Mundo Fusion

domingo, diciembre 04, 2016

Pasa el Otoño en Madrid...


"Y es que de hecho hasta hoy
no me ha importado nunca donde voy,
en cualquier puerto puede recaer,
sea quien sea, ser como soy..."
(Antonio Vega)


miércoles, noviembre 23, 2016

El Friso de la Vida...

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El friso de la Vida
(Edvard Munch)
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"En general el arte surge de la necesidad de un ser humano de comunicarse con otro – Todos los medios son igual de buenos – En la pintura como en la literatura a menudo se confunden los medios con el fin – la Naturaleza es el medio no el fin – Si se puede obtener algo alterando la naturaleza – hay que hacerlo – En un estado de ánimo intenso un paisaje ejercerá cierto efecto sobre la persona – al representar este paisaje [la persona] llegará a una imagen de su propio estado – y esto – este estado de ánimo es lo principal – La naturaleza no es más que el medio – Hasta qué punto se parece luego la imagen a la naturaleza carece de importancia – Es imposible explicar un cuadro – Se ha pintado precisamente porque no puede explicarse de otra manera – Lo único que se puede ofrecer es un indicio de la dirección que se tenía en mente. No creo en el arte que no se haya impuesto por la necesidad de una persona de abrir su corazón. Todo arte – la literatura como la música – ha de ser engendrado con los sentimientos más profundos – El arte son los sentimientos más profundos..."


"—¿Existen los espíritus? Vemos lo que vemos – porque nuestros ojos están constituidos así – ¿Qué somos? – una reunión de fuerza – en movimiento – una vela que arde – con una mecha – calor – interior – llamas externas – y aún otra llamarada invisible – que se siente – Si tuviéramos otros ojos – unos ojos más fuertes – veríamos meramente – nuestras mechas – el sistema de los huesos – como con rayos X – Si tuviéramos otros ojos – podríamos ver la envoltura de nuestra llama externa – y entonces tendríamos otras formas – ¿Por qué no podrían entonces – otras criaturas de moléculas más ligeras – disueltas – moverse a nuestro alrededor? – ¿Las almas de nuestros seres queridos – por ejemplo? Espíritus..."
"Ya no me queda esperanza, nada que me haga ilusión. ¿Por qué trabajar – esforzarme cuando de todos modos moriré algún día? Miré a mi padre canoso y encorvado ante el escritorio – me asombraba que trabajara con tanto ahínco y – a mi tía junto a la ventana cosiendo incesantemente con una mano levantada. Así lleva muchos años. Y sin embargo están contentos, al menos en comparación conmigo. Y miré a la gente afuera en la calle – qué ahínco – la gorda mujer del carnicero – colorada y reluciente cortaba carne – como seguirá haciendo toda su vida – simplemente cortar carne. Qué asco – Pero ella está contenta. Yo quería hacer algo grande – hacerme famoso – Y por eso he trabajado con mi sangre – y con todo aquello de lo que se podía sacar algún partido. Me imaginaba a mí mismo como un hombre famoso – trabajé incesantemente me fui haciendo cada vez más famoso – pero siempre los había mejores que yo – al final llegué a ser el mejor – canoso – extenuado iba a cosechar la recompensa. La consciencia de haber hecho algo realmente grande sería la recompensa – ¿Qué era el mejor de los cuadros? – una miserable copia, una miserable reproducción de nuestra vida – Y las infinitas constelaciones – que pueden ser algo grande – si se piensa en el espacio infinito. No no nada nada. ¿Por qué no lo habré visto antes? – Los demás están contentos, creen que recibirán su recompensa en el paraíso tras su muerte – Yo mismo lo creí en algún momento – La gloria – la alegría – la luz la dicha infinita – todo eso estaba en el paraíso..."


"No te desanimes tanto – recuerda que eres joven – todavía te quedan muchos años por vivir..."

viernes, noviembre 11, 2016

Dance Me to the End of Love...


miércoles, noviembre 09, 2016

La Lámpara Maravillosa...

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La Lámpara Maravillosa
(Ramón María del Valle-Inclán) **********************************************************
"Hermano peregrinante, que llevas una estrella en la frente, cuando llegues a la puerta dorada, arrodíllate y medita sobre estas palabras de San Pablo: SI QUIS INTER VOS VIDETUR SAPIENS ESSE, STULTUS FIAT, UT SIT SAPIENS.

EL ANILLO DE GIGES 

UANDO YO era mozo, la gloria literaria y la gloria aventurera me tentaron por igual. Fue un momento lleno de voces oscuras, de un vasto rumor ardiente y místico, para el cual se hacía sonoro todo mi ser como un caracol de los mares. De aquella gran voz atávica y desconocida sentí el aliento como un vaho de horno, y el son como un murmullo de marea que me llenó de inquietud y de perplejidad. Pero los sueños de aventura, esmaltados con los olores del blasón, huyeron como los pájaros del nido. Sólo alguna vez, por el influjo de la Noche, por el influjo de la Primavera, por el influjo de la Luna, volvían a posarse y a cantar en los jardines del alma, sobre un ramaje de lambrequines… Luego dejé de oírlos para siempre. Al cumplir los treinta años, hubieron de cercenarme un brazo, y no sé si remontaron el vuelo o se quedaron mudos. ¡En aquella tristeza me asistió el amor de las musas! Ambicioné beber en la sagrada fuente, pero antes quise escuchar los latidos de mi corazón y dejé que hablasen todos mis sentidos. Con el rumor de sus voces hice mi ESTÉTICA.

De niño, y aun de mozo, la historia de los capitanes aventureros, violenta y fiera, me había dado una emoción más honda que la lunaria tristeza de los poetas: Era el estremecimiento y el fervor con que debe anunciarse la vocación religiosa. Yo no admiraba tanto los hechos hazañosos como el temple de las almas, y este apasionado sentimiento me sirvió, igual que una hoguera, para purificar mi  Disciplina Estética. Me impuse normas luminosas y firmes como un cerco de espadas. Azoté sobre el alma desnuda y sangrienta con cíngulo de hierro. Maté la vanidad y exalté el orgullo. Cuando en mí se removieron las larvas del desaliento, y casi me envenenó una desesperación mezquina, supe castigarme como pudiera hacerlo un santo monje tentado del Demonio. Salí triunfante del antro de las víboras y de los leones. Amé la soledad y, como los pájaros, canté sólo para mí. El antiguo dolor de que ninguno me escuchaba se hizo contento. Pensé que estando solo podía ser mi voz más armoniosa, y fui a un tiempo árbol antiguo, y rama verde, y pájaro cantor. Si hubo alguna vez oídos que me escucharon, yo no lo supe jamás. Fue la primera de mis Normas.

I. SÉ COMO EL RUISEÑOR, QUE NO MIRA A LA TIERRA DESDE LA RAMA VERDE DONDE CANTA.
N ESTE AMANECER de mi vocación literaria hallé una extrema dificultad para expresar el secreto de las cosas, para fijar en palabras su sentido esotérico, aquel recuerdo borroso de algo que fueron, y aquella aspiración inconcreta de algo que quieren ser. Yo sentía la emoción del mundo místicamente, con la boca sellada por los siete sellos herméticos, y mi alma en la cárcel de barro temblaba con la angustia de ser muda. Pero, antes del empeño febril por alcanzar la expresión evocadora, ha sido el empeño por fijar dentro de mí lo impreciso de las sensaciones. Casi siempre se disipaba al querer concretarlo: Era algo muy vago, muy lejano, que había quedado en los nervios como la risa, como las lágrimas, como la memoria oscura de los sueños, como un perfume sutil y misterioso que sólo se percibe en el primer momento que se aspira. Y cuando del arcano de mis nervios lograba arrancar la sensación, precisarla y exaltarla, venía el empeño por darle vida en palabras, la fiebre del estilo, semejante a un estado místico, con momentos de arrobo y momentos de aridez y desgana. En esta rebusca, al cabo logré despertar en mí desconocidas voces y entender su vario murmullo, que unas veces me parecía profético y otras familiar, cual si de pronto el relámpago alumbrase mi memoria, una memoria de mil años. Pude sentir un día en mi carne, como una gracia nueva, la frescura de las hierbas, el cristalino curso de los ríos, la sal de los mares, la alegría del pájaro, el instinto violento del toro. Otro día, sobre la máscara de mi rostro, al mirarme en un espejo, vi modelarse cien máscaras en una sucesión precisa, hasta la edad remota en que aparecía el rostro seco, barbudo y casi negro de un hombre que se ceñía los riñones con la piel de un rebeco, que se alimentaba con miel silvestre y predicaba el amor de todas las cosas con rugidos. Otro día logré concretar la forma de mi Daemonium. Ya lo había entrevisto cuando niño, bajo los nogales de un campo de romerías. Es un aldeano menudo, alegre y viejo, que parece modelado con la precisión realista de un bronce romano, de un pequeño Dionisos. Baila siempre en el bosque de los nogales, sobre la hierba verde, a un son cambiante, moderno y antiguo, como si en la flauta panida oyese el preludio de las canciones nuevas. Cuando logré concretar esta figura, tantas veces entrevista bajo el pabellón de mi cuna, creí llegado el momento. Todas las larvas de mi reino interior eran advertidas, las sentía removerse como otros tantos arcanos, y había aprendido a oír las voces más lejanas. Entonces alcancé la segunda norma de mi Disciplina Estética.
 
II. EL POETA SOLAMENTE TIENE ALGO SUYO QUE REVELAR A LOS OTROS CUANDO LA PALABRA ES IMPOTENTE PARA LA EXPRESIÓN DE SUS SENSACIONES: TAL ARIDEZ ES EL COMIENZO DEL ESTADO DE GRACIA.
 UÉ MEZQUINO, qué torpe, qué difícil balbuceo el nuestro para expresar este deleite de lo inefable que reposa en todas las cosas con la gracia de un niño dormido! ¿Con cuáles palabras decir la felicidad de la hoja verde y del pájaro que vuela? Hay algo que será eternamente hermético e imposible para las palabras. ¡Cuántas veces al encontrarme bajo las sombras de un camino al viñador, al mendigo peregrinante, al pastor infantil que vive en el monte guardando ovejas y contando estrellas, me dijeron sus almas con los labios mudos, cosas más profundas que las sentencias de los infolios! Ningún grito de la boca, ningún signo de la mano puede cifrar ese sentido remoto del cual apenas nos damos cuenta nosotros mismos, y que, sin embargo, nos penetra con un sentimiento religioso. Nuestro ser parece que se prolonga, que se difunde con la mirada, y que se suma en la sombra grave del árbol, en el canto del ruiseñor, en la fragancia del heno. Esta conciencia casi divina nos estremece como un aroma, como un céfiro, como un sueño, como un anhelo religioso..."