre, un Espíritu que envuelve la tierra y se mueve en el éter. 
 Si éstas son palabras vagas, no busquéis aclararlas. 
 Vago y nebuloso es el principio de todas las cosas, pero no su fin. 
 Y yo desearía que me recordárais como un comienzo. 
 La vida, y todo lo que vive, son concebidos en la bruma y no en el cristal. 
 ¿Y quién sabe si el cristal no es la decadencia de la bruma? 
 Yo desearía que recordárais esto al recordarme: 
 Aquello que parece más débil y turbado en vosotros es lo más fuerte y lo más determinado. 
 ¿No es vuestro aliento el que ha erigido y endurecido la estructura de vuestros huesos? 
 ¿Y no es un sueño, que ninguno de vosotros recuerda haber soñado, 
el que edificó vuestra ciudad e hizo todo lo que en ella hay? 
 Si pudiérais ver las mareas de ese aliento, dejaríais de ver todo lo demás. 
 Y, si pudiérais oír el murmullo del sueño, no oiríais ningún otro sonido. 
 Pero no veis ni oís, y eso está bien. 
 El velo que nubla vuestros ojos será levantado por las manos que lo hilaron. 
 Y la arcilla que llena vuestros oídos será horadada por aquellos dedos que la amasaron. 
 Y veréis. 
 Y oiréis. 
 Y no deploraréis, entonces, el haber conocido la ceguera, ni sentiréis haber estado sordos. 
 Porque ese día conoceréis el propósito escondido de todas las cosas. 
 Y bendeciréis la oscuridad como bendecíais la luz. 

 Estas cosas dichas, miró a su alrededor y vio al piloto de su barco de pie ante el timón y mirando, ora a las henchidas velas, ora a la distancia. 
 Y dijo: Paciente, más que paciente, es el capitán de mi barco. 
 El viento sopla y las velas están inquietas. 
Aún el timón solicita una ruta. 
 Y, sin embargo, tranquilamente, mi capitán espera mi silencio. 
 Y esos mis marineros, que han oído el coro del inmenso mar, tienen también que oírme pacientemente. 
 Pero no esperarán ahora ya. 
 Estoy presto. 
 La corriente ha llegado al mar y, una vez más, la gran madre aprieta a su hijo contra su pecho. 
 Adiós, pueblo de Orfalese. 
 Este día ha terminado. 
 Se está cerrando sobre nosotros como un nenúfar se cierra sobre su propio mañana. 
 Guardamos lo que aquí nos ha sido dado, 
 Y, si no es suficiente, nos reuniremos de nuevo y juntos tenderemos nuestras manos hacia el dador.
 No olvidéis que yo volveré hacia vosotros. 
 Un momento, no más, y mi anhelo reunirá espuma y polvo para otro cuerpo. 
 Un momento, un momento de descanso en el viento, y otra mujer me llevará consigo. 
 Adiós a vosotros y a la juventud que he pasado con vosotros.
Fue ayer que nos encontramos en mi sueño,
Habéis cantado para mí en mi soledad, y yo, de vuestras ansias, he edificado una torre en el cielo.
Pero ahora nuestro sueño se ha ido y ya no es la aurora. El mediodía está sobre nosotros y nuestra somnolencia se ha cambiado en día pleno, y debemos separarnos.
Si, en el crepúsculo del recuerdo, nos encontraremos una vez más hablaremos juntos de nuevo y me cantaréis una canción más honda.
Y, si nuestras manos se unieran en otro sueño, levantaremos otra torre en el cielo.
Diciendo así, hizo una seña a los hombres de mar e, inmediatamente, ellos levaron anclas, soltaron las amarras y se movieron hacia el este.
Y un grito nació de la gente, como de un sólo corazón y se elevó en el crepúsculo y se arrastró sobre el mar como un sonar de trompetas.
Sólo Almitra estaba silenciosa, siguiendo al barco con los ojos hasta que se desvaneció en la niebla.
Y, cuando la gente se dispersó, ella estaba todavía, sola sobre el muro que da al mar, recordando en su corazón lo que él dijera:
"Un momento, un momento de descanso en el viento, y otra mujer me llevará consigo..."


"Mis palabras son mis Alas
y tú eres mi mensajera..."

viernes, abril 08, 2016

Pongamos que hablo de Madrid...



jueves, abril 07, 2016

Salir corriendo...


Elena: Te lo recomiendo, 
soy la mejor cocinera de la Isla...
Lucía: Te importa que me quede esta noche? 
a dormir, sin cenar, y mañana hablamos...
Elena: Claro que sí...
Lucía: Es que me ha pasado algo horrible 
y he tenido que salir corriendo...
Elena: Aquí te vamos a cuidar criatura...
(Lucía y el sexo - Julio Medem)

miércoles, abril 06, 2016

System Failure...


lunes, abril 04, 2016

Estoy ardiendo y siento Frío...

Una de mis canciones favoritas desde que era un niña... 
Como homenaje a ella inicié el blog 
un 1 de Enero de 2012 en que yo misma estaba ardiendo y sentía Frío...


"Termina el Sueño, suena el disparo,
soy el delirio, soy la confusión...
soy sólo un verso que está equivocado,
mientras la Muerte deja caer el telón..."
(Frío - Alarma!!!)

domingo, abril 03, 2016

The show must go on...


miércoles, marzo 16, 2016

Déjame vivir...


viernes, marzo 04, 2016

La Ley de la Serialidad...

"Existe una fuerza de atracción comparable a la gravedad universal que provoca que la casualidad irrumpa en nuestras vidas... Pero mientras la gravedad actúa sobre la masa existente, esta otra fuerza universal actúa agrupando tanto cosas como personas similares y uniéndolas en un mismo espacio y tiempo... Llegamos así a la imagen del mundo mosaico o caleidoscopio cósmico que a pesar de su desordenamiento y reordenamiento constante acaba por juntar similar con similar... La Serialidad es el cordón umbilical que conecta el pensamiento, los sentimientos, la ciencia y el arte con el útero del Universo a través del cual nacen...
(La Ley de la Serialidad - Paul Kammerer)

jueves, febrero 18, 2016

La anatomía de la melancolía...


"La felicidad es buena para el cuerpo, 
pero es la pena la que desarrolla la fuerza de la mente..."
(Marcel Proust)

viernes, febrero 12, 2016

Mi Credo...

Discurso dado por Einstein a la Liga Alemana de Derechos Humanos, Berlín, Otoño 1932. Este discurso es conocido como "Mi Credo". Se ha tomado, del citado libro, el texto completo.

"Nuestra situación sobre este planeta parece muy extraña. Cada uno de nosotros aparece aquí involuntariamente y sin invitación para una corta estadía, sin saber los porqué ni los adónde. En nuestra vida diaria sólo sentimos que el hombre está aquí en aras de los demás, para aquellos que amamos y para muchos otros cuyo destino está conectado con el nuestro. A menudo me preocupa el pensamiento de que mi vida está basada a tal punto sobre el trabajo de mis congéneres humanos, que me doy cuenta de mi gran deuda hacia ellos.    

Yo no creo en el libre albedrío. Las palabras de Schopenhauer: "El hombre puede hacer lo que quiere pero no puede decidir lo que quiere" me acompañan en todas las situaciones y en toda mi vida, y me reconcilian con las acciones de los demás, aún si para mí son dolorosas. Esta conciencia de la falta de libre albedrío me cuida de tomarme a mí y a mis semejantes demasiado en serio como individuos que actúan y deciden, y me cuida del perder la ecuanimidad.

        Nunca codicié la opulencia y el lujo, y hasta los desprecio bastante. Mi pasión para la justicia social a menudo me ha llevado al conflicto con las personas, como también mi aversión a cualquier obligación y dependencia que no considero absolutamente necesaria. Siempre guardo gran consideración por el individuo y tengo una insuperable aversión a la violencia y su apología.


        Todas estas razones han hecho de mi un apasionado pacifista y antimilitarista. Estoy en contra de cualquier nacionalismo aún cuando disfrazado de patriotismo. Los privilegios basados en la posición y en la propiedad siempre me han parecido injustos y perniciosos, como también cualquier exagerado culto a la personalidad. Soy un adherente del ideal de la democracia, aún sabiendo claramente de la debilidad de la forma democrática de gobierno. La igualdad social y la protección económica del individuo siempre me parecieron metas comunitarias más importantes del estado. Aunque soy un típico solitario en la vida diaria, mi darme cuenta que pertenezco a la comunidad invisible de los que luchan a favor de la verdad, de la belleza y de la justicia me ha preservado del sentirme aislado.


        La más bella y profunda experiencia que un hombre puede tener es el sentido de lo misterioso. Es el principio subyacente de la religión además de todo intento serio en las artes o la ciencia. El que nunca ha tenido esa experiencia, a mí me parece sino muerto, por lo menos ciego.


        Tener la sensación que atrás de cualquier cosa que puede ser experienciada hay algo que nuestra mente no puede aferrar y cuya belleza y sublimidad nos llegan sólo indirectamente y como un débil reflejo, esto es religiosidad. En este sentido soy religioso. A mí me es suficiente reflexionar sobre estos secretos y tratar humildemente de lograr con mi mente una mera imagen de la encumbrada estructura de todo lo que hay...
"

jueves, enero 14, 2016

Look up here, I’m in heaven...


You know, I´ll be free
Just like that bluebird...

miércoles, noviembre 18, 2015

Llévame muy lejos...

viernes, agosto 21, 2015

Una generación de Sonámbulos tras otra...

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Los Sonámbulos
(Arthur Koestler)
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"(...) Si Tico hubiera permanecido en Dinamarca es muy improbable que Kepler hubiera podido permitirse los gastos necesarios para visitarlo durante el breve margen de vida que aún le quedaba a Tico. Las circunstancias que hicieron de ambos dos desterrados, y los guiaron para encontrarse, pueden atribuirse al azar o a la providencia, según se prefiera, a menos que supongamos la existencia de alguna ignota ley de gravedad en la historia. Después de todo, la gravedad en el sentido físico también es solo una palabra para designar una fuerza desconocida que obra en la distancia..."

"(...) Desde luego que ambos preceptos tienen su utilidad. El problema estriba en saber cuándo ha de seguirse el uno y cuando el otro. Copérnico tenía un espíritu parejo, que nunca asumía giros imprevistos: hasta sus errores eran gruesos. Tico era un gigante como observador, pero nada más: sus inclinaciones a la alquimia y a la astrología nunca se fundieron como en el caso de Kepler, con su ciencia. La medida del genio de Kepler debe medirse por la intensidad de sus contradicciones y por el uso que hizo de ellas. Lo vimos afanoso, con infinita paciencia, recorriendo el arduo camino del procedimiento de aproximaciones sucesivas; luego, súbitamente, por así decirlo, se dejó llevar por el aire cuando una conjetura feliz o el azar le ofrecieron la oportunidad..."



"(...) Hay dos maneras de interpretar esta situación. 
La estructura del universo es, en verdad, de una índole tal que no puede comprenderse desde el punto de vista del espacio y del tiempo humanos, de la razón humana y de la imaginación humana, y en este caso la ciencia exacta ha dejado de ser filosofía de la naturaleza, y ya no tiene gran inspiración que ofrecer al espíritu humano indagador. De ser así, sería legítimo que el hombre de ciencia se retirase a su sistema cerrado, manejara sus símbolos puramente formales y eludiese cuestiones referentes a la "significación real" de estos símbolos, que "carecen de significación", como en efecto se hace en la actualidad. Y si esto es así, el hombre de ciencia debe aceptar su papel de mero técnico, cuya misión por un lado es producir mejores bombas y mejores fibras plásticas y, por otro, crear sistemas más elegantes de epiciclos para explicar los fenómenos.
La segunda posibilidad consiste en ver en la actual crisis en que se halla la física un fenómeno transitorio, el resultado de un desarrollo unilateral, ultraespecializado, como el cuello de una jirafa, uno de esos "culs de sac" de la evolución mental, que tan a menudo observamos en el pasado. Pero si ello fuera así, ¿qué punto del proceso de tres siglos que va desde "la filosofía de la naturaleza " a la "ciencia exacta" comenzó el divorcio de la realidad? ¿En qué punto se formuló la nueva versión de la maldición de Platón: "¿Pensarás en círculos?" Si conociéramos la respuesta, desde luego conoceríamos también el remedio, y una vez conocida la respuesta todo parecerá de nuevo tan obvio como la posición central que ocupa el Sol en el sistema solar. "Somos en verdad una raza de ciegos", escribió un hombre de ciencia contemporáneo, "y la generación siguiente, ciega a su propia ceguera, se asombrará de la nuestra..."
Aduciré dos ejemplos que, a mi juicio, ilustran esta ceguera. La filosofía materialista, a la cual se ha aferrado el hombre de ciencia medio, conservó su poder dogmático sobre el espíritu de aquél aunque la materia misma se hubiera evaporado; y el hombre de ciencia reacciona ante fenómenos que no se ajustan a ese dogma, más o menos del mismo modo con que reaccionaban sus antepasados escolásticos ante la sugestión de que pudieran aparecer nuevas estrellas en la inmutable octava esfera. De esta suerte, durante los últimos treinta años, se ha reunido un impresionante conjunto de pruebas, en condiciones de estricto laboratorio, que sugiere que el espíritu  sin la acción intermedia de los órganos sensoriales podría percibir estímulos emanados de personas u objetos; y que en experimentos "controlados" estos fenómenos se dan con una frecuencia estadística que invita a la investigación científica. Sin embargo, la ciencia académica reacciona ante los fenómenos de "percepción extrasensorial" más o menos como reaccionó la Liga de las Palomas a los astros mediceos. Y, a mi juicio, con no mejores razones. Si hemos de aceptar que un electrón puede saltar de una órbita a otra, sin atravesar el espacio que las separa, ¿por qué tendremos que excluir la posibilidad de que una señal de índole no más desconcertante que las ondas electrónicas de Schroedinger, se emita y se reciba sin intervención sensorial? Si la cosmología moderna tiene una lección amplia que darnos, ésta es la de que los hechos fundamentales del mundo físico no pueden representarse en el espacio tridimensional y en el tiempo. Sin embargo, la versión moderna del escolasticismo niega al espíritu o al cerebro dimensiones adicionales que, con todo, acuerda a las partículas de la materia. No empleo aquí la palabra "dimensión" como una analogía mecánica, como hacen con la "cuarta dimensión" los charlatanes del ocultismo. Digo sencillamente que, puesto que la física moderna abandonó la estructura del tiempo y espacio y los conceptos de materia y causalidad, tal como los entendía la física clásica y los entiende la experiencia del sentido común, no me parece justificado negarse a investigar fenómenos empíricos porque éstos no encajen en aquella filosofía ya abandonada.
Un segundo ejemplo de la "hybris" de la ciencia contemporánea es el riguroso destierro de la palabra "finalidad". Ésta, probablemente, sea una consecuencia de la reacción contra el animismo de la física aristotélica, según la cual las piedras aceleraban la velocidad de su caída a causa de la impaciencia por alcanzar el lugar que les correspondía, y contra una cosmovisión teológica, en la cual la finalidad de las estrellas era servir como cronómetros en beneficio del hombre. A partir de Galileo, las "causas finales" (o finalidad) quedaron relegadas a la esfera de la superstición, y la causalidad mecánica reinó como soberana. En el universo mecánico de los átomos, sólidos, pequeños e indivisibles, la causalidad obraba por impacto, como una mesa de billar; los acontecimientos se producían por el empuje mecánico del pasado, y no por un "tirón" del futuro. Ésta es la razón por la cual la gravedad, y otras formas de acción a distancia, no entraban en el cuadro y se consideraban sospechosas, por lo cual el éter y los vórtices tuvieron que inventarse para remplazar ese tirón oculto por un impulso mecánico. El universo mecanicista fue desintegrándose gradualmente, pero la noción mecanicista de la causalidad sobrevivió hasta que el principio de la indeterminación de Heisenberg demostró que era insostenible. Hoy sabemos que, en un nivel subatómico, la suerte de un electrón o de todo un átomo no está determinada por su pasado. Pero este descubrimiento no condujo a ningún nuevo punto de partida fundamental en la filosofía de la naturaleza  sino que determinó solo un estado de desconcierto y embarazo, otra retirada de la física hacia un lenguaje simbólico más abstracto aún. Sin embargo, si la causalidad se desmoronó y los hechos no están rígidamente gobernados por empujes y presiones del pasado, ¿no podría sufrir de algún modo la influencia del "tirón" del futuro, lo cual es una manera de decir que "la finalidad" puede ser un factor físico concreto de la evolución del universo  tanto en el plano orgánico como en el plano inorgánico? En el cosmos relativista, la gravitación es un resultado de curvaturas y pliegues del espacio, que continuamente tienden a enderezarse, lo cual, como observó Whittaker, "es una enunciación tan completamente teleológica que habría deleitado ciertamente los corazones de los escolásticos". Si en la física moderna se trata el tiempo como una dimensión casi del mismo alcance que las dimensiones del espacio, ¿por qué habríamos de excluir a priori la posibilidad de que seamos tirados, así como empujados, a lo largo del eje del tiempo? Después de todo, el futuro tiene tanta realidad, o tan poca realidad, como el pasado, y no hay nada lógicamente inconcebible en el hecho de introducir como hipótesis un elemento de finalidad, complementario del elemento de la causalidad, en nuestras ecuaciones. Creer que el concepto de "finalidad" tiene que asociarse necesariamente con alguna deidad antropomórfica revela gran falta de imaginación.
Éstas son cuestiones especulativas que, posiblemente estén muy fuera de lugar aquí; pero sabemos, por el pasado, que los puntos muertos de la evolución solo pueden superarse con algún nuevo punto de partida hacia una dirección inesperada. Cuando una rama del conocimiento se aísla de la corriente principal, su helada superficie ha de quebrarse y despeñarse, antes de que pueda volver a unirse con la realidad viva..."



"(...) Como consecuencia de su división, ni la fe ni la ciencia pueden satisfacer los anhelos intelectuales del hombre. En casa dividida, los dos habitantes llevan una existencia frustrada.
La ciencia posterior a Galileo pretendía ser un sustituto de la religión o la legítima sucesora de ésta. Y de ahí que, al no poder dar las respuestas fundamentales, determinara no solo frustración intelectual, sino languidecimiento espiritual..."

"(...) El uomo universale del Renacimiento, que era artista y artesano, filósofo e inventor, humanista de ciencia, astrónomo y monje, todo en uno, se dividió en sus elementos componentes. El arte perdió su inspiración mítica; la ciencia, su inspiración mística. El hombre tornó a hacerse sordo a la armonía de las esferas. La filosofía de la naturaleza, se hizo éticamente neutra, y "ciego" llegó a ser el adjetivo favorito, aplicado a la acción de las leyes de la naturaleza. La jerarquía espíritu ciencia quedó reemplazada por el continuo espacio-tiempo.
Como consecuencia de ello, el destino del hombre ya no estuvo determinado desde "arriba" por una sabiduría y una voluntad sobrehumanas, sino desde "abajo", por la acción infrahumana de glándulas, genes, átomos u ondas de probabilidad. Este desplazamiento del lugar del destino fue decisivo. Mientras el destino obró desde un plano de jerarquía superior al del hombre, no solo había modelado la suerte de éste, sino que había guiado su conciencia y conferido al mundo significación y valor. Los nuevos amos del destino se hallaban en lugar de la escala inferior al que ocupaba el ser que ellos dominaban; determinaban el destino de éste, pero no le daban ninguna guía moral, ni valores, ni sentido. Un títere de los dioses es una figura trágica; un títere que depende de sus cromosomas es meramente grotesco..."

"(...) De manera que, en un futuro previsible, el hombre estará en condiciones de aniquilarse o de volar a las estrellas. Es dudoso que una argumentación razonada desempeñe algún papel importante en cuanto concierne a la adopción de la decisión última; pero, si puede hacerlo, una visión mas clara de la evolución de las ideas que codujeron a la actual situación puede resultar de algún valor. Lo confuso de las inspiraciones, los desengaños, las concepciones visionarias y la ceguera dogmática, las obsesiones de milenios y pensamiento doble disciplinado, cosas que en este libro hemos procurado rastrear, pueden servir como admonición contra la hybris de la ciencia o, mejor dicho, de la concepción filosófica basada en ella. Los cuadrantes y esferas de los tableros de nuestros laboratorios se están convirtiendo en otra versión de las sombras de la caverna. Nuestra sujeción hipnótica a los aspectos numéricos de la realidad ha embotado nuestra percepción de valores morales no cuantitativos. La resultante ética de que el fin justifica los medios puede ser un factor importante de nuestra propia anulación. Inversamente, el ejemplo de la obsesión de Platón con las esferas perfectas; el de la obsesión de Aristóteles con la flecha impulsada por el aire circundante; la de los cuarenta y ocho epiciclos del canónigo Koppernigk y su cobardía moral, la manía de grandeza de Tico, los rayos solares barredores de Kepler, las supercherías de Galileo, y el alma pituitaria de Descartes pueden ejercer alguna influencia moderadora de los adoradores del nuevo Baal, que reina con su cerebro electrónico sobre un vacío moral..."

Marzo 1955 - mayo 1958.




viernes, agosto 14, 2015

Un mensaje sin tiempo para este tiempo...

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El libro rojo de Jung
Claves para la comprensión de una obra inexplicable
(Bernardo Nante)
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"El libro rojo o Liber Novus narra e ilustra bellamente las fulgurantes y aterradoras visiones de C. G. Jung, acaecidas entre los años 1913 y 1916 o 1917, y su audaz intento de comprenderlas. El libro rojo no es un libro filosófico, científico, religioso, literario o de arte y, sin embargo, sus impactantes imágenes literarias y plásticas transmiten una cosmovisión tan arcaica como novedosa. El libro rojo es sorprendente e inclasificable, pues no se ajusta a ninguno de los géneros literarios conocidos y solo puede compararse con los grandes relatos proféticos o míticos del pasado más remoto. No obstante, esta obra expresa la vivencia y la voz de un hombre de nuestro tiempo, eco de la voz de la profundidad, que transmite una nueva comprensión de sí como respuesta a la desorientación del hombre contemporáneo. Paradójicamente, El libro rojo permaneció inédito casi un siglo y, sin embargo, los escasos fragmentos que de él se conocían ejercieron una notable influencia en la cultura. El estudioso de Jung cuenta hoy con un invalorable documento, hasta ahora inaccesible, que proporciona claves fundamentales para comprender la génesis de su obra teórica y de su praxis. Más allá de la obra de Jung, todo lector interesado en avizorar el horizonte simbólico de nuestros tiempos encontrará en El libro rojo un estímulo incesante para su pensamiento y su imaginación...


El El libro rojo no solo es una obra inclasificable, sino que es enigmática, y como tal, resiste un abordaje superficial. Nuestro trabajo consiste, no solo en ofrecer claves generales para abordar El libro rojo, sino en realizar un comentario integral de esta obra a la luz de la cosmovisión junguiana, con el simple propósito de facilitar la lectura de un texto mercurial, cambiante y, no pocas veces, inasible. Cuando se ingresa a esta obra con la razón crítica, el texto resulta inexplicable. Cuando se deja la razón a un lado, la letra fascina y espanta, pero tal inmersión en su mar simbólico, a menudo, obnubila e intoxica. Para evitar estos dos extremos que llevan al "sinsentido", intentamos realizar aquí una travesía por el camino simbólico de El libro rojo con el abordaje comprensivo sugerido por el mismo texto, es decir, nutriéndonos de sus propias claves. Esto significa que abandonamos en alguna medida el "sentido", la "razón", y nos internamos en el incierto desierto del "contrasentido", pero sin perder nuestra ancla en el "sentido". Para ello nos basamos en los criterios generales que desarrollamos en la "Primera Parte" y en aquellos particulares que surgen en el transcurso del comentario más detallado que realizamos en la "Segunda Parte".

No obstante, el Liber Novus reclama una comprensión de sí, y ninguna interpretación prestada reemplaza la labor solitaria a la que el texto invita. El Liber Novus no solo admite, sino que, en algún sentido, parece reclamar una primera lectura ingenua, pues recrea esa historia fundamental que, aunque no lo advirtamos, nuestra propia alma intenta contar. En palabras del propio Jung, esa historia comienza así:

"En alguna parte, alguna vez, 
hubo una Flor, una Piedra, un Cristal, 
una Reina, un Rey, un Palacio, 
un Amado y una Amada, 
hace mucho, sobre el Mar, 
en una Isla, hace cinco mil años... 
Es el Amor, es la Flor Mística del Alma, 
es el Centro, es el Sí-Mismo..."


Es la historia universal de la realización de la "boda mística", de la unión de los opuestos, que exige ser contada con la propia vida de un modo único e irrepetible. Pero el hombre contemporáneo se ha tornado incapaz de vivir en su propio mundo simbólico, por ello Jung añade:

"Nadie entiende esto,
sólo algunos poetas, 
sólo ellos me comprenderán..."

En Recuerdos, Jung señala:

"El hombre actual ya no es capaz de crear fábulas. 
Por ello se le escapan muchas cosas, 
pues es importante y saludable hablar también de cosas inaccesibles..."

En este sentido, El libro rojo es de por sí un "mito" que trae como uno de sus mensajes principales la necesidad de que cada uno recupere su propio mito, su "historia simbólica"...

El mensaje de la obra de Jung, dirigido a todos los hombres, retoma en clave contemporánea, y para el caso de su teoría, con base científica, aquello que las tradiciones espirituales sostienen en su esencia desde siempre: el hombre es responsable de descubrir un tesoro oculto en su interior. Jung murió sintiéndose incomprendido por el mundo científico y aun por sus supuestos seguidores; a eso parecía referirse cuando afirmaba que no quería que hubiera junguianos, sino que cada uno "sea sí mismo". Por otra parte, temía que, al popularizarse, su obra se vulgarizara, cosa que lamentablemente ocurrió, hasta ser pasto de deplorables textos New Age. Pero su obra se sostiene y merece ser sostenida. Jung intuyó que su mensaje podía llegar al hombre común y por ello, al final de sus días escribió, junto con algunos colaboradores, su única obra de difusión: El hombre y sus símbolos. En cambio, su obra teórica es compleja, pero tampoco puede comprenderse a fondo sin un compromiso con el propio proceso de individuación. Requiere, sin duda, una profunda relectura y reformulación, cosa que, hasta donde sabemos, los postjunguianos no han logrado. El teólogo o el filósofo metafísico, hoy casi extinto, no debe buscar en la obra junguiana la confirmación de determinada doctrina, sino claves para cultivar una apertura al misterio que permita, según palabras de Jung, habitar una casa vacía. La acusación de psicologismo (de Martin Buber, por ejemplo) olvida que Jung, más allá de ciertas imprecisiones, no intenta reducir lo sagrado a la psique, sino destacar su presencia en la psique. El escéptico posmetafísico podrá aprovechas de la teoría si, de acuerdo con la etimología, decide "mirar cuidadosamente" no solo desde la neutralidad del gabinete, sino involucrando su propia vida.

Aunque el Liber Novus ya sea casi centenario, se presenta como un texto de nuestros tiempos que retoma un saber inmemorial. Y contra los lugares comunes de nuestro desencantado pensamiento contemporáneo, muestra que los mitos, los grandes relatos, no han muerto y buscan ser despertados en la insondable profundidad de nuestra psique..."



viernes, agosto 07, 2015

Ideas arquetípicas y teorías científicas...

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La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler
(Wolfgang Pauli)
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Aún cuando el tema de este estudio histórico, no es su propósito la enumeración de hechos concernientes a la historia de la ciencia, ni tan siquiera el de hacer una valoración de un gran científico; antes bien, pretende ilustrar puntos de vista concretos sobre el origen y el desarrollo de conceptos y teorías de las ciencias naturales a la luz de un ejemplo histórico. Al hacerlo tendremos ocasión, asimismo, de considerar el significado que tienen para la ciencia moderna los problemas surgidos durante el siglo XVII, período al que vamos a referirnos.


En contraposición a la concepción puramente empírica según la cual las leyes de la naturaleza pueden derivar con certeza virtual sólo del material proporcionado por la experiencia, muchos físicos han hecho notar recientemente que la intuición y la forma en que se dirija la atención juegan considerable papel en el desarrollo de los conceptos e ideas, que generalmente trascienden la mera experiencia, y que son necesarios para fundamentar un sistema de leyes naturales (es decir, una teoría científica). Desde el punto de vista de esa concepción no puramente empírica, de la cual participamos, cabe plantearse la siguiente cuestión: ¿cuál es la naturaleza del vínculo entre las percepciones sensoriales y los conceptos? Todos los pensadores lógicos han llegado a la conclusión de que la lógica pura es fundamentalmente incapaz de construir tal vínculo. Parece más satisfactorio, llegados a este punto, postular un orden cósmico independiente de nuestro arbitrio y diferente del mundo fenomenológico. Tanto si se habla de la participación de las cosas naturales en las ideas, como de un comportamiento de las cosas metafísicas, es decir, de aquellas que son reales en sí mismas, se afirma que la relación entre percepción sensorial e idea sobre el hecho de que para ser objetivos, tanto el espíritu del perceptor como el reconocido por la percepción han de estar sometidos a un pensamiento de orden.


Cada reconocimiento parcial de este orden en la naturaleza conduce a la formulación de juicios que, por una parte, conciernen al mundo fenomenológico, y, por otra, lo trascienden al emplear, idealizándolos, conceptos lógicos generales. El proceso de comprensión de la naturaleza  así como la felicidad que el hombre experimenta al comprenderla, eso  es, la verificación consciente del nuevo conocimiento, parece estar basada en una correspondencia, un hermanamiento de las imágenes internas preexistentes en la psique humana con los objetos externos y su comportamiento. Por supuesto, esta interpretación del conocimiento científico se retrotrae a Platón y, como veremos es asumida claramente por Kepler. De hecho, éste habla de ideas preexistentes en la mente de Dios y que fueron implantadas en el alma, la imagen de Dios, durante la creación. Estas imágenes primarias que el alma puede percibir con la ayuda de un instinto innato son las que Kepler denomina arquetípicas (archetypalis). Existe gran concordancia entre dichas imágenes y las imágenes primordiales o arquetipos introducidas en la psicología moderna por C. G. Jung, que funcionan como instintos de la imaginación. La psicología moderna, al probar que el mecanismo de la comprensión es un prolijo proceso desencadenado por otros que tienen lugar en el inconsciente, antes de que el contenido del consciente pueda ser formulado racionalmente, ha dirigido de nuevo la atención al preconsciente. el nivel arcaico del conocimiento. En este nivel, el lugar de los conceptos claros es ocupado por imágenes con fuerte contenido emocional, no pensadas, sino observadas como si estuvieran siendo dibujadas. Como quiera que estas imágenes son la expresión de un oscuro estado de las cosas, sospechado pero aún desconocido, pueden ser denominadas simbólicas según el concepto de símbolo propuesto por C. G. Jung. Por consiguiente, en tanto que operadores de orden y formadores de imágenes en este mundo simbólico, los arquetipos funcionan como el vínculo perdido entre las percepciones sensoriales y las ideas, siendo, en consecuencia, una presuposición que es incluso necesaria para el desarrollo de una teoría científica de la naturaleza. Sin embargo, hay que ser cautos a la hora de transferir este a priori del conocimiento a la mente consciente y relacionarlo con ideas definidas susceptibles de ser formuladas racionalmente.


Como consecuencia de la actitud racionalista de los científicos a partir del siglo XVIII, los procesos de fondo que acompañan el desarrollo de las ciencias naturales  aunque siempre presentes y de efecto decisivo, permanecieron en gran medida desatendidos, es decir, confinados al inconsciente. Por otra parte, en el medievo y hasta el comienzo de la edad moderna no se puede hablar de ciencia natural en el sentido actual, sino meramente del estado precientífico antes mencionado, o sea, de una descripción simbólica y mágica de la naturaleza. Por supuesto que esto se encuentra también en la alquimia, cuya significación psicológica ha constituido el tema de una intensa investigación por parte de C. G. Jung. Así pues, he centrado especialmente mi atención en el siglo XVII, en el que como fruto de un gran esfuerzo intelectual emergió del fértil suelo de una concepción mágica-animista de la naturaleza una forma auténticamente científica de pensamiento bastante novedosa en aquella época. La figura de Johannes Kepler (1571-1630) me ha parecido sumamente adecuada al propósito de ilustrar la relación existente entre las ideas arquetípicas y las teorías científicas de la naturaleza  ya que sus ideas representan un estadio intermedio notable entre las antiguas descripciones mágico-simbólicas de la naturaleza y las modernas, caracterizadas por su contenido matemático cuantitativo...



sábado, agosto 01, 2015

Las casualidades no existen...

"Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombros de San Francisco de Asís..."


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La insoportable levedad del Ser...
(Milan Kundera)
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"Llegó al día siguiente al anochecer, llevaba un bolso colgado del hombro con una correa larga y le pareció más elegante que la otra vez. Tenía en la mano un libro grueso. Era Ana Karenina de Tolstoi. Su comportamiento era alegre, incluso un tanto ruidoso, y trataba de que pareciera que había ido a verle por casualidad, gracias a una feliz coincidencia: estaba en Praga por motivos de trabajo o quizá (sus explicaciones eran muy confusas) para ver si encontraba un trabajo...

Por casualidad, ella había ido a su casa sin que él lo advirtiese. Llevaba en la mano un frasco de calmante, se lo estaba bebiendo y el temblor de la mano hacía que el cristal le golpeara los dientes...

Desde el primer día de la ocupación, los aviones rusos volaban durante toda la noche sobre Praga. Tomás se había desacostumbrado a aquel ruido y no podía dormir. Daba vueltas en la cama mientras Teresa dormía y se acordaba de lo que había dicho hacía tiempo en una conversación intrascendente. Estaban hablando de su amigo Z. y ella afirmó: «Si no te hubiera encontrado a ti, seguro que me hubiera enamorado de él». Ya en esa ocasión aquellas palabras le produjeron a Tomás una extraña melancolía. Y es que de pronto se dio cuenta de que era mera casualidad el que Teresa lo amase a él y no a su amigo Z. Se dio cuenta de que, además del amor de ella por Tomás, hecho realidad, existe en el reino de lo posible una cantidad infinita de amores no realizados por otros hombres. Todos consideramos impensable que el amor de nuestra vida pueda ser algo leve, sin peso; creemos que nuestro amor es algo que tenía que ser; que sin él nuestra vida no sería nuestra vida. Nos parece que el propio huraño Beethoven, con su terrible melena, toca para nuestro gran amor su «es muss sein!». Tomás se acordaba del comentario de Teresa sobre el amigo Z. y constataba que la historia del amor de su vida no iba acompañada del sonido de ningún «es muss sein!», sino más bien por el de «es kónnte auch anders sein»: también podía haber sido de otro modo. Hace siete años se produjo casualmente en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa del cual llamaron con urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenía casualmente una ciática, no podía moverse y envió en su lugar a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había cinco hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente justo a aquél donde trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida del tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomás. Hizo falta que se produjeran seis casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si él mismo no tuviera ganas. Regresó a Bohemia por su causa. Una decisión tan trascendental se basaba en un amor tan casual que no hubiera existido si su jefe no hubiera tenido la ciática hacía siete años. Y aquella mujer, aquella personificación de la casualidad absoluta yace ahora a su lado y respira profundamente mientras duerme. Estaba ya bien entrada la noche. Sentía que le empezaba a doler el estómago, tal como solía ocurrirle en los momentos de angustia. La respiración de ella se transformó una o dos veces en un suave ronquido. Tomás no sentía en su interior ninguna clase de compasión. Lo único que sentía era la presión en el estómago y la desesperación por haber regresado...


Cuando Tomás regresó de Zurich a Praga, le invadió una sensación de malestar al pensar que su encuentro con Teresa había sido producido por seis casualidades improbables. ¿Pero un acontecimiento no es tanto más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para producirlo? Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla. Tratamos de leer en ella como leen las gitanas las figuras formadas por el poso del café en el fondo de la taza. Tomás apareció ante Teresa en el restaurante como la casualidad absoluta. Estaba sentado junto a un libro abierto. Levantó la vista hacia Teresa y sonrió: «Un coñac». En ese momento sonaba la música en la radio. Teresa fue a la barra a buscar el coñac y giró el botón de la radio para que sonase aún más alta. Reconoció a Beethoven. Le conocía de cuando vino a su ciudad un cuarteto de Praga. Teresa (quien, como sabemos deseaba algo «más elevado») fue al concierto. La sala estaba vacía. Además de ella sólo estaban el farmacéutico local y su mujer. De modo que en el escenario había un cuarteto de músicos y en la sala un trío de oyentes, pero los músicos fueron tan amables que no suspendieron el concierto y tocaron toda la noche, para ellos solos, los tres últimos cuartetos de BeethovenDespués el farmacéutico invitó a los músicos a cenar y le pidió a la oyente desconocida que les acompañara. Desde entonces Beethoven se convirtió en la imagen del mundo al otro lado, del mundo que deseaba. Mientras le llevaba el coñac a Tomás desde la barra, trataba de interpretar aquella casualidad: ¿cómo es posible que precisamente mientras le lleva el coñac a ese desconocido que le gusta, oiga a BeethovenNo es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombros de San Francisco de Asís...


Estaba sentado en un banco amarillo desde el cual se veía la entrada al restaurante. ¡Precisamente en aquel banco había estado sentada ayer con un libro en el regazo! En aquel momento supo (los pájaros de la casualidad volaban hacia sus hombros) que aquel hombre desconocido le estaba predestinado. La llamó, la invitó a que se sentase junto a él. (Los marinos de su alma salieron corriendo a la cubierta del cuerpo.) Luego lo acompañó a la estación y, al despedirse él, le dio su tarjeta con su número de teléfono: «Si alguna vez viene por casualidad a Praga...».

Mucho más que la tarjeta que le entregó en el último momento, fueron las instrucciones de la casualidad (el libro, Beethoven, el número seis, el banco amarillo del parque) las que le dieron el valor para irse de casa y cambiar su destino. Fueron posiblemente aquellas casualidades (por lo demás bastante modestas, grises, francamente dignas de aquella ciudad insignificante) las que pusieron su amor en movimiento y se convirtieron en una fuente de energía que ella no agotará hasta el fin de su vida. Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias  Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran: Tomás aparece en el restaurante y al mismo tiempo suena la música de Beethoven  La gente no se percata de la inmensa mayoría de estas coincidencias. Si en el restaurante estuviera el carnicero local en lugar de Tomás, Teresa no se hubiera dado cuenta de que en la radio sonaba Beethoven (aunque el encuentro entre Beethoven y un carnicero es también una interesante coincidencia). Sin embargo, el amor, que se estaba aproximando, había exacerbado su sentido de la belleza y ella ya nunca olvidará aquella música. Cada vez que la oiga se conmoverá. Todo lo que ocurra en ese momento a su alrededor estará iluminado por aquella música y se hará hermoso...

 Al comienzo de la novela que llevaba bajo el brazo cuando llegó a casa de Tomás, Ana se encuentra con Vronsky en circunstancias extrañas. Están en un andén en el cual alguien ha caído bajo las ruedas del tren. Al final de la novela, la que se lanza bajo las ruedas del tren es Ana. Esta composición simétrica, en la que aparece el mismo motivo al comienzo y al final, puede parecer muy «novelada». De acuerdo, pero con la condición de que la palabra «novelado» no se entienda en el sentido de «inventado», «artificial», «que no se parece a la vida». Porque es precisamente así como se componen las vidas humanas. Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento 
casual (la música de Beethoven  una muerte en la estación) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. Ana se hubiera podido quitar la vida de otro modo. Pero el motivo de la estación y la muerte, ese motivo inolvidable unido al nacimiento del amor, la atraía con su oscura belleza en el momento de la desesperación. Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación. Por eso no es posible echarle en cara a la novela que esté fascinada por los secretos encuentros de las casualidades (como el encuentro de Vronsky, Ana, el andén y la muerte o el encuentro de Beethoven, Tomás, Teresa y el coñac), pero es posible echarle en cara al hombre el estar ciego en su vida cotidiana con respecto a tales casualidades y dejar así que su vida pierda la dimensión de la belleza...


Tras haber sido despertada por los pájaros de la 
casualidad, que se posaban en sus hombros, y sin decirle nada a su madre, cogió una semana de vacaciones y tomó el tren. Iba con frecuencia al retrete a mirarse al espejo y pedirle a su alma que en el día decisivo de su vida no abandonase ni por un segundo la cubierta de su cuerpo. Mientras estaba así, mirándose, de pronto se asustó: sintió una punzada en la garganta. ¿Iría a enfermarse en el día decisivo de su vida?...

Volvemos a un instante que ya conocemos. Tomás estaba desesperado y le dolía el estómago. No se durmió hasta muy entrada la noche. Poco después se despertó Teresa. (Los aviones rusos sobrevolaban Praga y con ese ruido no se podía dormir.) Su primer pensamiento fue: Ha vuelto por culpa de ella. Por su culpa cambió su destino. Ahora no tendrá él que hacerse responsable de ella, ahora tiene ella que hacerse responsable de él.
Aquella responsabilidad le parecía superior a sus fuerzas. Pero luego se acordó de que ayer, poco después de aparecer él en la puerta de la casa, sonaron en una iglesia de Praga las seis de la tarde. La primera vez que se vieron, ella terminaba de trabajar a las seis. Lo había visto sentado en el banco amarillo y había oído sonar las campanas de la torre. No, no fue la superstición, fue su sentido de la belleza el que la liberó de la angustia y la llenó de ganas de vivir. Los pájaros de la casualidad volvían a posarse en su hombro. Tenía lágrimas en los ojos y estaba inmensamente feliz de oírle respirar a su lado...

Hace años, al partir de Zurich hacia Praga, Tomás se decía en silencio «es muss sein!» y pensaba entonces en su amor por Teresa. Pero aquella misma noche empezó a dudar de si, en verdad, había tenido que ser: se daba cuenta de que lo que lo había llevado hacia Teresa era sólo una cadena de ridículas casualidades que le habían sucedido siete años atrás (el principio fue el lumbago de su jefe) y de que sólo por esa causa regresaba ahora a una jaula de la que no habría escapatoria. ¿Quiere decir eso que en su vida no hubo ningún «es muss sein!», que no hubo nada realmente ineluctable? Creo que sí lo hubo. No fue el amor  fue la profesión. A la medicina no lo condujo ni la casualidad ni el cálculo racional sino un profundo anhelo interior...

¿Obligación? ¿Su hijo le va a recordar cuáles son sus obligaciones? ¡Esa era la peor palabra que nadie podía decirle! Volvió a tener ante sus ojos la imagen de Teresa cogiendo la corneja en su regazo. Recordó que ayer la había molestado un social en el bar. Le vuelven a temblar las manos. Ha envejecido. Ella es lo único que le importa. Ella, nacida de seis casualidades, ella, que floreció del lumbago del médico jefe, ella, que está al otro lado de todos los «es muss sein!», ella es lo único que le importa...


Volvían en coche a casa y Tomás iba pensando que el regreso de Zurich a Praga había sido para ellos un error catastrófico. Miraba fijamente la carretera porque no quería ver a Teresa. Sentía rabia hacia ella. La presencia de ella a su lado aparecía ahora en toda su insoportable casualidad. ¿Por qué estaba junto a él? ¿Quién la había metido en el cesto y la había enviado río abajo? ¿Y por qué la habían mandado precisamente a la orilla de su cama? ¿Y por qué precisamente a ella y no a alguna otra mujer?...

Se imaginó que estaba viviendo en un mundo ideal con la muchacha del sueño. Junto a las ventanas abiertas de su residencia pasa Teresa. Está sola, se detiene en medio de la acera y desde allí lo mira, con una mirada de infinita tristeza. Y él no soporta aquella mirada. ¡Siente otra vez el dolor de ella en su propio corazón! Está otra vez en poder de la compasión y se hunde en el alma de ella. Atraviesa de un salto la ventana. Pero ella le dice amargamente que se quede allí donde se siente feliz y hace aquellos gestos bruscos y crispados que le disgustaban en ella y que siempre le habían molestado. Coge aquellas manos nerviosas y las estrecha entre las suyas para calmarlas. Y sabe que abandonaría en cualquier momento la casa de su felicidad, que abandonaría en cualquier momento su paraíso en el que vive con la muchacha del sueño, que traicionaría el «es muss sein!» de su amor para irse con Teresa, la mujer nacida de seis ridículas casualidades..."