Mundo Fusion

martes, septiembre 18, 2018

My Nightwish for Evermore...


lunes, agosto 20, 2018

The End...


lunes, agosto 13, 2018

The Catcher in the Rye...



CAPITULO 17
"Era aún muy pronto cuando llegué, así que decidí sentarme debajo del reloj en uno de aquellos sillones de cuero que había en el vestíbulo. En muchos colegios estaban ya de vacaciones y había como un millón de chicas esperando a su pareja: chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas preciosas, chicas con piernas horrorosas, chicas que parecían estupendas, y chicas que debían ser unas brujas si de verdad se las llegaba a conocer bien. Era un bonito panorama, pero no sé si me entenderán lo que quiero decir. Aunque por otra parte era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Me refiero a cuando salieran del colegio y la universidad. La mayoría se casarían con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de gasolina, tipos que se enfadan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping-pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos... Pero con eso de los aburridos hay que tener mucho cuidado. Es mucho más complejo de lo que parece. De verdad. Cuando estaba en Elkton Hills tuve durante dos meses como compañero de cuarto a un chico que se llamaba Harris Macklin. Era muy inteligente, pero también el tío más plomo que he conocido en mi vida. Tenía una voz chillona y se pasaba el día hablando. No paraba, y lo peor era que nunca decía nada que pudiera interesarle a uno. Sólo sabía hacer una cosa. Silbaba estupendamente. Mientras hacía la cama o colgaba sus cosas en el armario —cosa que hacía continuamente—, si no hablaba como una máquina, siempre se ponía a silbar. A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Cogía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito —mientras colgaba sus cosas en el armario—, que daba gusto oírle. Naturalmente nunca se lo dije. Uno no se acerca a un tío de sopetón para decirle, «silbas estupendamente». Pero si le aguanté como compañero de cuarto durante dos meses a pesar del latazo que era, fue porque silbaba tan bien, mejor que ninguna otra persona que haya conocido jamás. Así que hay que tener un poco de cuidado con eso. Quizá no haya que tener tanta lástima a las chicas que se casan con tipos aburridos. Por lo general no hacen daño a nadie y puede que hasta silben estupendamente. Quién sabe. Yo desde luego no.
Al fin vi a Sally que bajaba por las escaleras y me acerqué a recibirla. Estaba guapísima. De verdad. Llevaba un abrigo negro y una especie de boina del mismo color. No solía ponerse nunca sombrero pero aquella gorra le sentaba estupendamente. En el momento en que la vi me entraron ganas de casarme con ella. Estoy loco de remate. Ni siquiera me gustaba mucho, pero nada más verla me enamoré locamente. Les juro que estoy chiflado. Lo reconozco.
—¡Holden! —me dijo—. ¡Qué alegría! Hace siglos que no nos veíamos —tenía una de esas voces atipladas que le dan a uno mucha vergüenza. Podía permitírselo porque era muy guapa, pero aun así daba cien patadas.
—Yo también me alegro de verte —le dije. Y era verdad—. ¿Cómo estás?
—Maravillosamente. ¿Llego tarde?
Le dije que no, aunque la verdad es que se había retrasado diez minutos. Pero no me importaba. Todos esos chistes del Saturday Evening Post en que aparecen unos tíos esperando en las esquinas furiosos porque no llega su novia, son tonterías. Si la chica es guapa, ¿a quién le importa que llegue tarde? Cuando aparece se le olvida a uno en seguida.
—Tenemos que darnos prisa —le dije—. La función empieza a las dos cuarenta.
Bajamos en dirección a la parada de taxis.
—¿Qué vamos a ver? —me dijo.
—No sé. A los Lunt. No he podido conseguir entradas para otra cosa.
—¡Qué maravilla!
Ya les dije que se volvería loca cuando supiera que íbamos a ver a los Lunt.
En el taxi que nos llevaba al teatro nos besamos un poco. Al principio ella no quería porque llevaba los labios pintados, pero estuve tan seductor que al final no le quedó más remedio. Dos veces el imbécil del taxista frenó en seco en un semáforo y por poco me caigo del asiento. Podían fijarse un poco en lo que hacen, esos tíos. Luego —y eso les demostrará lo chiflado que estoy—, en el momento en que acabábamos de darnos un largo abrazo, le dije que la quería. Era mentira, desde luego, pero en aquel momento estaba convencido de que era verdad. Se lo juro.
—Yo también te quiero —me dijo ella. Y luego, sin interrupción—. Prométeme que te dejarás crecer el pelo. Al cepillo ya es hortera. Lo tienes tan bonito...
¿Bonito mi pelo?  ¡Un cuerno!
La representación no estuvo tan mal como yo esperaba, pero tampoco fue ninguna maravilla. La comedia trataba de unos quinientos mil años en la vida de una pareja. Empieza cuando son jóvenes y los padres de la chica no quieren que se case con el chico, pero ella no les hace caso. Luego se van haciendo cada vez más mayores. El marido se va a la guerra y la mujer tiene un hermano que es un borracho. No lograba compenetrarme con ellos. Quiero decir que no sentía nada cuando se moría uno de la familia. Se notaba que eran sólo actores representando. El marido y la mujer eran bastante simpáticos —muy ingeniosos y eso—, pero no había forma de interesarse por ellos. En parte porque se pasaban la obra entera bebiendo té. Cada vez que salían a escena, venía un mayordomo y les plantaba la bandeja delante, o la mujer le servía una taza a alguien. Y a cada momento entraba o salía alguien en escena. Se mareaba uno de tanto ver a los actores sentarse y levantarse. Alfred Lunt y Lynn Fontanne eran el matrimonio y lo hacían muy bien, pero a mí no me gustaron. Aunque tengo que reconocer que no eran como los demás. No actuaban como actores ni como gente normal. Es difícil de explicar. Actuaban como si supieran que eran muy famosos. Vamos, que lo hacían demasiado bien. Cuando uno de ellos terminaba de decir una parrafada, el otro decía algo en seguida. Querían hacer como la gente normal, cuando se interrumpen unos a otros, pero les salía demasiado bien. Actuaban un poco como toca el piano Ernie en el Village. Cuando uno sabe hacer una cosa muy bien, si no se anda con cuidado empieza a pasarse, y entonces ya no es bueno. A pesar de todo tengo que reconocer que los Lunt eran los únicos en todo el reparto que demostraban tener algo de materia gris.
Al final del primer acto salimos con todos los cretinos del público a fumar un cigarrillo. ¡Vaya colección! En mi vida había visto tanto farsante junto, todos fumando como cosacos y comentando la obra en voz muy alta para que los que estaban a su alrededor se dieran cuenta de lo listos que eran. Al lado nuestro había un actor de cine. No sé cómo se llama, pero era ése que en las películas de guerra hace siempre del tío que en el momento del ataque final le entra e] canguelo. Estaba con una rubia muy llamativa y los dos se hacían los muy naturales, como si no supieran que la gente los miraba. Como si fueran muy modestos, vamos. No saben la risa que me dio. Sally se limitó a comentar lo maravillosos que eran los Lunt porque estaba ocupadísima demostrando lo guapa que era. De pronto vio al otro lado del vestíbulo a un chico que conocía, un tipo de esos con traje de franela gris oscuro y chaleco de cuadros. El uniforme de Harvard o de Yale. Cualquiera diría. Estaba junto a la pared fumando como una chimenea y con aspecto de estar aburridísimo. Sally decía cada dos minutos: «A ese chico lo conozco de algo.»
Siempre que la llevaba a algún sitio, resulta que conocía a alguien de algo, o por lo menos eso decía. Me lo repitió como mil veces hasta que al fin me harté y le dije: «Si le conoces tanto, ¿por qué no te acercas y le das un beso bien fuerte? Le encantará.» Cuando se lo dije se enfadó. Al final él la vio y se acercó a decirle hola. No se imaginan cómo se saludaron. Como si no se hubieran visto en veinte años. Cualquiera hubiera dicho que de niños se bañaban juntos en la misma bañera. Compañeritos del alma eran. Daba ganas de vomitar. Y lo más gracioso era que probablemente se habían visto sólo una vez en alguna fiesta. Luego, cuando terminó de caérseles la baba, Sally nos presentó. Se llamaba George algo —no me acuerdo—, y estudiaba en Andover. Tampoco era para tanto, vamos. No se imaginan cuando Sally le preguntó si le gustaba la obra... Era uno de esos tíos que para perorar necesitan unos cuantos metros cuadrados. Dio un paso hacia atrás y aterrizó en el pie de una señora que tenía a su espalda. Probablemente le rompió hasta el último dedo que tenía en el cuerpo. Dijo que la comedia en sí no era una obra maestra, pero que los Lunt eran unos perfectos ángeles. ¡Ángeles! ¿No te fastidia? Luego se pusieron a hablar de gente que conocían. La conversación más falsa que he oído en mi vida. Los dos pensaban en algún sitio a la mayor velocidad posible y cuando se les ocurría el nombre de alguien que vivía allí, lo soltaban. Cuando volvimos a sentarnos en nuestras butacas tenía unas náuseas horrorosas. De verdad. En el segundo entreacto continuaron la conversación. Siguieron pensando en más sitios y en más nombres. Lo peor era que aquel imbécil tenía una de esas voces típicas de Universidad del Este, como muy cansada, muy snob. Parecía una chica. Al muy cabrón le importaba un rábano que Sally fuera mi pareja. Cuando acabó la función creí que iba a meterse con nosotros en el taxi porque nos acompañó como dos manzanas, pero por suerte dijo que había quedado con unos amigos para ir a tomar unas copas. Me los imaginé a todos sentados en un bar con sus chalecos de cuadros hablando de teatro, libros y mujeres con esa voz de snob que sacan. Me revientan esos tipos.
Cuando entramos en el taxi, odiaba tanto a Sally después de haberla oído hablar diez horas con el imbécil de Andover, que estuve a punto de llevarla directamente a su casa, de verdad, pero de pronto me dijo:
—Tengo una idea maravillosa.
Siempre tenía unas ideas maravillosas.
—Oye, ¿a qué hora tienes que estar en casa? ¿Tienes que volver a una hora fija?
—¿Yo? No. Puedo volver cuando me dé la gana —le dije. ¡Jo! ¡En mi vida había dicho verdad mayor!—. ¿Por qué?
—Vamos a patinar a Radio City.
Ese tipo de cosas eran las que se le ocurrían siempre.
—¿A patinar a Radio City? ¿Ahora?
—Sólo una hora o así. ¿No quieres? Bueno, si no quieres...
—No he dicho que no quiera —le dije—. Si tienes muchas ganas, iremos.
—¿De verdad? Pero no quiero que lo hagas sólo porque yo quiero. No me importa no ir.
¡No le importaba!  ¡Poco!
—Se pueden alquilar unas falditas preciosas para patinar —dijo Sally—. Jeanette Cultz alquiló una la semana pasada.
Claro, por eso estaba empeñada en ir. Quería verse con una de esas falditas que apenas tapan el trasero.
Así que fuimos a Radio City y después de recoger los patines alquilé para Sally una pizca de falda azul. La verdad es que estaba graciosísima con ella. Y Sally lo sabía. Echó a andar delante de mí para que no dejara de ver lo mona que estaba. Yo también estaba muy mono. Hay que reconocerlo.
Lo más gracioso es que éramos los peores patinadores de toda la pista. Los peores de verdad y eso que había algunos que batían el récord. A Sally se le torcían tanto los tobillos que daba con ellos en el hielo. No sólo hacía el ridículo, sino que además debían dolerle muchísimo. A mí desde luego me dolían. Y cómo. Debíamos hacer una pareja formidable. Y para colmo había como doscientos mirones que no tenían más que hacer que mirar a los que se rompían las narices contra el suelo.
—¿Quieres que nos sentemos a tomar algo dentro? —le pregunté.
—Es la idea más maravillosa que has tenido en todo el día.
Aquello era cruel. Se estaba matando y me dio pena. Nos quitamos los patines y entramos en ese bar donde se puede tomar algo en calcetines mientras se ve toda la pista. En cuanto nos sentamos, Sally se quitó los guantes y le ofrecí un cigarrillo. No parecía nada contenta. Vino el camarero y le pedí una Coca-Cola para ella —no bebía— y un whisky con soda para mí, pero el muy hijoputa se negó a traérmelo o sea que tuve que tomar Coca-Cola yo también. Luego me puse a encender cerillas una tras otra, que es una cosa que suelo hacer cuando estoy de un humor determinado. Las dejo arder hasta que casi me quemo los dedos y luego las echo en el cenicero. Es un tic nervioso que tengo.
De pronto, sin venir a cuento, me dijo Sally:
—Oye, tengo que saberlo. ¿Vas a venir a ayudarme a adornar el árbol de Navidad, o no? Necesito que me lo digas ya.
Estaba furiosa porque aún le dolían los tobillos.
—Ya te dije que iría. Me lo has preguntado como veinte veces. Claro que iré.
—Bueno. Es que necesitaba saberlo —dijo. Luego se puso a mirar a su alrededor.
De pronto dejé de encender cerillas y me incliné hacia ella por encima de la mesa. Estaba preocupado por unas cuantas cosas:
—Oye Sally —le dije.
—¿Qué?
Estaba mirando a una chica que había al otro lado del bar.
—¿Te has hartado alguna vez de todo? —le dije—. ¿Has pensado alguna vez que a menos que hicieras algo en seguida el mundo se te venía encima? ¿Te gusta el colegio?
—Es un aburrimiento mortal.
—Lo que quiero decir es si lo odias de verdad —le dije— Pero no es sólo el colegio. Es todo. Odio vivir en Nueva York, odio los taxis y los autobuses de Madison Avenue, con esos conductores que siempre te están gritando que te bajes por la puerta de atrás, y odio que me presenten a tíos que dicen que los Lunt son unos ángeles, y odio subir y bajar siempre en ascensor, y odio a los tipos que me arreglan los pantalones en Brooks, y que la gente no pare de decir...
—No grites, por favor —dijo Sally. Tuvo gracia porque yo ni siquiera gritaba.
—Los coches, por ejemplo —le dije en voz más baja—. La gente se vuelve loca por ellos. Se mueren si les hacen un arañazo en la carrocería y siempre están hablando de cuántos kilómetros hacen por litro de gasolina. No han acabado de comprarse uno y ya están pensando en cambiarlo por otro nuevo. A mí ni siquiera me gustan los viejos. No me interesan nada. Preferiría tener un caballo. Al menos un caballo es más humano. Con un caballo puedes...
—No entiendo una palabra de lo que dices —dijo Sally—. Pasas de un...
—¿Sabes una cosa? —continué—. Tú eres probablemente la única razón por la que estoy ahora en Nueva York. Si no fuera por ti no sé ni dónde estaría. Supongo que en algún bosque perdido o algo así. Tú eres lo único que me retiene aquí.
—Eres un encanto —me dijo, pero se le notaba que estaba deseando cambiar de conversación.
—Deberías ir a un colegio de chicos. Pruébalo alguna vez —le dije—. Están llenos de farsantes. Tienes que estudiar justo lo suficiente para poder comprarte un Cadillac algún día, tienes que fingir que te importa si gana o pierde el equipo del colegio, y tienes que hablar todo el día de chicas, alcohol y sexo. Todos forman grupitos cerrados en los que no puede entrar nadie. Los de el equipo de baloncesto por un lado, los católicos por otro, los cretinos de los intelectuales por otro, y los que juegan al bridge por otro. Hasta los socios del Libro del Mes tienen su grupito. El que trata de hacer algo con inteligencia...
—Oye, oye —dijo Sally—, hay muchos que ven más que eso en el colegio...
—De acuerdo. Habrá algunos que sí. Pero yo no, ¿comprendes? Eso es precisamente lo que quiero decir. Que yo nunca saco nada en limpio de ninguna parte. La verdad es que estoy en baja forma. En muy baja forma.
—Se te nota.
De pronto se me ocurrió una idea.
—Oye —le dije—. ¿Qué te parece si nos fuéramos de aquí? Te diré lo que se me ha ocurrido. Tengo un amigo en Grenwich Village que nos prestaría un coche un par de semanas, íbamos al mismo colegio y todavía me debe diez dólares. Mañana por la mañana podríamos ir a Massachusetts, y a Vermont, y todos esos sitios de por ahí. Es precioso, ya verás. De verdad.
Cuanto más lo pensaba, más me gustaba la idea. Me incliné hacia ella y le cogí la mano. ¡Qué manera de hacer el imbécil! No se imaginan.
—Tengo unos ciento ochenta dólares —le dije—. Puedo sacarlos del banco mañana en cuanto abran y luego ir a buscar el coche de ese tío. De verdad. Viviremos en cabañas y sitios así hasta que se nos acabe el dinero. Luego buscaré trabajo en alguna parte y viviremos cerca de un río. Nos casaremos y en el invierno yo cortaré la leña y todo eso. Ya verás. Lo pasaremos formidable. ¿Qué dices? Vamos, ¿qué dices? ¿Te vienes conmigo? ¡Por favor!
—No se puede hacer una cosa así sin pensarlo primero —dijo Sally. Parecía enfadadísima.
—¿Por qué no? A ver. Dime ¿por qué no?
—Deja de gritarme, por favor —me dijo. Lo cual fue una idiotez porque yo ni la gritaba.
—¿Por qué no se puede? A ver. ¿Por qué no?
—Porque no, eso es todo. En primer lugar porque somos prácticamente unos críos. ¿Qué harías si no encontraras trabajo cuando se te acabara el dinero? Nos moriríamos de hambre. Lo que dices es absurdo, ni siquiera...
—No es absurdo. Encontraré trabajo, no te preocupes. Por eso sí que no tienes que preocuparte. ¿Qué pasa? ¿Es que no quieres venir conmigo? Si no quieres, no tienes más que decírmelo.
—No es eso. Te equivocas de medio a medio —dijo Sally. Empezaba a odiarla vagamente—. Ya tendremos tiempo de hacer cosas así cuando salgas de la universidad si nos casamos y todo eso. Hay miles de sitios maravillosos adonde podemos ir. Estás...
—No. No es verdad. No habrá miles de sitios donde podamos ir porque entonces será diferente —le dije. Otra vez me estaba entrando una depresión horrorosa,
—¿Qué dices? —preguntó—. No te oigo. Primero gritas como un loco y luego, de pronto...
—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y trailers. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo.
—Quizá no. Pero a lo mejor eres tú el que no entiende nada —dijo Sally. Para entonces ya nos odiábamos cordialmente. Era inútil tratar de mantener con ella una conversación inteligente. Estaba arrepentidísimo de haber empezado siquiera.
—Vámonos de aquí —le dije—. Si quieres que te diga la verdad, me das cien patadas.
¡Jo! ¡Cómo se puso cuando le dije aquello! Sé que no debí decirlo y en circunstancias normales no lo habría hecho, pero es que estaba deprimidísimo. Por lo general nunca digo groserías a las chicas. ¡Jo! ¡Cómo se puso! Me disculpé como cincuenta mil veces, pero no quiso ni oírme. Hasta se echó a llorar, lo cual me asustó un poco porque me dio miedo que se fuera a su casa y se lo contara a su padre que era un hijo de puta de esos que no aguantan una palabra más alta que otra. Además yo le caía bastante mal. Una vez le dijo a Sally que siempre estaba escandalizando.
—Lo siento mucho, de verdad —le dije un montón de veces.
—¡Lo sientes, lo sientes! ¡Qué gracia! —me dijo. Seguía medio llorando y, de pronto, me di cuenta de que lo sentía de verdad.
—Vamos, te llevaré a casa. En serio.
—Puedo ir yo sólita, muchas gracias. Si crees que te voy a dejar que me acompañes, estás listo. Nadie me había dicho una cosa así en toda mi vida.
Como, dentro de todo, la cosa tenía bastante gracia, de pronto hice algo que no debí hacer. Me eché a reír. Fue una carcajada de lo más inoportuna. Si hubiera estado en el cine sentado detrás de mí mismo, probablemente me hubiera dicho que me callara. Sally se puso aún más furiosa.
Seguí diciéndole que me perdonara, pero no quiso hacerme caso. Me repitió mil veces que me largara y la dejara en paz, así que al final lo hice. Sé que no estuvo bien, pero es que no podía más.
Si quieren que les diga la verdad, lo cierto es que no sé siquiera por qué monté aquel numerito. Vamos, que no sé por qué tuve que decirle lo de Massachusetts y todo eso, porque muy probablemente, aunque ella hubiera querido venir conmigo, yo no la habría llevado. Habría sido una lata. Pero lo más terrible es que cuando se lo dije, lo hice con toda sinceridad. Eso es lo malo. Les juro que estoy como una regadera..." (J.D. Salinger)

domingo, agosto 12, 2018

Diamonds and Rust...

"Well, I'll be damned, 
Here comes your ghost again..."


"Now you're telling me you're not nostalgic
Then give me another word for it...
"


"Yes I loved you dearly..."

miércoles, agosto 08, 2018

Cómo llegar a ser lo que se es...


"Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí 
para poder dar a luz una estrella danzarina...
(Así habló Zaratustra - Friedich Nietzsche)


martes, agosto 07, 2018

Pan's Labyrinth Lullaby...


Cuentan que hace mucho, mucho tiempo en el reino subterráneo, donde no existe la mentira, ni el dolor vivía un princesa que soñaba con el mundo de los humanos, soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol. Un día burlando toda vigilancia la princesa escapó. Una vez en el exterior la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado. La princesa olvidó quién era, de dónde venía. Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor. Y al correr de los años murió. Sin embargo, su padre, El Rey sabía que el alma de la princesa regresaría quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar...

sábado, julio 28, 2018

Moonlight Shadow...



"I stay, I pray
See you in heaven far away
I stay, I pray
See you in heaven one day..."


viernes, julio 27, 2018

Total Eclipse of the Heart...


"Once upon a time there was light in my life
But now there's only love in the dark
Nothing I can say a total eclipse of the heart
A total eclipse of the heart..."


jueves, julio 26, 2018

Salutación a Walt Whitman...


"Portugal Infinito, once de junio de mil novecientos quince...

Hé-lá-á-á-á-á-á-á!

Desde aquí de Portugal, todas las épocas en mi cerebro,
te saludo, Walt, te saludo, hermano mío en el Universo,
yo, con monóculo y saco exageradamente adornado,
no soy indigno de ti, bien lo sabes, Walt,
no soy indigno de ti, basta saludarte para no serlo...
Yo tan cercano a la inercia, tan fácilmente lleno de tedio,
soy de los tuyos, tú bien lo sabes, y te comprendo y te amo,
y aunque no te conociera, nacido por los años en que tú
moriste,
sé que me amaste también, que me conociste, y estoy
contento.
Sé que me conociste, que me contemplaste y me explicaste,
sé qué es eso que yo soy, ya sea en Brooklyn Ferry diez años
antes que yo naciera,
ya sea por la Rúa del Oro pensando en todo lo que no es la
Rúa del Oro,
y conforme tú sentiste todo, lo siento yo todo, y acá vamos
tomados de las manos,
tomados de las manos, Walt, tomados de las manos, bailando
el universo en el alma.

¡Oh, siempre moderno y eterno, cantor de los concretos
absolutos,
concubina fogosa del universo disperso,
gran pederasta frotándote contra la diversidad de las cosas,
sexualizado por las piedras, por los árboles, por las personas,
por las profesiones,
celo de los pasajes, de los encuentros casuales, de las
meras observaciones,
entusiasta mío por el contenido de todo,
grande héroe mío entrando por la muerte, de los a los pinos,
y a las hurras, y a los entusiasmos, y a los gritos saludando
a Dios!

¡Contenedor de la fraternidad feroz y tierna para con todo,
gran demócrata epidérmico, contigo a todo en cuerpo
y alma,
carnaval de todas las acciones, bacanal de todos los propósitos,
hermano gemelo de todos los arranques, 
Juan Jacobo Rousseau del mundo que iba a producir
las máquinas,
Hornero de lo insaisissable de lo flotante carnal,
Shakespeare de la sensación que comienza a marchar a vapor,
Milton-Shelley del horizonte de la electricidad futura!
Íncubo de todos los gestos,
orgasmo hacia adentro de todos los objetos fuerza,
Souteneur de todo el Universo,
ramera de todos los sistemas solares...

¡Cuántas veces beso yo tu retrato!
Allá donde te encuentras ahora (no sé dónde es pero
es Dios)
sientes esto, sé que lo sientes, y mis besos son más calientes
(entre la gente)
y tú así es que los quieres, viejo mío, y agradeces desde allá,
lo sé bien, algo me lo dice, algo agradable en mi espíritu
una erección abstracta e indirecta en el fondo de mi alma.

Nada de engageant, pero ciclópico y musculoso,
sino frente al Universo con tu actitud que era de mujer,
y cada hierba, cada piedra, cada hombre era para ti
el Universo.

¡Mi viejo Walt, mi gran Camarada, evohé!
Me integro a tu orgía báquica de sensaciones en libertad,
soy de los tuyos, desde la sensación de mis pies hasta
la náusea de mis sueños,
soy de los tuyos, mírame a mí, de ahí desde Dios me ves
al contrario:
desde adentro para afuera... Mi cuerpo es lo que adivinas,
ves el alma mía—
ésa es la que ves tú propiamente y al través de tus ojos
mi cuerpo—
¡Mírame a mí: tú sabes que yo, Álvaro de Campos,
ingeniero,
poeta sensacionista,
no soy tu discípulo, no soy tu amigo, no soy tu cantor,
tú sabes que yo soy Tú y estás contento de ello!

Nunca puedo leer tus versos de corrido... Hay ahí demasiado
sentimiento...
Atravieso tus versos como una multitud a encontrones
contra mí,
y me huele a sudor, a aceites, la actividad humana y mecánica.
En tus versos, a cierta altura no sé si los leo o si los vivo,
no sé si mi lugar real está en el mundo o en tus versos,
no sé si estoy aquí, de pie sobre la tierra natural, 
o de cabeza hacia abajo, colgado en una especie
de establecimiento,
en el techo natural de tu inspiración de tropel,
en el centro del techo de tu intensidad inaccesible.

¡Ábranme todas las puertas!
¡A fuerza que he de pasar!
¿Mi señal? ¡Walt Whitman!
¡Pero yo no ofrezco indicación alguna...
Paso sin explicaciones...
Si es necesario me introduzco entre las puertas...
Sí, yo, frágil y civilizado, me introduzco entre las puertas...
porque en este momento no soy frágil ni civilizado,
soy yo, un Universo pensante de carne y hueso, queriendo
pasar,
que ha de pasar a fuerza, porque cuando quiero pasar
soy Dios!

¡Quítenme esa basura de mi frente!
¡Pónganme en cajones esas emociones!
De aquí al exterior, políticos, literatos,
comerciantes pacatos, policía, meretrices, souteneurs,
todo eso es la letra que mata, no el espíritu que da la vida
¡El espíritu que da la vida en este momento soy yo!
¡Que ningún hijo de la puta se me atraviese en el camino!
¡Mi camino es a través del infinito hasta llegar al fin!
¡Si soy capaz de alcanzar el fin o no, no es contigo,
es conmigo, con Dios, con el sentido— yo de la palabra
infinito...
Hacia el frente!
¡Pico con las espuelas!
Siento las espuelas, soy el mismo caballo que yo monto,
porque yo, para mi voluntad de consustanciarme
con Dios,
puedo ser todo, o puedo ser nada, o cualquier cosa,
según me da la gana... Nadie tiene nada con eso...
¡Locura furiosa! Ganas de gritar, de saltar,
de berrear, pegar, dar saltos, gritos con el cuerpo,
de cramponner-me a las ruedas de los vehículos y meterme
abajo,
de meterme adelante del giro del chicote que va a golpear,
de ser la perra de todos los perros y no me bastan,
de ser el volante de todas las máquinas y la velocidad
sin límite,
de ser el atropellado, el abandonado, el desplazado,
el acabado,
baila conmigo, Walt, allá desde el otro mundo, esta furia,
salta conmigo en esta batucada que se embarra con los astros,
cae conmigo sin fuerzas en el suelo,
embárrate conmigo estúpidamente en las paredes, 
pártete y espárcete conmigo
en todo, por todo, a la vuelta de todo, sin todo,
rabia abstracta del cuerpo haciendo maelstroms en el alma...

¡Arre! ¡Vamos hacia allá al frente!
Aun si el mismo Dios lo impide, vamos allá al frente...
No hay ninguna diferencia...
Vamos allá hacia al frente y sin ser de ninguna parte...
¡Infinito! ¡Universo! ¡Meta sin meta! ¿Qué importa?

(Déjame quitarme la corbata y desabotonarme el cuello.
No se puede tener mucha energía con la civilización
en torno al cuello...)
Ahora sí, partamos, vamos hacia allá al frente.

¡En una gran marche aux flambeaux-todas-las-ciudades-de-
Europa,
en una gran marcha guerrera la industria, el comercio y
el ocio,
en una gran carrera, en una gran subida, en una gran
bajada
estruendosa, saltando, saltándolo todo conmigo,
salto para saludarte, berreo para saludarte,
me desencadeno para saludarte, brincando y guiñando!

Por eso es a ti a quien agradezco
mis versos saltos, mis versos brincos, mis versos orgasmos,
mis versos-ataques-histéricos,
mis versos que arrastran el carro de mis nervios.
A trompicones me inspiro,
apenas pudiendo respirar, tenerme en pie me exalto,

y mis versos son que yo no pueda estallar de vivir.
¡Ábranme todas las ventanas!
¡Arránquenme todas las puertas!
¡Empujen toda la casa por encima de mí!
¡Quiero vivir en libertad en el aire,
quiero hacer gestos más allá de mi cuerpo,
quiero correr como la lluvia hacia abajo de las paredes,
quiero ser pisado en las carreteras anchas como las piedras,
quiero ir, como las cosas pesadas, hacia el fondo
de los mares,
con una voluptuosidad que ya está lejos de mí!

¡No quiero cerradura en las puertas!
¡No quiero cerraduras en los cofres!
¡Quiero intercalarme, inmiscuirme, ser llevado,
quiero que me hagan propiedad enfermiza de algún otro, 
que me limpien los cajones,
que me arrojen a los mares,
que me vayan a buscar a casa con fines obscenos,
sólo para no estar aquí sentado y quieto,
sólo para no estar sencillamente escribiendo estos versos!

¡No quiero intermedios en el mundo!
¡Quiero la continuidad penetrada y material de los objetos!
¡Quiero que los cuerpos físicos sean los unos de los otros
como las almas,
no soy dinámicamente, sino estáticamente también!

¡Quiero volar y caer desde muy alto!
¡Ser estrellado como una granada!
¡Ir a parar a... ser llevado hasta...
Auge abstracto en el fin de mí y de todo!

¡Clímax a hierro y motores!
¡Escaleras arriba de la velocidad, sin grados!
¡Bomba hidráulica desanclándome las entrañas sentidas!

¡Pónganme grilletes sólo para que yo los parta!
¡Sólo para que yo los parta con los dientes, y que los dientes
sangren
placer masoquista, espasmódico con sangre, de la vida!

Los marineros me llevaron preso,
me ajustaron las manos en lo oscuro,
morí temporalmente al sentirlo,
enseguida mi alma lamió el suelo de la cárcel privada,
y la gallina ciega de las imposibilidades me rodeaba
como un cinturón.

¡Salta, brinca, toma el freno con los dientes,
pegaso de hierro en brasas de mis ansias inquietas,
paradero indeciso de mi destino a motores!

He calle Walt:

¡Puerta hacia todo!
Puente para todo!
¡Carretera para todo!
Tu alma omnívora,
tu alma ave, pez, fiera, hombre, mujer,
tu alma de dos donde hay dos,
tu alma o una que son dos cuando dos son una, 
tu alma flecha, rayo, espacio,
amplexo, nexo, sexo, Texas, Carolina, New York,
Brooklyn Ferry en la tarde,
Brooklyn Ferry de las idas y de las vueltas,
¡Libertad, democracy, siglo veinte a lo lejos!
¡purn, pum, pum, pum, pum,
pum!

¡Tú, lo que eras, tú lo que veías, tú lo que oías,
el sujeto y el objeto, el activo y el pasivo,
aquí y allí, en todas partes tú,
círculo cerrando todas las posibilidades de sentir,
marco milenario de todas las cosas que pueden ser,
Dios Terminal de todos los sujetos que se imaginan que eres tú.
¡Tu Hora, tu Minuto, tu Segundo!
Tu intercalado, liberado, desfondado, ido,
intercalación, y liberación, ida, desfondamiento,
tu intercalador, liberador, desfondador, remitente,
comodín en todas las cartas,
nombre en todas las direcciones,
mercadería entregada, devuelta, siguiendo...
Tren de sensaciones y alma a kilómetros por hora,
por hora, por minuto, por segundo, ¡pum!

Ahora que estoy casi muriendo y veo todo ya claro,
Gran Libertador, vuelvo sumiso a ti.

Sin duda tuve un fin adecuado a mi personalidad.
Sin duda porque se explicó, quise decir algo
pero hoy, mirando hacia atrás, sólo un ansia me queda—
No haber tenido tu calma superior por ti mismo,
tu liberación constelada de la Noche Infinita.

No tuve tal vez misión alguna sobre la tierra.

Ah que voy a llamar
al privilegio ruidoso y ensordecedor de saludarte
todo lo hormigueantemente humano del Universo,
todas las formas de todas las emociones
todos los hechizos de todos los pensamientos,
todas las ruedas, todos los volantes, todos los émbolos
del alma.

Ah que yo grito
y en un cortejo de Mí hasta que estallen en ti
con una algarabía metafísica y real,
con un barbarismo de cosas que pasan por adentro sin nexo 
¡Ave, salve, viva, oh grande bastardo de Apolo,
amante impotente y fogoso de las nueve musas y de las gracias,
funicular del Olimpo hasta nosotros y de nosotros hasta
el Olimpo...

(Álvaro de Campos - Fernando Pessoa)

martes, julio 24, 2018

Don't you forget about me...


lunes, julio 09, 2018

Nostalgia...



Foto: Fidel Raso (Igualdad y Libertad)
"Él, el Sol; ella, la Luna. 
Él, el aire; ella, las nubes. 
Él, el viento; ella, la niebla. 
Él, el árbol; ella, la tierra. 
Él, el rayo; ella, la luz. 
Él, el lobo; ella, la loba. 
Él, el rocío; ella, la nieve. 
Él, él; ella, la Naturaleza..."

martes, julio 03, 2018

Despair is a Siren...


 calling through the Night...

 

sábado, junio 30, 2018

Calling the Others...


viernes, junio 29, 2018

Ávalon...


"Yes the picture's changing
Every moment
And your destination
You don't know it..."

jueves, junio 28, 2018

La Mágica Isla de Ávalon...

"Hace muchas eras, mucho más allá de los confines del Universo se originó la semilla de un nuevo mundo que permanece a la espera de que la Humanidad despierte de su letargo. Ávalon, ese es su nombre, muchos creen conocer esta isla legendaria y a los seres que la custodian, pero pocos conocen la verdadera historia detrás de la leyenda..."


Arturo: "Ávalon es el lugar que refugió mi Corazón y cobijó mi Alma, el lugar donde sigo todavía descansando y recuperándome de mis heridas. Morgana y el resto de Hadas me trajeron hasta esta maravillosa isla de las manzanas, en mi último día de aquella ardua vida que viví en tierras inglesas, con el fin de sanar todo aquello que no pude y desde aquí, desde este paraje paradisiaco, continúo mi viaje hacia el interior con el fin de poder despertar de mi prolongado letargo..."

Morgana: "Como guardiana de estas tierras no puedo más que agradecer lo que este lugar ha hecho por mi. Ávalon acogió y sanó mi Alma. Al mirar al horizonte vuelve a mi recuerdo el amargo sentimiento de abandono que sufrí. Y cuando observo a Arturo sumido en su sueño atemporal siento cómo se quebró el orgullo al que tanto se aferró y del que todavía es prisionero. Y a pesar de haberme sanado soy consciente de que mi herida y la de Arturo no son las únicas, pues esas heridas estaban y siguen estando en todas aquellas mujeres y aquellos hombres que hoy todavía caminan sobre la Tierra..." 

Merlín: "Todos los días al despertar salgo a respirar la inconfundible fragancia que desprende esta Mágica Isla. No puedo evitar emocionarme cada vez que observo el verdor de la extensa pradera rebosante de florecientes manzanos. Ávalon es mi hogar, siempre lo supe y sentí. Por eso decidí venir tras mi retiro. Fue aquí donde descubrí que a través del silencio, la meditación y el recogimiento, podía acceder a las mayores y más espléndidas fuentes de conocimiento. Todo aquello que ansié y que creí que se encontraba fuera había estado acompañándome desde siempre dentro de mi mismo..." 

José de Arimatea: "Desde aquel remoto día en que mis pies pisaron por primera vez aquellos verdes pastos de esa lejana colina nublada supe que me encontraba en Casa.  Sentí una confortable sensación de haber llegado a ese único lugar que te acuna como una Madre y te inspira la paz del Padre. El susurro del espino me dió la bienvenida y desde entonces supe que éste sería el lugar donde descansaría para la Eternidad. Sé que nada es casual, ni siquiera ese viaje, ni siquiera este lugar, ni siquiera aquella leyenda, ni siquiera esta confesión. Aquellos que tengan despiertos los ojos del Corazón que miren, pues serán capaces de entender el sagrado significado que esconde aquella historia que vincula a la Reina de la Tierra con el Rey de los Cielos..."

 Arturo: "Ávalon se abrirá ante quien posea el coraje de perseguir aquello que anhela su Corazón, guiándose por la fuerza más poderosa de todas, el Amor..."

Merlín: "Ávalon puede mostrarte el camino que te llevará a enfrentarte a tus mayores miedos, pero a su vez te llevará a materializar tus más grandes Sueños..."

Morgana: "Ávalon puede sanar el recuerdo de aquellas y aquellos que un día temieron compartir lo que su Corazón aguardaba con el fin de poder así brillar con Luz propia..."

José de Arimatea: "Ávalon es el lugar que resguarda nuestro pasado, protege nuestro presente e inspira nuestro futuro..."

lunes, junio 25, 2018

Siempre estoy Soñando...


"Sé que no puedo dormir porque siempre estoy Soñando...
en invierno con el sol, con las nubes en verano..."

martes, junio 19, 2018

O Infante...


El Infante 

(Fernando Pessoa De: “Mensagem” – 1934)

"Dios quiere, el hombre sueña, la obra nace.
Dios quiso que la tierra fuese una,
que el mar uniese, que ya no separase,
Te ungió y fuiste a desvendar la espuma,


y la orla blanca, de isla en continente,
clareó en su ida hasta el fin del mundo;
se vio la tierra entera, de repente,
surgir, redonda, del azul profundo.


Aquél que te ungiera, portugués te hizo.
Del mar y de nosotros en ti nos dio señal.
Cumplióse el Mar, y el Imperio se deshizo.
¡Aún falta que se cumpla, oh Señor, Portugal!
"


miércoles, junio 13, 2018

Let it be...

"There will be an Answer..."

martes, junio 12, 2018

Mundos Internos, Mundos Externos...


"Tu visión devendrá mas clara solamente cuando mires dentro de tu corazón... Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta..." (Carl Gustav Jung)




sábado, junio 09, 2018

The Death of Ophelia...


"Es preciso saber desafiar a las tinieblas para gozar de la luz...
(Édouard Schuré)


viernes, junio 08, 2018

Vientos del Alma...


miércoles, junio 06, 2018

Medicine Chant...


The self-confidence of the warrior is not the self-confidence of the average man. The average man seeks certainty in the eyes of the onlooker and calls that self-confidence. The warrior seeks impeccability in his own eyes and calls that humbleness. The average man is hooked to his fellow men, while the warrior is hooked only to Infinity...” (Carlos Castaneda)

("La confianza del guerrero no es la confianza del hombre corriente. El hombre corriente busca la certeza en los ojos del espectador y llama a eso confianza en si mismo. El guerrero busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre corriente está enganchado a sus semejantes, mientras que el guerrero sólo está enganchado al infinito...")

martes, junio 05, 2018

El Sueño de las Hadas...




Waiting on an Angel...

"Waiting on an Angel
One to carry me home
Hope you come to see me soon
Cause I don't want to go alone
I don' t want to go alone..."


"And I'm waiting on an Angel
And I know it won't be long
To find myself a resting place
In my Angel's arms
In my Angel's arms..."

lunes, junio 04, 2018

Send Me an Angel...

"Here I am
Will you send me an Angel
Here I am
In the land of the morning star..."


"The wise man said just raise your hand
And reach out for the spell
Find the door to the promised land
Just believe in yourself
Hear this voice from deep inside
It's the call of your heart
Close your eyes and your will find
The way out of the dark..."



viernes, mayo 25, 2018

Is this the life we really want...?


"So, every time the curtain falls
Every time the curtain falls on some forgotten life
It is because we all stood by, silent and indifferent
It's normal..."

jueves, mayo 24, 2018

Hello, I Love You...


"...is there anybody in there...?"


"Children love toys that do things and if those toys teach at the same time..."
MIMSY WERE THE BOROGOVES
(Lewis Padgett (aka Henry Kuttner and Catherine L. Moore), published 1943)


 

miércoles, mayo 23, 2018

El Poema más grande conocido...

"El poema más grande conocido
es uno que han vivido todos los poetas:
la poesía innata, no expresada,
de tener solamente cuatro años.

Aún lo bastante joven para ser parte
del gran corazón impulsivo de la naturaleza,
nacido amigo de ave, bestia y árbol,
Y tan tímido como una abeja...

Y, sin embargo, con adorable razón, diestro
para edificar cada día un nuevo paraíso,
alborozado explorador de cada sentido,
¡sin desmayar, sin fingir!

En tus ojos transparentes, sin mácula,
no hay conciencia, no hay sorpresa;
aceptas los raros acertijos de la vida,
conservando aún tu extraña divinidad...

Y la vida, que pone en rima todas las cosas,
también puede hacer de ti un poeta, con el tiempo;
pero hubo días, ¡oh, tierno diablillo!,
en que fuiste poesía en sí..."
(Christopher Morley)



martes, mayo 22, 2018

Si no Creyera...


"...en lo que esconde hacerse Hermano de la Vida..."

lunes, mayo 21, 2018

La Canción del Olvido...

domingo, mayo 20, 2018

When Doves Cry...

"How can you just leave me standing?
Alone in a world that's so cold? (so cold)..."


"Maybe I'm just too demanding
Maybe I'm just like my father, too bold
Maybe you're just like my mother
She's never satisfied (she's never satisfied)..."

sábado, mayo 19, 2018

Chica de Ayer...


viernes, mayo 18, 2018

Do You Love Me...?


miércoles, mayo 16, 2018

Voy de Negro...


"Ah, I'd love to wear a rainbow every day,
And tell the world that everything's OK,
But I'll try to carry off a little darkness on my back,
'Till things are brighter, I'm the Man In Black..."

"Quiero enseñar un arco iris al cantar
pero en mi espalda cae la oscuridad
y hasta qué la Luz no brille de verdad,
voy de negro, y de negro me verás..."

martes, mayo 15, 2018

Entre mis Recuerdos...


lunes, mayo 14, 2018

White Daisy Passing...


"I'm going down to sleep on the bottom of the ocean
Cause I couldn't let go when the water hit the setting sun..."


viernes, mayo 11, 2018

Moriré para Vivir...

"Antes de dejar la vida por mi propia voluntad y en pleno uso de mis facultades mentales, me urge cumplir con un último deber: agradecer de todo corazón a este maravilloso país que es Brasil que nos haya ofrecido a mi y a mi trabajo una tregua tan bondadosa y hospitalaria. He aprendido a querer a este país cada día más y en ningún otro lugar me hubiese gustado más reconstruir de nuevo mi vida, ahora que el mundo de mi propia lengua se ha hundido para mí, y Europa, mi patria espiritual, se ha destruido a si misma. Pero una vez cumplidos los sesenta años haría falta una fuerza especial para empezar otra vez de nuevo. Y las mías están agotadas por los largos años de peregrinar sin patria. Por eso me parece mejor concluir a tiempo con la cabeza alta, una vida para la que el trabajo espiritual siempre fue la alegría más pura y la libertad personal el mayor bien sobre la tierra. Saludo a mis amigos. Quizá vivan para ver el amanecer tras la larga noche. Yo, demasiado impaciente, me adelanto a ellos..." (Stefan Sweig)


Final de la Sinfonía Nº 2 Resurrección
(Gustav Mahler)

Resurrección

Coro, Soprano
¡Resucitarás, si resucitarás,
polvo mío, tras breve descanso!
¡Vida inmortal
te dará quien te llamó!

¡Para volver a florecer has sido sembrado!
El dueño de la cosecha va
y recoge las gavillas
¡a nosotros, que morimos!

Contralto
Oh créelo, corazón mío, créelo: 
¡Nada se pierde de ti!
¡Tuyo es, sí, tuyo, lo que anhelabas!
¡Lo que ha perecido resucitará!

Soprano
Oh créelo: ¡no has nacido en vano!
¡No has sufrido en vano!

Coro
¡Lo nacido debe perecer!
¡Lo que ha perecido, resucitará!

Coro, Contralto
¡Cesa de temblar!
¡Dispónte a vivir!

Soprano, Contralto
¡Oh dolor! ¡Tú, que todo lo colmas!
¡He escapado de ti!
¡Oh muerte! ¡Tú, que todo lo doblegas!
¡Ahora has sido doblegada!

Coro
Con alas que he conquistado,
en ardiente afán de amor,
¡levantaré el vuelo
hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo!
¡Moriré para vivir!

Coro, Soprano, Contralto
¡Resucitarás, sí, resucitarás,
corazón mío, en un instante!
Lo que ha latido,
¡habrá de llevarte a Dios!

jueves, mayo 10, 2018

Senbazuru (Mil Grullas de Origami)...

"Una antigua leyenda japonesa promete que cualquiera que haga mil grullas de papel recibirá un deseo de parte de una grulla..."


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Mil Grullas
(Elsa Bornemman)
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 "Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. 
Porque ellos eran nuevos en el mundo. Tambíen, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo que estaba pasando. 
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a la noticia de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes. 
Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo..."


martes, mayo 08, 2018

Cartas a un Joven Poeta...

"CARTA NÚMERO 1

París, 17 de febrero 1903
Apreciado señor:
Su carta me llegó hace pocos días. Quiero darle las gracias por su confianza, grande y afectuosa. No está en mi mano hacer mucho más. No puedo entrar en detalles sobre la forma de sus versos, puesto que me siento muy lejos de cualquier intención crítica. No hay nada menos apropiado para aproximarse a una obra de arte que las palabras de la crítica: de ellas se derivan siempre malentendidos más o menos desafortunados. Las cosas no son tan comprensibles ni tan formulables como se nos quiere hacer creer casi siempre; la mayor parte de los acontecimientos son indecibles, se desarrollan en un ámbito donde nunca ha penetrado ninguna palabra. Y lo máximamente indecible son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida, en contraste con la nuestra, tan efímera, perdura.
Anticipándole esta observación, sólo puedo decirle que sus versos no tienen forma propia. Poseen, sí, silenciosos y escondidos puntos de partida hacia lo personal. Donde más claro lo siento es en el último poema Mi alma. En él, algo propio quiere traducirse en palabra y melodía. Y en la hermosa composición A Leopardi se alza quizás un cierto parentesco espiritual con ese gran poeta solitario. Sin embargo, a pesar de esto, los poemas no son nada por sí mismos ni son independientes; ni siquiera el último o el dedicado a Leopardi. La amable carta con que los acompañaba no yerra al explicarme algunos defectos que ya percibí al leer sus versos, sin poder, al mismo tiempo, nombrarlos.
Pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes lo ha preguntado a otros. Los envía a revistas. Los compara con otros poemas, se inquieta cuando ciertas editoriales rechazan sus intentos. Ahora (ya que me ha autorizado a aconsejarle), ahora le pido que deje todo esto. Usted mira hacia fuera y precisamente esto, en este momento, no le es lícito. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio. Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre todo, pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo. Y si de allí recibiera una respuesta afirmativa, si le fuera permitido responder a esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya su vida en función de tal necesidad; su vida, incluso en las horas más indiferentes e insignificantes, ha de ser un signo y un testimonio de ese impulso. Después, aproxímese a la naturaleza e intente decir como el primer hombre qué ve y experimenta, qué ama y pierde.
No escriba poemas de amor. Al principio, eluda aquellas formas que son las más corrientes y comunes; son las más difíciles, puesto que se requiere una fuerza grande y madura para expresar una personalidad propia allí donde existen en gran medida tradiciones buenas y, en parte, hermosas. Por eso, póngase a salvo de todos los motivos generales y preste atención a lo que su propia vida cotidiana le ofrece; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y la fe en algo bello; descríbalo todo con sinceridad íntima, callada y humilde y, para expresarse, sírvase de las cosas que le rodean, de las imágenes de sus sueños y de los objetos de sus recuerdos.
Si su vida diaria le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que aún no es lo bastante poeta como para convocar su riqueza, pues para el creador no existe pobreza ni lugar pobre o indiferente. Y si usted estuviera encerrado en una prisión, y sus muros no dejaran llegar a sus sentidos ningún rumor venido de fuera, ¿no seguiría teniendo su infancia, esa riqueza deliciosa y regia, ese lugar mágico de los recuerdos? Dirija hacia allí su atención. Intente desenterrar las sensaciones sumergidas de ese pasado lejano; su personalidad se fortalecerá, su soledad se hará más grande hasta convertirse en una estancia en penumbra donde el estrépito de los otros pasará de largo, a lo lejos.
Y si de ese retorno hacia dentro, de esa inmersión en su propio mundo, surgen versos, no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos o no. Tampoco intentará interesar a las revistas, pues verá en ese trabajo su propiedad amada y natural, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad. En esta cualidad de su origen reside su juicio crítico: no existe otro. Por eso, mi muy apreciado señor, no sé darle otro consejo: camine hacia sí mismo y examine las profundidades en las que se origina su vida. En su fuente encontrará la respuesta a la pregunta de si debe crear. Acéptela tal como venga, sin interpretarla. Quizá surja la evidencia de que usted está llamado a ser artista. De ser así, acepte ese destino y sopórtelo con toda su carga y grandeza, sin esperar recompensa que pueda venir de fuera: el creador ha de ser un mundo para sí y lo ha de encontrar todo en sí mismo y en la naturaleza con la que se ha fundido.
Pero quizás, tras ese descenso a sí mismo y a su soledad, deba usted renunciar a ser poeta (basta con que sienta, como le he dicho, que podría vivir sin escribir para que ya no le sea permitido en absoluto hacerlo). Pero también, este recogimiento que le he brindado, no habrá sido en balde. Sea lo que sea, su vida, a partir de aquí acertará a encontrar sus propios caminos, y yo le deseo, más allá de lo que le puedo expresar, que sean propios, ricos y amplios.
¿Qué más le puedo decir? Me parece que los acentos están donde deben estar. Finalmente, querría también aconsejarle que, a través de su desarrollo, su crecimiento sea serio y callado. Nada puede estorbarlo con mayor violencia que mirar hacia fuera y de allí esperar una respuesta a preguntas que quizá sólo su más íntimo sentimiento, en los momentos más silenciosos, puede acaso responder.
Me alegró mucho encontrar en su escrito el nombre del profesor Horacek. Ese hombre, tan sabio y amable, me merece un gran respeto y conservo hacia él un agradecimiento que se prolonga con los años. Se lo ruego, comuníquele mis sentimientos; es muy amable por su parte que aún me recuerde, y sé apreciarlo.
Le devuelvo los versos que usted tan amistosamente me ha confiado. Y le doy las gracias una vez más por su grande y sincera confianza, de la que he intentado hacerme un poco más merecedor de lo que en realidad soy —usted no me conoce—, a través de una respuesta sincera, dada con lo mejor que sé.
Con toda lealtad y simpatía."
Rainer Maria Rilke

lunes, mayo 07, 2018

Walking in the Air...

"We're walking in the air
We're floating in the moonlit sky
The people far below are sleeping as we fly..."
 
 
"Children gaze open mouth
Taken by surprise
Nobody down below believes their eyes..."
(Nigthwish)

domingo, mayo 06, 2018

Walk Unafraid...

"I'll trip, fall, pick myself up and  
Walk unafraid..."


"If I have a bag of rocks to carry as I go
I just want to hold my head up high
I don't care what I have to step over 

 I'm prepared to look you in the eye..."
(R.E.M.)