Mundo Fusion

miércoles, febrero 14, 2018

From Her to Eternity...



"El Amor tiene más de una cosa en común con la convicción religiosa. Mal caballero de la dama de su corazón es quien se echa atrás ante la dificultad del Amor. El Amor se comporta como lo hace Dios: ambos se entregan sólo a su servidor más valiente..." (Carl Gustav Jung)

lunes, febrero 12, 2018

La Creatividad es un Poceso Universal...


sábado, febrero 10, 2018

Ama tu Ritmo...

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Ama tu Ritmo...
(Rubén Dario)
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 "Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna..."

viernes, febrero 09, 2018

El Amante de Fuego...


jueves, febrero 08, 2018

Va Pensiero...


domingo, febrero 04, 2018

Peggy Gordon...


sábado, febrero 03, 2018

Epic Funeral...


jueves, febrero 01, 2018

Now we are Free...

"El Caballo, como Espíritu de Poder es el vehículo que transporta al chaman en sus viajes a los diferentes planos espirituales.  El caballo nos lleva a través de las cuatro direcciones de la rueda de sanación, simboliza el poder sobre los cuatro elementos, tierra, fuego, aire y agua. Muchas leyendas mencionan que el caballo es clarividente y capaz de percibir a los humanos con poderes mágicos..."


"En definitiva, el Caballo es el tótem de los que adoran la libertad y resalta la nobleza, la belleza interior, la sabiduría y el progreso. Ayudará a tomar decisiones de progreso y cambio, y asegura que no habrá aburrimiento en nuestra vida sino una vida plena de libertad, amor, cambios positivos y aventuras..."


"El Tótem del Caballo, nos enseña cómo llevar nuestras cargas con facilidad y con dignidad, pero lo más importante, nos demuestra que estamos siempre y para siempre libres..."

miércoles, enero 31, 2018

The Lawrence Tree and St. Mawr...

“Solo el gran pino delante de la casa, allí parado, quieto y despreocupado, vivo. Está tan cerca. Se sale por la puerta y ahí está el tronco, como un ángel de la guarda...” "El pino emite vida, igual que yo la emito. Nuestras dos vidas se encuentran y entrecruzan sin saberlo. La vida del árbol penetra en mi vida y mi vida en la suya. No podemos vivir uno cerca del otro, como de hecho hacemos, sin afectarnos mutuamente. Me he vuelto consciente del árbol y de su interpenetración en mi vida. Incluso soy consciente de la energía del árbol que cruza y estremece mi plasma vivo..." (D.H. Lawrence)


The Lawrence Tree (Georgia O'Keeffe)

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St. Mawr
(D. H. Lawrence)
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"...Pero, como si el fuego misterioso que emanaba del cuerpo de aquel caballo hubiera derretido alguna roca en su interior, se fue a casa, buscó refugio en su cuarto y se echó a llorar. Parecía que la atenta, salvaje y resplandeciente cabeza de St, Mawr la contemplase desde un mundo exterior. Era como si hubiera tenido una visión, como si las vigas en que se sustentaba su propio mundo se hubiese venido abajo, y se hubiera quedado sumida en una gran oscuridad, en medio de la cual refulgían los enormes y fogosos ojos de aquel caballo con expresión de demoníaco interrogante, mientras exhibía aquellas orejas tiesas y desnudas como puñales, que sobresalían de su bestial cabeza, y de su enorme cuerpo emanase la luz rojiza de su fortaleza.
¿Qué significaba todo aquello? Había sentido sobre ella la mirada de aquel caballo, como si los ojos de un dios se tratase, fijándose en ella de forma terrorífica desde la sempiterna oscuridad que la rodeaba. Ojos enormes, candentes, espantosos, arqueados como si plantasen una pregunta, y que emitían un haz de blanca luz amenazadora. ¿Qué solicitaba aquella pregunta procedente de un ser no humano, junto con la extraña amenaza que transmitía? No tenía ni idea: era como un demonio magnificente, al que ella debía adorar.
Incluso se ocultó de Rico. No soportaba la trivialidad y superficialidad de las relaciones sociales. Como algún dios que se hiciese presente en aquella oscuridad, allí estaba la cabeza de aquel animal, con sus ojos y terribles ojos escrutadores. Y sintió como si la prohibiese continuar por la senda de lo que hasta entonces había sido su vida normal; la conminaba a que dejase de ser la esposa de Rico, la joven Lady Carrington y cosas por el estilo.
El caballo se convirtió en su obsesión. La había contemplado con una mirada como no había sentido nunca hasta entonces: ojos resplandecientes, terribles, indagadores, que se destacaban en la oscuridad, sobre el fondo ígneo de aquel enorme cuerpo rojizo. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Qué clase de prohibición le había impuesto? Porque ella sintió como si le hubieran grabado un impedimento en su corazón: ejercía una misteriosa autoridad sobre ella, que no osaba ni acertaba a comprender..."


"Tengo que estar aquí sola, completamente sola: la idea del sexo, sólo sexo, me resulta repugnante. Nunca me prostituiré de nuevo. A no ser que algo me llegue muy dentro, que me toque en lo más vivo, me quedaré sola, completamente sola. Sola, para entregarme a las presencias invisibles, y ponerme sólo al servicio de esas inaprensibles presencias.
Y comprendió entonces el sentido que tenían las vestales, aquellas vírgenes que custodiaban el fuego en los templos antiguos. Eran como un símbolo de ella misma, de una mujer harta de abrazar a hombres inútiles, completamente ahíta de todo aquello, que volvía su rostro hacia los dioses nunca vistos, a los espíritus ignotos, al fuego oculto, a todo aquello a lo que quería dedicar su vida, y nada más. De ellos le llegarían la paz y el sentimiento de haberse realizado.
Jamás de aquellos homúnnculos incompetentes, egoistas e infantiles! Ninguno de esos llegaría a rozarla. Contemplaba los insulsos hombros de Phoenix, mientras conducía entre los pinos y los cedros que abundaban en la estrecha llanura que llegaba hasta el pie de las montañas. Era un buen hombre, preo que se dedicase a las mujeres de su clase. Porque había algo que iba más allá de él, y así tenía que ser, sin que nunca llegase a estar a su alcance. De no ser así, lo toquetearía y lo ensuciaría, y se sentiría tan desgraciado como un niño que hubiera roto el reloj de su padre.
No, no! Una vez había amado a un americano, y vivido con él durante un par de semanas. Había disfrutado de una íntima relación con un italiano, que incluso la quería, pero se había puesto a salvo de aquel hombre para amar y casarse con Rico. ¿Y qué fue todo aquello? Nada, o casi nada. Como si sólo perteneciesen al género humano sus ademanes más externos, el exterior de si misma. Lo cual la encariñaba con la intimidad. Pero en cuanto tal hecho se producía, o intentaba llegar a su interior, sobrevenía el desastre, la humillación y el venirse abajo. Tras aquellas capas exteriores de sí misma yacían los sucesivos santuarios interiores de su ser, que eran inviolables. Y ella así lo aceptaba.
- No soy una mujer casadera- se dijo para sí misma-, ni una amante, ni una querida, ni una esposa. Todo eso no vale de nada. Jamás podrá llegarme el amor desde fuera de mí misma, y nunca podré congeniar con hombre alguno, puesto que el nuevo hombre místico jamás llegará a rondarme. No; prefiero conocerme a mí misma, saber cuál es el papel que debo desempeñar. Soy una de las vírgenes eternas, una de esas que velan por el fuego perpetuo. Mis relaciones con los hombres sólo me han servido para quebrar mi silencio y confundir mis relaciones con el exterior. Todo ha sido culpa mía. Debo permanecer virgen y guardar silencio, quedarme muy, muy callada, y llevar a cabo mis obligaciones con toda perfección. Quiero un templo para mí y mi propia soledad, disfrutar a solas del misterio del fuego interior de Apolo. Y con los hombres, mantenerlos alejados, tener relaciones delicadas, sutiles. Pero que no se me acerquen. Porque su proximidad sólo sirve para rasgar los velos y, una vez desgarrados, como las flores cortadas, sólo conducen a la disolución.
Una vez que hubo comprendido todo aquello sintió una gran paz en su interior, así como una sensación de gratitud. A pesar de todo, le parecía que el fuego oculto chisporroteaba y estaba vivo, allí mismo, bajo aquel cielo, en aquel desierto, en las montañas. Y experimentó, en el propio aire que la rodeaba, un estremecimiento de escondida sacralidad, el fuego joven de la santidad escondida, algo que nunca le había pasado ni en Europa, ni en el este.
- Creo- murmuró, mientras contemplaba las montañas entre sombras y el mortecino desierto allí abajo, bajo las mismas alas oscuras- que este lugar es sagrado. Está bendito..."


"- ¿A qué llamas tú vida?-  prosiguió Lou-. ¿A pasearte medio en cueros en un acto social, y luego salir en taxi para acostarte con algún loco, medio borracho, que piensa que es muy hombre sólo porque...? Madre, no quiero ni pensar en eso! Ya sé que te ha podido rondar por la cabeza la idea de que eso es la vida. Está bien; que lo sea. Pero déjame fuera de ella. Porque, desde esa perspectiva, los hombres sólo me provocan naúseas: son serviles e irritables a un tiempo. Desde ese punto de vista la vida consume mi propia vida. Ya te lo he dicho. Estoy destrozada, y no me veo capaz de afrontar ese tipo de cosas, ni siquiera de iniciarlas en mi situación.
- Está bien, Louise- repuso la señora Witt, tras un momento-. Estoy convencida de que desde el mismo momento en que los hombres y las mujeres llegaron a ser tales, todas las personas que se toman las cosas en serio, y que tienen tiempo para hacerlo, terminan con el corazón hecho añicos. ¿No he pasado yo misma por eso? Y estoy tan segura de ello como de que he perdido la virginidad, que es lo mismo que nada. Porque se trata de un proceso que se inicia, más que de un final.
- Así es, madre. Es el comienzo de algo diferente, y el final de algo con lo que se ha roto. Lo sé; pero eso en nada cambia la idea de que tenga que vivir de una forma distinta. Te parecerá una tontería, pero no sé expresarlo mejor. He de vivir por algo que realmente me preocupa, dentro, muy dentro de mi. Para mi propia alma, el sexo merecería la pena, si realmente fuera algo sagrado. Pero el sexo, en su ordinariez, me mata..."

"- Sabes bien, madre, que puedo ser muchas cosas, incluso un poco lerda, pero no tengo ninguna inclinación monjil. La religión a la que me refiero es como la otra cara de la moneda de los hombres. En lugar de correr tras ellos, se trata de apartarse de ellos y mantener viva la aversión que te guía. No odio a los hombres por el hecho de serlo, como hacen las monjas. No me gustan, porque no son lo bastante hombres. Sean niños o vividores nunca dejan de pavonearse, ni siquiera ante sí mismos. No digo que yo sea mucho mejor. Pero desearía con toda mi alma que algunos hombres fueran más grandes, más fuertes y más profundos que yo...
- ¿En qué percibes que no lo son? - preguntó la señora Witt.
- ¿Qué cómo lo sé? - replicó Lou, en tono de chanza.
Y la pausa que había llegado a convertirse en brecha se abrió aún más. La señora Witt jugueteaba con un palo y molestaba a unas hormigas negras que correteaban por las agujas de un abeto.
- No me cabe ninguna duda de que tienes razón acerca de los hombres - añadió, de forma pausada-, pero, a tu edad, lo único sensato que uno puede hacer es buscar y mantener una ilusión. Después de todo, como bien acabas de decir, quizás tú no seas mejor que ellos.
- Quizás no sea mejor. Pero mantener viva esa ilusión sería como engañarme a mi misma. Y no es eso lo que pretendo. Cuando veo a un hombre que hasta me resulta un poco atractivo, como puede ser Phoenix, me digo a mi misma: ¿vas a preocuparte de verdad por él? ¿significa algo para ti, algo más allá de la pura sensación? Y sé que no. No, madre. Estoy absolutamente convencida de que, o bien el elegir un hombre determinado tiene un sentido y un misterio que me penetra hasta el alma, o prefiero quedarme sola. Y sé que ha llegado la hora en que debo permanecer sola. Se acabó la confusión.
- Muy bien, hija. Es más que probable que te pases la vida sola.
- No me importa! Sé que hay algo más reservado para mí, madre, algo que me ama y que me desea. No puedo decirte lo que es, porque se trata de un espíritu, y habita aquí, en este rancho; está aquí, en estos parajes. Para mí es mucho más real que los hombres, y me tranquiliza y me anima. En realidad, no sé lo que es. Es algo salvaje, que llegará a hacerme daño en ocasiones y que otras veces me minará. Todo esto lo sé. Pero se trata de algo más grande que los hombres, más grande que la gente, más que la religión. Es algo que tiene mucho que ver con la América salvaje, y también conmigo. Es la misión que tengo, si lo prefieres. Y seré una imbécil; pero mi misión consiste en reservarme para ese espíritu que es salvaje, y que ha esperado durante tanto tiempo por mí en este lugar, y que ha esperado incluso por alguien como yo. Pues he venido! Aquí estoy! Estoy en el lugar en el que quiero estar, y con el espíritu que me desea. Así es. Y ni Rico, ni Phoenix, ni nadie en realidad me preocupan lo más mínimo. Es como si formasen parte del patio trasero del mundo. Mientras, yo estoy aquí, en la América profunda, donde hay un espíritu salvaje que me desea, un espíritu mucho más animal de lo que pueden ser los hombres. Y que tampoco pretende mi salvación; simplemente, me necesita, anhela estar conmigo. Para ese espíritu mi sexo es algo sagrado y profundo, es algo mucho más profundo que yo misma, que despierta la naturaleza profunda que reside oculta en lo más profundo de mi sexo. Es algo que me libra de la ordinariez, madre. Ni siquiera tú podrías hacer jamás algo parecido..."


Que así sea...

sábado, enero 27, 2018

Ever Dream...


"Ever Dream of Me..." (Nightwish)

viernes, enero 26, 2018

Ameno...


martes, enero 23, 2018

Return to the Origin...



lunes, enero 22, 2018

Loving Vincent...


"Los grandes artistas no tienen el Alma en paz..."

Querido hermano mío,
 Gracias por tu amable carta y por el billete de 50-fr. que contenía.
Hay muchas cosas de las que me gustaría escribirte, pero siento que es inútil. Espero que hayas encontrado a esos nobles caballeros dispuestos favorablemente hacia ti.
Tus tranquilizadoras palabras hacia mí sobre tu paz doméstica apenas eran necesarias, creo, habiendo contemplado el bienestar y el infortunio por mí mismo. Y estoy bastante de acuerdo contigo en que criar a un niño en un cuarto piso es un trabajo del diablo para ti así como para Jo.
Puesto que lo que más importa va bien, ¿por qué debería decir más sobre cosas de menor importancia? Palabra mía, antes de que tengamos oportunidad de hablar sobre negocios más tranquilamente probablemente nos quede mucho.
Los otros pintores, sea lo que sea lo que piensen, se mantienen instintivamente a distancia de discusiones sobre el comercio.
Bueno, la verdad es que, tan sólo podemos hacer que sean nuestras pinturas las que hablen. Pero aún así, querido hermano mío, sucede esto que siempre te he dicho, y lo repito una vez más con todo el énfasis con el que pueda expresarlo el esfuerzo de una mente diligentemente determinada en tratar de hacerlo lo mejor que sea posible — te digo de nuevo que siempre te consideraré algo más que un simple marchante en Corots y que a través de mi mediación tú formas parte de la mismísima producción de algunos lienzos, que conservarán su calma incluso en la catástrofe.
Pues esto es a lo que hemos llegado, y esto es todo o al menos lo principal que tengo que decirte en este momento de crisis comparativa.
En este momento que las cosas están tan forzejeantes entre los marchantes y los cuadros de pintores muertos y artistas vivos.
Bueno, en cuanto a mi propio trabajo, estoy arriesgando mi vida por él y mi cordura ha medio zozobrado debido a ello - y está bien como está - pero por lo que a mí respecta, tú no te encuentras entre los marchantes de hombres y todavía puedes escoger de qué lado estás, pienso, actuando con humanidad, pero tú, ¿qué quieres...?
(Carta que Vincent llevaba encima el 29 de Julio de 1890.)

 

“Inmensas extensiones de campos de trigo bajo cielos turbulentos, en el que he tratado de expresar la tristeza, la extrema soledad...”

sábado, enero 20, 2018

Me concede este Baile...?


Si...


Waltz Nº 2 (from the Jazz Suite Nº 2)
(D. Shostakovich)

martes, enero 16, 2018

Alicia en el País de las Maravillas...


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Alicia en el País de las Maravillas
(Lewis Carroll)
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Capítulo I
POR LA MADRIGUERA DEL CONEJO

 "Alicia empezaba a cansarse de estar sentada con su hermana junto al río, sin nada que hacer; una o dos veces había espiado el libro que su hermana leía, pero no tenía dibujos ni conversaciones, “¿Y de qué sirve un libro…”, pensó Alicia, “…sin dibujos ni conversaciones?”

Por lo tanto estaba considerando en su cabeza (lo mejor que podía, porque el calor del día la hacía sentirse somnolienta y tonta), si el placer de hacerse un collar de margaritas valdría el esfuerzo de levantarse y recoger las margaritas, cuando de pronto un Conejo Blanco de ojos rosados pasó corriendo a su lado.

No había nada tan extraordinario en esto; ni le pareció a Alicia tan fuera de lo común oír al conejo decirse a sí mismo: “¡Ay, Dios! ¡Ay, Dios! ¡Estoy llegando tarde!” (cuando más tarde recordó esto, se le ocurrió que debería haberse sorprendido, pero en aquel momento todo le pareció perfectamente natural); sin embargo cuando el Conejo sacó un reloj del bolsillo del chaleco, y lo miró, y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que nunca había visto un conejo con bolsillo ni chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y ardiendo de curiosidad, corrió tras él a lo largo del campo y llegó justo a tiempo para verlo desaparecer en una madriguera que se abría al pie de un seto. 

Un momento después, abajo fue Alicia también sin dejar de perseguirlo ni pensar ni una vez cómo se las arreglaría para salir..."

lunes, enero 15, 2018

Stand by Me...


Gran canción y gran película...


domingo, enero 14, 2018

Time has told me..


"And time has told me
Not to ask for more
For some day our ocean
Will find its shore..."
(Nick Drake)

sábado, enero 13, 2018

Felicias Island...

viernes, enero 12, 2018

Everybody needs Somebody...

Arriba el Blues...!!!

(The Blues Brothers)

jueves, enero 11, 2018

One more Time with Feeling...


20.000 Days on Earth...


miércoles, enero 10, 2018

Durch Natch und Flut...


Durch Natch und Flut...
(A través de la Noche y los Mares...)
(Lacrimosa)

martes, enero 09, 2018

Le Mat (El Loco)...



"El Loco: Para El Loco la vida es una aventura, desafía a explorar nuevos terrenos, a pasar a la acción, a buscar nuestra verdad y vivir la vida como una aventura.
Necesitamos hacer cosas nuevas en la vida, llenarnos de conocimiento. 
El Loco nos desafía a explorar nuevos territorios y fronteras. Nuestra vida está llena de situaciones que sustituyen las verdaderas aventuras. Siempre existe una excusa o una justificación para la inacción: siempre esperamos que sean otras personas o cosas las que nos entretengan
Según el Loco, la vida es un juego. La finalidad de todo juego es divertirse. Podemos aprender jugando. Necesitamos hacer cosas nuevas en la vida. Necesitamos ensanchar nuestras fronteras. Si nos contentamos con nuestra situación actual, no estaremos interesados en descubrir cosas nuevas. La cualidad del Loco necesita ser dirigida, no reprimida, como tantas veces ocurre en la sociedad moderna.
El Loco nos recuerda que debemos fomentar nuestra individualidad y no ponerla en peligro. Siente una aversión instintiva por la autoridad y detesta que los demás le den órdenes. Necesita un espacio amplio para él. Odia la rutina y desea que continuamente ocurran nuevas cosas alrededor. Podría atraer fácilmente a compañeros excéntricos, imprevisibles e incapaces de comprometerse. Sus mejores características son el dinamismo y la habilidad para actuar.
El Loco aprende de sus errores. Ese es su secreto.
Su herramienta predilecta es la risa. El
Loco confía plenamente en lo que el universo le ofrece. No tiene miedo. No se lamenta de lo que podría haber hecho o sido. Eso es agua pasada. Crea su futuro en el momento presente, no en el momento pasado o futuro. El pasado y el futuro son una carga innecesaria. El Loco viaja ligero de equipaje porque porta cuanto necesita. El Loco lleva una vida sencilla.
¡La sencillez es la clave de la vida..!
"
(https://tarot.euroresidentes.es/carta/22-xxii-le-mat-el-loco)

lunes, enero 08, 2018

Shine on, You crazy Diamond...


"You reached for the secret too soon..." 

domingo, enero 07, 2018

Such a Shame...


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El hombre de los dados
(Luke Rhinehart, 
pseudónimo de George Cockcroft )
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“La vida se compone de pequeñas islas de éxtasis en un océano de tedio y, después de los treinta años, rara vez se avista tierra. Como mucho, erramos de un banco de arena muy deteriorado a otro y éste nos resulta pronto familiar en cada uno de los granos de arena que vemos.
Cuando les mencioné «el problema» a mis colegas, me aseguraron que la drástica huida de la felicidad era tan natural para un hombre normal como la pérdida de firmeza de su físico y que se debía principalmente a las mismas causas que otros cambios fisiológicos. La intención de la psicología, me recordaron, era reducir el sufrimiento, aumentar la producción, relacionar al individuo con la sociedad y ayudarle a verse y aceptarse a sí mismo. No alterar en la medida de lo posible sus hábitos, valores e intereses sino verlos como son en realidad e intentar aceptarlos.
Siempre me había parecido que ésa era una meta obvia y adecuada para la terapia pero, tras haber sido analizado «con éxito» y después de haber vivido con moderada felicidad y con moderado éxito con una mujer moderada y una familia moderada durante siete años, de pronto, un buen día descubrí, a punto de cumplir treinta y dos años, que quería matarme. Y matar de paso a unos cuantos más...”

“Me encontraba en un callejón sin salida. Por un lado, me aburría, insatisfecho conmigo mismo y con mi vida tal como había transcurrido la pasada década y, por otro, no parecía mejor hacer cambio alguno. Ya era demasiado mayorcito para creer que tumbarme a la bartola en las playas de Tahití, llegar a estrella de la televisión, estar a partir un piñón con Erich Fromm, Teddy Kennedy o Bob Dylan o distraerme en la misma cama con Sophia Loren y Raquel Welch a la vez durante todo un mes o más, cambiaría nada. No importaba cómo me retorciese o me moviese, el caso es que me daba la impresión de tener un ancla en el pecho que tiraba de mí con fuerza, la larga cuerda asomándose contra la pendiente del mar tensa y delgada, como si estuviese fijada en la roca del inmenso núcleo de la tierra. Eso me tenía atrapado y, cuando una tempestad de indiferencia y amargura empezó a soplar, caí y luché contra el áspero y apretado nudo de la cuerda para liberarme, para volar por delante de la tormenta, pero el nudo era cada vez más fuerte, el ancla se hundía en mi pecho cada vez más y allí me quedé. El peso de mí mismo parecía ser inevitable y eterno.
Mis colegas, incluso yo mismo, susurrando con timidez desde nuestros divanes, estábamos de acuerdo en que mi problema era del todo normal: odiaba al mundo y a mí mismo porque había fallado al tratar de afrontar y aceptar mis propias limitaciones y las de la vida. En literatura, este rechazo se llama romanticismo; en psicología, neurosis. La consecuencia de todo esto es que el único e inevitable camino parece ser una vida limitada y aburrida. Empezaba a aceptarlo, después de varios meses de recrearme en la depresión (me había procurado furtivamente un revólver del calibre 38 y nueve balas), cuando llegué a las costas del zen...”

“—¿Qué te pasa? —dijo con brusquedad—. ¿Por qué has perdido fe en la importancia de tu trabajo? Por favor, ¿puedes intentar explicármelo?
Sin premeditación, me levanté de la silla de un salto, como un defensa en el instante del chute del quarterback, y crucé la habitación por delante del doctor Mann hacia la gran ventana de la calle que daba a Central Park.
—Estoy aburrido. Estoy aburrido. Lo siento pero es sólo eso. Estoy enfermo de ayudar a pacientes infelices a convertirse en aburridos normales, enfermo de experimentos triviales, de artículos vacíos…
—Ésos son los síntomas, no el análisis.
—Experimentar algo por primera vez: el primer subidón, el primer viaje al extranjero. Un polvo intenso y feroz con una mujer nueva. El primer cheque de la paga o la sorpresa de ganar una buena apuesta al póquer. La excitante soledad de estar de pie contra el viento en la carretera haciendo autoestop esperando que alguien se detenga y me ofrezca llevarme, quizá a un pueblo tres millas más allá del camino, quizá a una nueva amistad, quizá a la muerte. Esa deliciosa sensación de resplandor que sentía cuando sabía que al fin había escrito un buen artículo, hecho un análisis inteligente o dado un buen revés. La excitación de una nueva filosofía de vida. O una casa nueva. O mi primer hijo. Eso es lo que queremos de nuestras vidas y ahora… parecen vacías y tanto el zen como el psicoanálisis son incapaces de llenarlas.
—Pareces un estudiante de secundaria desilusionado.
—Los mismos viejos paisajes, los mismos viejos polvos, el mismo toma y daca, las mismas caras narcotizadas, desesperadas y repetitivas que aparecen en la consulta para el análisis, el mismo sinsentido. Las mismas viejas filosofías. Y en lo que yo realmente había cimentado mi ego, el psicoanálisis, no parece ni un poco relevante para el problema.
—Es totalmente relevante.
—Porque el análisis, si realmente fuese el camino correcto, debería poder ser capaz de cambiarme a mí, a las cosas y a las personas, eliminar todos los síntomas neuróticos indeseados y hacerlo en mucho menos tiempo que esos dos años necesarios para producir la mayoría de los cambios mensurables en las personas.
—Estás soñando, Luke. No puede hacerse. Tanto en la teoría como en la práctica es imposible librar a un individuo de todos sus hábitos, tensiones, compulsiones e inhibiciones indeseadas.
—Entonces quizá la teoría y la práctica están equivocadas.
—Indudablemente.
—Podemos perfeccionar las plantas, adiestrar a los animales, alterar las máquinas, ¿por qué no los hombres..?”

“Ay, amigos, aquella inocente tarde con Larry me sumió en un estado pensativo, como no lo había estado hasta entonces en toda mi vida de dependencia de los dados. En comparación con la melancólica desorientación en la que yo tantas veces caía antes de cumplir una de sus órdenes, Larry se entregó a los dados con tal desparpajo y alegría que no pude por menos de preguntarme qué era lo que sucedía en la vida de todo ser humano en las dos décadas que iban de los siete a los veintisiete años para acabar convertido de un gatito en una vaca. ¿Por qué los niños suelen parecernos tan espontáneos, alegres y circunspectos, mientras que los adultos nos mostramos especuladores, angustiados y dispersos?
Tenía que ser por la maldita conciencia de poseer un «yo»: por ese sentido de la autoconciencia que tanto reivindican los psicólogos. ¿No podría ser —y este pensamiento me pareció en su momento original—, no podría ser que el desarrollo de la autoconciencia fuera normal y natural, pero en modo alguno inevitable ni deseable? ¿Y si fuera algo así como un apéndice psicológico, como un inútil y anacrónico dolor en el costado? ¿O como los colmillos del mastodonte, una carga pesada, inútil y, en último término, autodestructiva? ¿Y si el sentido de la conciencia de ser alguien representara un error evolutivo, tan desastroso para el ulterior desarrollo de una criatura más compleja como lo era el caparazón para los caracoles y las tortugas?
Él, él, él. ¿Y si…? Admitámoslo: los hombres deben tratar de eliminar el error y lograr para sí mismos y para sus hijos la liberación de la conciencia del propio yo. El hombre debe sentirse a gusto dejándose llevar de un papel a otro, de una jerarquía de valores a otra, de una vida a otra. El hombre debe liberarse de las ataduras, de las pautas y de las exigencias de coherencia, con el fin de ser libre para pensar, sentir y crear buscando caminos nuevos. Los hombres llevan demasiado tiempo admirando a Prometeo y a Marte: nuestro dios debe ser Proteo.
Mis pensamientos me llevaron a un estado de gran agitación: «El hombre debe sentirse a gusto dejándose llevar de un papel a otro».
¿Y por qué no es así? A los tres o cuatro años, los niños aceptan con la misma facilidad ser buenos o malos, americanos o comunistas, estudiantes o de la pasma. Y, sin embargo, a medida que la cultura va moldeándolos, cada niño acaba insistiendo en desempeñar un solo tipo de papel: tiene que ser siempre un buen chico o, por las mismas compulsivas razones, un mal chico o un rebelde. La capacidad para desempeñar y sentir ambos tipos de papeles se ha perdido. Entonces ha comenzado ya a saber quién se espera que sea.
El sentimiento de poseer un yo permanente: ah, cuánto desean tanto padres como psicólogos encerrar a los chicos en una jaula definible. Coherencia, pautas, algo a lo que poder ponerle una etiqueta: eso es lo que queremos de nuestro hijo...”

“¿Y si educásemos a nuestros hijos de forma diferente? ¿Y si les recompensáramos por cambiar sus costumbres, sus gustos, sus papeles, por ser incoherentes? ¿Qué pasaría entonces? Podríamos adiestrarlos para que fueran personas variables en quien confiar, personas conscientemente incoherentes, con determinación para liberarse de sus hábitos… incluidos los buenos.”

“—Toda la puta maquinaria de la sociedad nos ha convertido en hámsteres. No vemos los mundos que llevamos dentro y que esperan la ocasión de salir a la luz. Los actores sólo son capaces de interpretar un papel: ¿quién ha escuchado semejante tontería? Tenemos que crear hombres aleatorios, hombres de los dados. El mundo necesita hombres de los dados. El mundo debe tener hombres de los dados...”

“—Cuando todo el mundo miente acerca de su propio ser en una sociedad poliédrica, tan sólo los enfermos intentan ser honestos y tan sólo los muy enfermos exigen del resto honestidad. Los psicólogos, por supuesto, urgen al paciente para que sea genuino y honesto. Tales métodos…
—Si nuestros métodos son tan nefastos —dijo con dureza el doctor Weinburger—, ¿por qué mejoran algunos pacientes, aunque sea mínimamente?
—Porque los hemos animado a que interpreten nuevos papeles —respondió inmediatamente el doctor Rhinehart—. Ante todo, el papel de «ser honesto», pero también el de sentirse culpable, la conciencia de pecado, el sentirse oprimido, el descubrimiento de sus propias opiniones, la liberación sexual y demás. Evidentemente, el paciente y el terapeuta viven en una ilusión, que están alcanzando deseos verdaderos, cuando no hacen sino liberar y desarrollar nuevos egos diferentes.
—Bien dicho, Luke —dijo el doctor Ecstein.
—Las limitaciones que existen en esta nueva simulación son catastróficas. El paciente se ve empujado a llegar a sus sentimientos «verdaderos» y, por tanto, a ser uno y unitario. Al descubrir personajes que no había vivido en su búsqueda del «yo auténtico», puede experimentar breves periodos de liberación, pero en cuanto se le apremie a entronizar un nuevo yo en tanto que yo verdadero, volverá a sentirse bloqueado y dividido. Únicamente la terapia de los dados admite lo que todos sabemos y optamos por el olvido: el hombre es múltiple..."

sábado, enero 06, 2018

En la Floresta de la Enajenación...

"Vale más Soñar la Vida propia que vivirla, 
aunque vivirla también es Soñarla..."
(Marcel Proust)


Sueño en la Floresta (Agustín Barrios)


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En la Floresta de la Enajenación
(Fernando Pessoa)
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 "Sé que he despertado y que todavía duermo. Mi cuerpo antiguo, molido de que yo viva, me dice que todavía es muy pronto... Me siento febril de lejanía. Me peso, no sé por qué...
En un torpor lúcido, pesadamente incorpóreo, me estanco, entre el sueño y la vigilia, en un sueño que es la sombra de soñar. Mi atención flota entre dos mundos y ve ciegamente la profundidad de un mar y la profundidad de un cielo; y estas profundidades se interpenetran, mezclándose, y yo no sé dónde estoy ni lo que sueño.
Un viento de sombras sopla cenizas de propósitos muertos sobre lo que yo soy de despierto. Cae de un firmamento desconocido un relente tibio de tedio. Una gran angustia inerte me manosea el alma por dentro e, incierta, me agita, como la brisa a los perfiles de las copas.
En la alcoba mórbida y tibia, la alborada de ahí fuera es apenas un hálito de penumbra. Soy todo confusión quieta... ¿Para qué ha de rayar un día?... Me cuesta saber que rayará, como si fuese un esfuerzo mío el que tuviese que hacerlo aparecer.
Con una lentitud confusa, me tranquilizo. Me entorpezco. Floto en el aire, entre velar y dormir, y otra especie de realidad surge, y yo en medio de ella, no sé de qué donde que no es éste...
Surge pero no extingue a ésta, ésta de la alcoba tibia, ésa de una floresta extraña. Coexisten en mi atención esposada las dos realidades, como dos humos que se mezclan.
¡Qué nítido de otro y de él este trémulo paisaje transparente!
¿Y quién es esta mujer que conmigo viste de observada a esta floresta ajena? ¿Para qué tengo que preguntármelo un momento?... Yo no sé querer saberlo...
La alcoba vaga es un cristal oscuro a través del cual, consciente de él, veo este paisaje... y este paisaje lo conozco hace mucho, y hace mucho que con esa mujer que desconozco yerro, otra realidad, a través de la irrealidad de ella. Siento en mí siglos de conocer esos árboles y esas flores y esas vías en desviaciones y ese ser mío que por allí vaga, antiguo y ostensivo a mi mirada, que el saber que estoy en esta alcoba viste de penumbras de ver...
De vez en cuando, por la floresta donde desde lejos me veo y siento, un viento lento barre un humo, y ese humo es la visión nítida y oscura de la alcoba en la que soy actual, de esos vagos muebles y reposteros y de su tibieza de nocturno. Después, este viento pasa y torna a ser todo sólo-él el paisaje de ese otro mundo...
Otras veces, este cuarto estrecho es apenas una ceniza de bruma en el horizonte de esta tierra diferente... Y hay momentos en que el suelo que allí pisamos es esta alcoba visible...
Sueño y me pierdo, doble de ser yo y esa mujer... Un gran cansancio y un fuego negro que me consume... Una gran ansia pasiva es la vida falsa que me oprime...
¡Oh felicidad empañada!... ¡Oh eterno estar en la bifurcación de dos caminos!... Sueño, y por detrás de mi atención sueña alguien conmigo... Y tal vez yo no sea sino un sueño de ese Alguien que no existe...
¡Allá fuera, la alborada tan lejana! ¡La floresta tan aquí ante otros ojos míos!
Y yo, que lejos de ese paisaje casi lo olvido, es al tenerlo cuando siento añoranzas de él, es al recorrerlo cuando lloro y a él aspiro...
¡Los árboles! ¡Las flores! ¡El esconderse frondoso de los caminos!...
Paseábamos a veces, del brazo, bajo los cedros y los algarrobos y ninguno de nosotros pensaba en vivir. Nuestra carne era para nosotros un perfume vago y nuestra vida un eco de rumor de fuente. Nos dábamos la mano y nuestras miradas se preguntaban lo que sería ser sensual y querer realizar en la carne la ilusión del amor...
En nuestro jardín había flores de todas las bellezas... —rosas de contornos enrollados, lirios de un blanco amarilleciéndose, amapolas que estarían ocultas sí su rojo no les atisbase presencia, violetas poco en la margen tizada de los bancales, miosotis mínimos, camelias estériles de perfume... Y, pasmados por cima de las hierbas altas, ojos, los girasoles aislados nos miraban grandemente.
Nosotros rozábamos el alma toda vista por el frescor visible de los musgos y teníamos, al pasar junto a las palmeras, la intuición esbelta de otras tierras. Y el llanto nos subía al recuerdo, porque ni aquí, al ser felices, lo éramos...
Robles llenos de siglos nudosos hacían a nuestros pies tropezar en los tentáculos muertos de sus raíces. Los plátanos se estacaban... Y a lo lejos, entre árbol y árbol de cerca, pendían en el silencio de las glorietas los racimos negreantes de las uvas...
Nuestro sueño de vivir iba delante de nosotros, alado, y nosotros teníamos para él una sonrisa igual y ajena, combinada en las almas, sin mirarnos, sin saber el uno del otro más que la presencia apoyada de un brazo contra la atención abandonada del otro brazo que lo sentía.
Nuestra vida no tenía dentro. Éramos fuera y otros. Nos desconocíamos como si nos hubiéramos aparecido a nuestras almas después de un viaje a través de sueños...
Nos habíamos olvidado del tiempo, y el espacio inmenso se nos había empequeñecido en la atención. Fuera de aquellos árboles cercanos, de aquellas glorietas apartadas, de aquellos montes últimos en el horizonte, ¿habría algo real, merecedor de la mirada abierta que se dirige a las cosas que existen?...
En la clepsidra de nuestra imperfección, gotas regulares de sueño marcaban horas irreales... Nada vale la pena, oh amor mío lejano, sino el saber qué suave es saber que nada vale la pena...
El movimiento parado de los árboles; el sosiego quieto de las fuentes; el hálito indefinible del ritmo íntimo de las savias; el atardecer lento de las cosas, que parece venirles de dentro para dar manos de concordancia espiritual al entristecerse lejano, y próximo al alma, del alto silencio del cielo; el caer de las hojas, acompasado e inútil, gotas de enajenación, en que el paisaje se nos vuelve todo para los oídos y se entristece en nosotros como una patria recordada —todo esto, como un cinturón que se está desatando, nos ceñía inseguramente.
Allí vivimos un tiempo que no sabía transcurrir, un espacio para el que no existía el pensamiento de poder medirlo. Un transcurrir fuera del Tiempo, una extensión que desconocía los hábitos de la realidad en el espacio... ¡Qué horas, oh compañera inútil de mi tedio, qué horas de desasosiego feliz se fingieron nuestras allí!... Horas de ceniza del espíritu, días de nostalgia espacial, siglos interiores de espacio exterior... Y nosotros no nos preguntábamos para qué era aquello, por qué disfrutábamos el saber que aquello no era para nada.
Nosotros sabíamos allí, gracias a una intuición que por cierto no teníamos, que este dolorido mundo en el que seríamos dos, si existía, era más allá de la línea extrema donde las montañas son hálitos de formas, y más allá de ésa no había nada. Y era debido a la contradicción de saber esto por lo que nuestra hora de allí era oscura como una caverna en tierra de supersticiosos, y nuestro sentirla, extraño como una silueta de ciudad morisca contra un cielo de crepúsculo autumnal...
Orillas de mares desconocidos tocaban, en el horizonte de oírnos, playas que nunca podríamos ver, y era nuestra felicidad escuchar, hasta verlo en nosotros, ese mar por el que sin duda singlaban carabelas con otros fines al recorrerlo que los fines útiles y dirigidos desde la Tierra.
Reparábamos de repente, como quien se da cuenta de que vive, en que el aire estaba lleno de cantos de aves, y que, como perfumes antiguos en satén, la marejada restregada de las hojas estaba más entrañada en nosotros que la conciencia de oírla.
Y, así, el murmullo de las aves, el susurro de las arboledas y el fondo monótono y olvidado del mar eterno ponían a nuestra vida abandonada una aureola de no conocerla. Dormimos allí despiertos días, contentos de no ser nada, de no tener deseos ni esperanzas, de habernos olvidado del color de los amores y del sabor de los odios. Nos creíamos inmortales...
Allí vivimos horas llenas de otro sentirlas, horas de una imperfección vacía y tan perfectas por eso, tan diagonales a la certidumbre rectangular de la vida... Horas imperiales depuestas, horas vestidas de púrpura gastada, horas caídas en este mundo desde otro mundo más lleno del orgullo de tener más desmanteladas angustias...
Y nos dolía disfrutar aquello, nos dolía... Porque, a pesar de lo que tenía de exilio sosegado, todo aquel paisaje nos sabía a que éramos de este mundo, todo él estaba húmedo de la pompa de un vago tedio, triste y enorme y perverso como la decadencia de un imperio desconocido...
En las cortinas de nuestra alcoba, la mañana es una sombra de luz. Mis labios, que yo sé que están pálidos, le saben el uno al otro a no querer tener vida.
El aire de nuestro cuarto neutro es pesado como un repostero. Nuestra atención soñolienta para el misterio de todo esto es indolente como una cola de vestido arrastrada en un ceremonial durante el crepúsculo.
Ninguna ansia nuestra tiene razón de ser. Nuestra atención es un absurdo consentido por nuestra inercia alada.
No sé qué óleos de penumbra ungen a nuestra idea de nuestro cuerpo. El cansancio que tenemos es la sombra de un cansancio. Nos viene de muy lejos, como nuestra idea de que existe nuestra vida...
Ninguno de nosotros tiene nombre o existencia plausible. Si pudiésemos ser ruidosos hasta el punto de imaginarnos riendo, nos reiríamos sin duda de creernos vivos. El frescor calentado de la sábana nos acaricia (a ti como a mí ciertamente) los pies que se sienten, el uno al otro, desnudos.
Desengañémonos, amor mío, de la vida y de sus maneras. Huyamos a ser nosotros... No nos quitemos del dedo el anillo mágico que llama, cuando se lo mueve, a las hadas del silencio y a los elfos de la sombra y a los gnomos del olvido...
Y he aquí que, al ir a soñar en hablar de ella, surge otra vez ante nosotros la floresta mucha, pero ahora más perturbada que nuestra perturbación y más triste que nuestra tristeza. Huye de delante de ella, como una niebla que se deshoja, nuestra idea del mundo real, y yo me poseo otra vez en mi sueño errante, que esa floresta misteriosa enmarca...
¡Las flores, las flores que he vivido allí! Flores que la vista traducía a sus nombres, al conocerlas, y cuyo perfume el alma cogía, no de ellas, sino en la melodía de sus nombres... Flores cuyos nombres eran, repetidos en secuencia, orquestas de perfumes sonoros... Árboles cuya voluptuosidad verde ponía sombra y frescor en como eran llamados... Frutos cuyo nombre era un clavar de dientes en el alma de su pulpa... Sombras que eran reliquias de antaños felices... Claros, claros altos, que eran sonrisas más francas del paisaje que se bostezaba en próximo...' ¡Oh horas multicolores!... Instantes-flores, minutos-árboles, ¡oh tiempo detenido en espacio, tiempo muerto de espacio y cubierto de flores, y del perfume de flores, y del perfume de nombres de flores!...
¡Locura de sueño en aquel silencio ajeno!... Nuestra vida era toda la vida... Nuestro amor era el perfume del amor... Vivíamos horas imposibles, llenas de ser nosotros... Y esto porque sabíamos, con toda la carne de nuestra carne, que no éramos una realidad...
Éramos impersonales, huecos de nosotros, otra cosa cualquiera... Éramos aquel paisaje esfumado en conciencia de sí mismo... Y así como él era dos —de realidad que era, e ilusión—, así éramos nosotros oscuramente dos, no sabiendo bien ninguno de nosotros si el otro no era él-mismo, si el incierto otro viviría...
Cuando emergíamos de repente ante el estancamiento de los lagos, nos sentíamos queriendo sollozar... Allí, aquel paisaje tenía los ojos llenos de lágrimas, ojos parados, llenos del tedio innumerable de ser... Llenos, sí, del tedio de ser, de tener que ser algo, realidad o ilusión; y ese tedio tenía su patria y su voz en la mudez y en el exilio de los lagos... Y nosotros, caminando siempre y sin saberlo o quererlo, parecía, aun así, que nos demorábamos a la orilla de aquellos lagos, tanto de nosotros quedaba y moraba con ellos, simbolizado y absorto...
¡Y qué fresco y feliz horror el de no haber allí nadie! Ni nosotros, que por allí íbamos, allí estábamos... Porque nosotros no éramos nadie. Ni siquiera éramos algo... No teníamos vida que la muerte necesitase para matarla. Éramos tan tenues y rastreritos que el viento del transcurrir nos había dejado inútiles y el tiempo pasaba por nosotros acariciándonos como una brisa por la cima de una palmera.
No teníamos época ni propósito. Toda la finalidad de las cosas y de los seres se nos quedo a la puerta de aquel paraíso de ausencia. Se había inmovilizado, para sentirnos sentirla, el alma rugosa de los troncos, el alma extendida de las hojas, el alma núbil de las flores, el alma inclinada de los frutos...
Y así morimos nuestra vida, tan atentos separadamente muriéndola que no reparamos en que éramos uno solo, que cada uno de nosotros era una ilusión del otro, y cada uno, dentro de sí, el mero eco de su propio ser...
Zumba una mosca, incierta y mínima...
Rayan en mi atención vagos ruidos, nítidos y dispersos, que hinchen de ser ya de día a mi conciencia de nuestro cuarto... ¿Nuestro cuarto? ¿Nuestro de qué dos, si yo estoy solo? No lo sé. Todo se funde y sólo queda, huyendo, una realidad-bruma en que mi incertidumbre zozobra y mi comprenderme, arrullado por opios, se duerme...
La mañana ha roto, como una caída, desde la cima pálida de la Hora...
Han terminado de arder, amor mío, en el hogar de nuestra vida, las astillas de nuestros sueños...
Desengañémosnos de la esperanza, porque traiciona, del amor, porque cansa, de la vida, porque harta y no sacia, y hasta de la muerte, porque trae más de lo que se quiere y menos de lo que se espera.
Desengañémosnos, oh Velada, de nuestro propio tedio, porque se envejece de sí mismo y no osa ser toda la angustia que es.
No lloremos, no odiemos, no deseemos...
Cubramos, oh Silenciosa, con un sudario de lino fino el perfil rígido y muerto de nuestra Imperfección..."

viernes, enero 05, 2018

Wonderful Life...


jueves, enero 04, 2018

Enjoy the Silence...


lunes, diciembre 25, 2017

The Neverending Story...


domingo, diciembre 24, 2017

Once Upon a Time...



"Once upon a time..."

jueves, diciembre 21, 2017

Winter Solstice Song...


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(Pijamasurf)
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"El solsticio de invierno es una fecha sumamente especial para aquellas personas que consideran que vivimos en una relación de interdependencia con la naturaleza y que, como si fuere, vivimos interpenetrados por el cosmos. Para la mayoría de las antiguas tradiciones el hombre y la naturaleza terrestre eran un microcosmos que reflejaba los principios del macrocosmos o del cielo, así la vida humana dependía y encontraba sentido en su relación con el universo y la deidad. Esta relación se hacía patente particularmente con los equinoccios y los solsticios, fechas que, además de marcar el cambio de estación y con esto un nuevo aspecto de energía arquetípica o procesal, eran utilizadas como hitos o marcadores dentro del calendario religioso. Eran de alguna manera los cumpleaños y santorales de los dioses y las potencias de la naturaleza.

Este 21 de diciembre del 2017 se celebra el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Esta fecha era especialmente celebrada como la muerte y el renacimiento del sol (el Sol Invictus). El inicio del invierno y la caída de la fuerza vital tienen en su anverso ya, el renacimiento del Sol, ya que si bien hoy es el día más oscuro del año en lo siguientes días el día empezará a ganar luz, para llevar a la naturaleza a la fruición. 

En un sentido esotérico el solsticio tiene que ver con el logro místico de la inmortalidad.  El neoplatónico Porfirio escribe en su Cueva de las Ninfas:

Algunos de estos teólogos consideran a Cáncer y a Capricornio como dos puertos; Platón los llama las dos puertas. De ellas, afirman que Cáncer es la puerta a través de la cual las almas descienden, y Capricornio aquella a través de la cual ascienden, y cambian una condición material por una condición divina del ser. Cáncer, de hecho, está al norte y adaptado al descenso: pero Capricornio, está al sur, y acomodado para el ascenso. Y así es, las puertas de la cueva que mira hacia el norte tienen gran portento, el cual se dice que es previo al descenso del hombre: pero las puertas del sur no son las avenidas de los dioses, sino de las almas ascendiendo a los dioses. Bajo esta consigna, el poeta [Homero] no dice que sean el pasaje de los dioses, sino de los inmortales; dicha apelación es común a nuestras almas, ya sea en toda su esencia, o en particular en una porción excelsa, son denominadas inmortales. 

[..] Los romanos celebran su Saturnalia cuando el Sol está en Capricornio, y en esta festividad, los sirvientes usan los zapatos de aquellos que están libres, y todas las cosas son distribuidas comunalmente entre ellos; el legislador sugiriendo con esta ceremonia, que aquellos que son sirvientes en el presente, serán más tarde liberados por el festejo de la Saturnalia, y por la casa atribuida a Saturno, i.e. Capricornio; cuando revivan en el signo, y se hayan despojado de las vestimentas materiales de la generación, regresarán a su felicidad prístina, a la fuente de la vida

El filósofo canadiense Manly P. Halla habla sobre el simbolismo espiritual de la luz:

La adoración de la naturaleza es la adoración de las realidades de las cosas con una humilde resolución de aprender las lecciones de la luz y la vida, de que, con el tiempo, nos convirtamos en honrados sirvientes de esta Casa de la Refulgencia. Todas las religiones han tenido dioses de la luz y estos dioses de la luz son dioses del amor. Son deidades que protegen, preservan, elevan y redimen toda forma de vida en la naturaleza. 

Y dentro de esta luz tenemos todas las leyes de la vida, y las leyes de la vida son los mandamientos, los métodos, los principio a través de los cuales la vida logra la perfección.

El Sol es vida, y esta vida es la propiedad común en todas las cosas, el poder del cual dependemos. Desde el más pequeño átomo hasta la más grande estrella, la luz es un símbolo de la presencia de la vida. Esta vida es una promesa, algo que debemos de comprender, esta luz no es algo que se encendió súbitamente de la nada, en un antiguo eón, esta luz es eterna. Por ello la vida es eterna, la inmortalidad es una certidumbre, el crecimiento es inevitable. Porque todas las cosas buenas, todas las revelaciones, están basadas en la inevitable  e inmediata y eterna presencia de la vida. La vida es por ello algo muy sagrado y al observar su descenso a través de los diferentes ordenes de creación, vemos que la vida se difunde en el ser humano. Hay vida en nosotros y esta vida en nosotros ha hecho su tabernáculo en la carne.

El solsticio de invierno es entonces está oportunidad de sintonizar o resonar con este proceso de la naturaleza de muerte-renacimiento (la muerte en la naturaleza es siempre transformación). Muerte que es necesaria para crecer y liberarse de viejas ataduras; y para morir es necesario entregarse, soltar y vaciarse. Dejar de aferrarse a la identidad y abrazar el proceso en sí de la vida, la cual no nos pertenece, sino que somos apenas una expresión particular dentro de su infinita unidad. Como escribió Emerson: "no somos nada, pero esa luz es todo"..."

lunes, diciembre 11, 2017

Cruel Thing...


domingo, diciembre 10, 2017

Larguémonos, Chica, hacia el Mar...



"Quítate la ropa, así está bien 
no dejes nada por hacer 
si has venido a comprarme, lárgate 
si vas a venir conmigo, agárrate..."


viernes, diciembre 08, 2017

The Sandman...


"- ¿Sabes de que están hechos los Sueños?
- ¿Hechos? Sólo son Sueños...
- No. No lo son. La gente cree que no son reales porque no son materia, particulas. Son reales. Están hechos de puntos de vista, imágenes, recuerdos, juegos de palabras y esperanzas perdidas..."

jueves, diciembre 07, 2017

We´re Dead to the World...


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LOS MÁS RAROS
(Charles Bukowsky)
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no es frecuente verlos
porque donde hay multitud
no están
ellos.

esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos
provienen
los pocos
cuadros buenos
las pocas
buenas sinfonías
los pocos
libros buenos
y otras obras.

y de los
mejores tipos
raros
quizá
nada.

ellos son
sus propios
cuadros
sus propios
libros
su propia
música
su propia
obra.

a veces me parece
verlos;
por ejemplo
cierto
viejo
sentado en
cierto banco
de un cierto
modo

o
un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección
contraria

o
cierto movimiento
de manos
del chico o la chica
del supermercado
mientras meten
la compra
en las bolsas.

a veces
es incluso alguien
con el que has
estado viviendo
un tiempo:
notas
una
mirada
de rápida iluminación
que nunca
le habías visto
antes.

a veces
sólo notarás
su
existencia
repentinamente
en un
vívido
recuerdo
algunos meses
algunos años
después de que se hayan
ido.

recuerdo
a uno:
tenía unos
20 años
iba borracho a
las 10 de la mañana
se miraba en
un espejo
resquebrajado
de Nueva Orleans

un rostro soñador
contra los
muros del mundo.
¿Qué
ha sido
de mí..?

miércoles, diciembre 06, 2017

Everybody Knows...


martes, diciembre 05, 2017

Aunque tú no lo sepas...

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Aunque tú no lo sepas
(Luis García Montero)
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 "Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...


Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.


También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.


Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento..." 


Aunque tú no lo sepas
(Enrique Urquijo y Los Problemas)

domingo, diciembre 03, 2017

Esperando Nada...



Esperando Nada...
(Antonio Vega)

miércoles, noviembre 29, 2017

The Calling...



"Jocelyn Pook - The Calling..."

viernes, noviembre 24, 2017

El lado oscuro del Corazón...




Oliveiro:  "Y por qué, digo yo si no es una pregunta muy indiscreta, por qué no escribís en un papel como escribimos todos?"

Alejandra: "Eso es para los escritores, para mi la poesía es la Vida, entonces, no veo por qué circunscribirla a un pedazo de papel. Por qué tendría que escribirla en otra cosa que no fuera la Vida? Después de todo nunca es eso lo que uno quiere decir? Todo lo que se puede decir es mentira, el resto es silencio, solo que el silencio no existe..."

Oliveiro: "No"

Alejandra: "Las palabras no hacen el Amor, hacen la ausencia. Si digo agua beberé? Si digo pan comeré? Lo que pasa con el Alma es que no se ve. Lo que pasa con el Espíritu es que no se ve. De dónde viene esa conspiración de invisibilidades? Ninguna palabra es visible...

(Fragmento de "En esta noche, en este mundo" - Alejandra Pizarnik)