Mundo Fusion

martes, enero 10, 2017

The Guardian...



"The Guardian is a free interpretation of the parable “Before the Law” from Kafka’s book “The Trial”. A peasant after traveling the world arrives in front of a gate, controlled by a fearsome Guardian. The peasant tries to pass through but the Guardian denies him entrance. Peasant and Guardian are the same character, the peasant, like each one of us, in front of his own fear; the guardian, something shapeless, that surround and control him. The Door/Gate the possibilities we encounter during our life..."

lunes, enero 09, 2017

La Filosofía Perenne...

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La Filosofía Perenne
(Aldous Huxley) 
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"Philosophia Perennis: la frase fue acuñada por Leibniz; pero la cosa —la metafísica que reconoce una divina Realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la divina Realidad, o aun idéntico a ella; la ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo el ser—, la cosa es inmemorial y universal. Pueden hallarse rudimentos de la Filosofía Perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las regiones del mundo, y en sus formas plenamente desarrolladas tiene su lugar en cada una de las religiones superiores. Una versión de este Máximo Factor Común en todas las precedentes y subsiguientes teologías fue por primera vez escrita hace más de veinticinco siglos, y desde entonces el inagotable tema ha sido tratado una y otra vez desde el punto de vista de cada una de las tradiciones religiosas y en todos los principales idiomas de Asia y Europa..."

"(...) Podemos comprender algo de lo que está más allá de nuestra experiencia considerando casos análogos que se hallan dentro de ella. Así, las relaciones subsistentes entre el mundo y Dios y entre Dios y la Divinidad parecen ser análogas, en cierto grado por lo menos, a las existentes entre el cuerpo (con lo que lo rodea) y la psique, y entre la psique y el espíritu. A la luz de lo que sabemos sobre las segundas —y lo que sabemos no es, infortunadamente, mucho— acaso seamos capaces de formarnos algunas nociones, no demasiado inadecuadas, de las primeras. 

La mente afecta al cuerpo de cuatro modos: subconscientemente, mediante la inteligencia fisiológica, increíblemente sutil, que Driesch hipostatizó con el nombre de entelequia; conscientemente, por actos premeditados de la voluntad; subconscientemente también, por la reacción, en el organismo físico, de estados emotivos que no tienen nada que ver con los órganos o procesos sobre los cuales reaccionan; y, sea consciente o subconscientemente, en ciertas manifestaciones "supranormales". Fuera del cuerpo, la materia puede ser influida por la mente de dos modos; primero, por medio del cuerpo y, segundo, por un proceso "supranormal", recién estudiado en condiciones de laboratorio y descrito como "el efecto PK". De modo similar, la mente puede establecer relaciones con otras mentes, ora indirectamente, ordenando a su cuerpo emprender actividades simbólicas, tales como hablar o escribir; o "supranormalmente", por la vía directa de la lectura del pensamiento, telepatía, percepción extrasensoria.

Consideremos estas relaciones algo más detalladamente. En ciertas esferas, la inteligencia fisiológica obra por iniciativa propia, como cuando dirige, por ejemplo, la incesante función respiratoria, o la asimiladora. En otras, actúa a requerimiento de la mente consciente, como cuando tenemos la voluntad de cumplir alguna acción, pero no actuamos ni podemos actuar los medios musculares, glandulares, nerviosos y vasculares que llevan al fin deseado. El acto, aparentemente simple, del remedo, ilustra bien el extraordinario carácter de los hechos realizados por la inteligencia fisiológica. Cuando un loro (empleando, recordémoslo bien, pico, lengua y garganta de ave) imita los sones producidos por los labios, dientes, paladar y cuerdas vocales de un hombre que articula palabras, ¿qué es lo que precisamente sucede? Respondiendo de algún modo, todavía enteramente incomprendido, al deseo de la mente consciente, de imitar algún suceso recordado o inmediatamente percibido, la inteligencia fisiológica pone en marcha gran número de músculos y coordina sus esfuerzos con tan exquisita destreza que el resultado es una copia más o menos perfecta del original. Obrando en su propio plano, la mente consciente, no ya de un loro, sino del ser humano mejor dotado, se hallaría completamente desconcertada ante un problema de complejidad comparable.
 
Como ejemplo del tercer modo en que nuestras mentes afectan la materia, podemos citar el familiarísimo fenómeno de la "indigestión nerviosa". En ciertas personas hacen su aparición síntomas de dispepsia cuando la mente consciente está turbada por emociones negativas como temor, envidia, ira u odio. Estas emociones van dirigidas a sucesos o personas del ambiente externo; pero de algún modo afectan adversamente la inteligencia fisiológica, y este desarreglo da por resultado, entre otras cosas, la "indigestión nerviosa". Se ha descubierto que, de la tuberculosis y la úlcera gástrica a enfermedades del corazón y aun caries dentales, numerosas dolencias físicas están estrechamente relacionadas con ciertos indeseables estados de la mente consciente. Recíprocamente, todo médico sabe que un paciente tranquilo y animado tiene más probabilidades de reponerse que el que se siente agitado y deprimido.

Finalmente, llegamos a ocurrencias tales como la curación por la fe y la levitación —ocurrencias "supra-normalmente" extrañas, sin embargo apoyadas por montones de testimonios que es difícil descontar completamente. Ignoramos cómo la fe cura enfermedades (sea en Lourdes o en el despacho del hipnotizador) o cómo San José de Cupertino pudo prescindir de las leyes de la gravitación. (Pero recordemos que nuestra ignorancia no es menor acerca de la manera como mentes y cuerpos están relacionados en las más ordinarias actividades cotidianas.) Del mismo modo,
no podemos formarnos idea alguna del modus operandi de lo que el profesor Rhine llama el efecto PK. Sin embargo, el hecho de que la caída de los dados puede ser influida por los estados mentales de ciertos individuos parece haberse establecido ya fuera de toda posibilidad de duda. Y si el efecto PK puede demostrarse en el laboratorio y medirse por métodos estadísticos, es obvio que la credibilidad intrínseca de las esparcidas pruebas anecdóticas de la influencia directa de la mente sobre la materia, no solamente dentro del cuerpo sino fuera, en el mundo externo, es por ello notablemente aumentada. Lo mismo ocurre con la percepción extrasensorial. Aparentes ejemplos de ésta se presentan constantemente en la vida ordinaria. Pero la ciencia es casi impotente para habérselas con el caso particular, el ejemplo aislado. Elevando su ineptitud metodológica al rango de criterio de la verdad, científicos dogmáticos han estigmatizado todo lo que se encuentra más allá de la esfera de su limitada competencia como irreal y aun imposible. Pero cuando las pruebas de la ESP pueden repetirse en condiciones regularizadas, la materia entra en la jurisdicción de la ley de probabilidades y logra (¡contra qué apasionada oposición!) cierto grado de respetabilidad científica. 

Tales, muy breve y escuetamente expuestas, son las cosas más importantes que sabemos de la mente acerca de su capacidad para influir la materia. Fundándonos en este modesto conocimiento sobre nosotros mismos, ¿qué tenemos derecho a concluir respecto al divino objeto de nuestra casi total ignorancia?

Primero, en cuanto a la creación: si una mente humana puede influir directamente la materia, no solamente dentro de su cuerpo, sino también fuera de él, puede presumirse que una mente divina, inmanente en el universo o trascendente hacia él, será capaz de imponer formas a un preexistente caos de materia amorfa, o aun, quizá, de dar, con su pensamiento, existencia a la sustancia, así como a las formas.

Una vez creado o divinamente informado, el universo ha de ser sustentado. La necesidad de una continua recreación del mundo se pone de manifiesto según Descartes, "cuando consideramos la naturaleza del tiempo, o la duración de las cosas; pues ésta es de tal carácter que sus partes no son mutuamente dependientes y nunca son coexistentes; y, por tanto del hecho de que somos ahora no se sigue necesariamente que seremos después, de no ser que alguna causa, a saber, la que primero nos produjo, vaya, por así decirlo, reproduciéndonos constantemente, esto es, nos conserve". Parece que tenemos aquí algo análogo, en el plano cósmico, a la inteligencia fisiológica que, en los hombres y los animales inferiores, realiza vigilantemente la tarea de hacer que nuestros cuerpos funcionen como es debido. En el hecho, la inteligencia fisiológica puede plausiblemente considerarse como un aspecto especial del general Logos recreador. En la fraseología china es el Tao según se manifiesta en el plano de los cuerpos vivientes.

Los cuerpos de los seres humanos son afectados por el buen o mal estado de sus mentes. De modo análogo, la existencia, en el corazón de las cosas, de una serenidad y buena voluntad divinas puede considerarse como una de las razones por las que la enfermedad del mundo, aunque crónica, no ha resultado fatal. Y si, en el universo psíquico, hubiese otras conciencias, más que humanas, obsesionadas por pensamientos de maldad, egoísmo y rebelión, ello explicaría quizás algunas de las más extravagantes e improbables perversidades de la conducta humana. Los actos queridos por nuestras mentes se cumplen sea por medio de la inteligencia fisiológica y el cuerpo o, muy excepcionalmente y en limitada extensión, por medios directos supranormales de la variedad PK. Análogamente, las situaciones físicas queridas por una Providencia divina pueden ser dispuestas por una Mente perpetuamente creadora que sustenta el universo —y en este caso la Providencia cumplirá su tarea por medios completamente naturales, o en otro caso, de modo muy excepcional, la divina Mente puede actuar en forma directa sobre el universo desde fuera, por así decirlo— y en este caso las obras de la Providencia y los dones de la gracia aparecerán como milagrosos. De modo análogo, la divina Mente puede decidir comunicarse con mentes finitas, sea manipulando el mundo de los hombres y las cosas de manera que la mente particular que ha de ser alcanzada en aquel momento hallará significativas; o, en otro caso, puede haber comunicación directa por algo parecido a la transmisión del pensamiento..."

sábado, enero 07, 2017

Nietzsche y Baudelaire: poetas en la intemperie...

A partir del minuto 36:35...
CARLOS SANCHO: “Nietzsche y Baudelaire: poetas en la intemperie”


jueves, enero 05, 2017

J´acusse...


J'veux qu'on baise sur ma tombe...


martes, enero 03, 2017

Lo Desconocido...


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Lo Desconocido (Camile Flammarion)
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INTRODUCCIÓN

Las aspiraciones universales y constantes de la humanidad que piensa, el recuerdo y el respeto de los muertos, la idea innata de una justicia inmanente, el sentimiento de nuestra conciencia y de nuestras facultades intelectuales, la miserable incoherencia de los destinos terrestres comparada con el orden matemático que rige al universo, el inmenso vértigo de infinito y de eternidad suspendido en las alturas de una noche estrellada, la identidad permanente de nuestro yo en el fondo de todos nuestros conceptos a pesar de las variaciones y de las transformaciones de la substancia cerebral, todo concurre a establecer en nosotros la convicción de la existencia del alma como entidad individual, de su supervivencia a la destrucción de nuestro organismo corporal y de su inmortalidad.
 
La demostración científica, sin embargo, no está todavía hecha y los fisiólogos enseñan, por el contrario, que el pensamiento es una función del cerebro, que sin éste no hay pensamiento y que todo muere con nosotros. Hay contradicción entre las aspiraciones ideales de la humanidad y lo que se llama la ciencia positiva. 

Por otra parte, no se sabe ni se puede afirmar más que lo que se ha aprendido. Sólo la ciencia progresa en la historia actual de la humanidad. La Ciencia ha transformado el mundo, aunque sea raro que se le haga la justicia y se le rinda el agradecimiento que le son debidos. Por ella vivimos intelectualmente y hasta materialmente hoy en día. Ella sola puede esclarecernos y conducirnos.
 
Esta obra es un ensayo de análisis científico de asuntos considerados en general como extraños a la ciencia y hasta como inciertos, fabulosos y más ó menos imaginarios.

Voy a demostrar que eso hechos existen.

Voy a tratar de aplicar los métodos de las ciencias de observación al análisis de unos fenómenos relegados generalmente al dominio de los cuentos, de lo maravilloso y de lo sobrenatural, y a establecer que son producidos por fuerzas todavía desconocidas y pertenecientes a un mundo invisible, natural y diferente del que perciben nuestros sentidos. 

¿Esta tentativa es racional? ¿Es lógica? ¿Puede conducir a algún resultado? Lo ignoro. Pero es interesante y si nos pone en camino de conocer la naturaleza del alma humana y de demostrar científicamente su supervivencia, hará realizar a la humanidad un progreso superior a todos los que ha producido hasta hoy la evolución gradual de todas las demás ciencias reunidas.
 
La razón humana no puede admitir como cierto sino lo que está demostrado, pero, por otra parte, no tenemos derecho de negar nada de antemano, porque el testimonio dé nuestros sentidos es incompleto y engañoso. Debemos abordar todo asunto de estudio sin ninguna idea preconcebida y estar dispuestos a admitir lo que se nos pruebe, pero no lo que no esté probado. En general, en estos asuntos relacionados con la telepatía, las apariciones, la vista a distancia, la sugestión mental, los sueños premonitorios, el magnetismo, las manifestaciones psíquicas, el hipnotismo, el espiritismo y ciertas creencias religiosas, es inaudito el ver cuán poca crítica esclarecida se ha dedicado a las cosas en discusión y qué incoherente conjunto de tonterías se ha acogido como verdades. ¿Pero es aplicable a todas estas investigaciones el método de observación científica? Esto es lo que debemos apreciar desde luego por las mismas investigaciones. 

En principio, no debemos creer nada sin pruebas.

No hay más que dos métodos en este mundo: el de la antigua escolástica, que afirmaba ciertas verdades a priori, a las que los hechos estaban obligados a conformarse, y el de la ciencia moderna desde Bacón, que parte de la observación de los hechos y no construye la teoría hasta después de haberlos hecho constar. Inútil añadir que el segundo de estos métodos es aquí el único aplicable.
 
El objeto de esta obra es esencialmente científico. Por principio dejaré a un lado las cosas que no me parezca que han sido certificadas por la observación o por la experiencia. Muchos dicen: «¿Para qué buscar? No encontraréis nada. Son secretos que Dios se reserva.» Siempre ha habido personas que han preferido la ignorancia al saber. Con ese modo de razonar y de obrar, jamás se hubiera sabido nada y más de una vez ha sido aplicado también a las investigaciones astronómicas. Es el razonamiento de los que no tienen costumbre de pensar personalmente y confían a pretendidos directores el cuidado de tener sus conciencias en andadores.

Otros objetan que esos capítulos de las ciencias ocultas hacen retroceder nuestros conocimientos hasta la edad media, en vez de adelantarlos hacia el porvenir luminoso del progreso moderno. Pues bien, el estudio razonado de estos hechos no puede conducirnos a los tiempos de las brujerías, como el de los fenómenos astronómicos no nos lleva al tiempo de la astrología.

Al empezar esta obra, acabo de ver el prefacio del libro del conde Agenor de Gasparín sobre Las mesas giratorias y de leer en él lo que sigue:

«Hay una palabra, una palabra dura, que pide ser esclarecida: «el asunto de mi trabajo no es serio.» En otros términos, no queremos saber si tiene usted o no razón; nos basta observar que la verdad que usted pretende defender no está en el número de las verdades patentadas y autorizadas, de las verdades en que se puede uno ocupar sin comprometerse, de las verdades confesables, de las verdades serias. ¡Existen verdades ridículas! ¡Peor para ellas! Llegará acaso su turno y entonces las personas que se respetan se dignarán tomarlas bajo su protección, pero entretanto, mientras haya individuos que frunzan el ceño, mientras haya ciertos salones que se burlen, será de mal gusto afrontar el anatema de la opinión impuesta. No nos hable usted de la verdad. Se trata de las conveniencias, del buen tono, de permanecer en el surco por el que marchan en fila los hombres serios» 

Estas palabras, escritas hace cerca de medio siglo, son aún verdaderas. Nuestra, pobre especie humana, tan ignorante de todo y cuyas horas pasan, en general, tan estúpidamente, comprende en sus filas algunos individuos que se admiran seriamente a sí mismos y juzgan a los hombres y a las cosas. Cuando se estudia una cuestión cualquiera, el solo partido que hay que tomar es el de no preocuparse de esos individuos ni de su opinión pública o privada e ir en derechura a la investigación de la verdad. Las tres cuartas partes de la humanidad están compuestas de seres todavía incapaces de comprender esa investigación y que viven sin pensar por ellos mismos. Dejémosles con sus juicios superficiales y desprovistos de valor real.
 
Hace mucho tiempo que me ocupo de estas cuestiones en las horas libres de mis trabajos astronómicos. Tengo a la vista mi antigua tarjeta de «miembro libre de la Sociedad parisiense de estudios espiritistas», firmada por Allan Kardec. Está fechada el 15 de noviembre de 1861. (Tenía yo entonces diez y nueve años y hacía tres que era alumno-astrónomo en el Observatorio de París.) Desde hace más de un tercio de siglo estoy al corriente de los fenómenos observados por todo el globo y he examinado la mayor parte de los «médiums». Siempre me ha parecido que esos fenómenos merecían ser estudiados con un espíritu de libre examen y he creído en muchas circunstancias que debía insistir sobre ese punto. A causa, sin duda, de esa larga experiencia mía, se ha insistido tanto en reclamarme la redacción de esta obra.
 
Acaso también la práctica habitual de los métodos experimentales y de las ciencias de observación asegura una censura más digna de confianza que las vagas aproximaciones con que se contenta la vida ordinaria.

Pero yo dudaba, sin embargo. ¿Ha llegado verdaderamente el tiempo oportuno? ¿Se está suficientemente preparado? ¿El fruto está maduro?

Se puede, con todo, empezar. Los siglos desarrollarán el germen.

Este es, pues, un libro de estudios, concebido y hecho con el único fin de conocer la realidad sin preocuparse de las ideas generalmente admitidas hasta ahora y con la independencia de espíritu más completa y el olvido más absoluto de la opinión pública.

Hay que reconocer, por otra parte, que si este trabajo es interesante desde el punto de vista de la investigación de verdades desconocidas, es muy ingrato considerado ante la opinión. Casi todo el mundo desaprueba a los que le consagran algún tiempo. Los hombres de ciencia piensan que no es un asunto científico y que siempre es lamentable que se pierda el tiempo.
 
Las personas por el contrario, que creen ciegamente en les comunicaciones espiritistas, en los ensueños, en los presentimientos y en las apariciones, encuentran inútil que se lleve a estos asuntos un espíritu crítico de análisis y de examen. No se nos oculta tampoco que el asunto resulta impreciso y obscuro y que nos costará gran trabajo iluminarlo con una verdadera luz. Pero si este trabajo no sirviera más que para aportar una piedrecilla al edificio de los conocimientos humanos, estaría muy contento de haberlo emprendido.
 
Parece que lo más difícil para el hombre es permanecer absolutamente independiente do toda ambición personal, decir lo que piensa y lo que sabe, sin cuidarse para nada de la opinión que se pueda formar de él y desinteresándose de todo. El practicar la noble divisa de Juan Jacobo no produce más que enemigos, porque la humanidad es ante todo una raza egoísta, grosera; ignorante, cobarde e hipócrita. Los seres que viven para la inteligencia y para el corazón son excepcionales.

Y lo que hay acaso más curioso es que la libre investigación de la verdad es desagradable a todo el mundo, pues cada cual tiene sus pequeños prejuicios de los que no quiere desprenderse. 

Si digo, por ejemplo, que la inmortalidad del alma, que ya enseña la filosofía, será pronto probada experimentalmente por las ciencias físicas, más de un escéptico sonreirá ante mi afirmación.

Si digo, por el contrario, que el espiritista que llama a su velador a Sócrates o a Newton, a Arquímedes o a San Agustín, y que cree conversar con ellos, está engañado por una ilusión, todo un partido me arrojará piedras y anatemas.

Pero, una vez más, no nos preocupemos de esas diversas opiniones.

¿A qué conducen esos estudios sobre los problemas psíquicos? se puede preguntar.

A demostrar que el alma existe y que las esperanzas de inmortalidad no son quimeras.

El materialismo es una hipótesis que no se puede sostener desde que conocemos mejor «la materia». Ésta no ofrece ya el sólido punto de apoyo que se creía. Los cuerpos están compuestos de miríadas de átomos movibles e invisibles que no se tocan y están en movimiento perpetuo los unos alrededor de los otros. Estos átomos infinitamente pequeños están ahora considerados, ellos mismos, como centros de fuerza. ¿Dónde está, pues, la materia? La materia desaparece bajo el dinamismo.

Una ley intelectual rige al universo, en cuya organización nuestro planeta no es más que un humilde órgano: la ley del Progreso. En mi obra "El Mundo antes de la creación del hombre" he demostrado que el transformismo de Lamarck y de Darwin no es más que una observación de hechos y no una causa (el producto no puede nunca ser superior a la causa generadora), y en mi libro "El fin del Mundo" he probado que nada puede acabar, puesto que todo existe aún de la eternidad pasada.

El estudio del universo nos hace entrever la existencia de un plan y de un fin que no tienen por objeto especial al habitante de nuestro planeta y que son, por otra parte, incognoscibles para nuestra pequeñez.
 
La ley del Progreso que rige la vida, la organización física de la vida misma, la atracción de los sexos, la previsión inconsciente de las plantas, de los insectos, de los pájaros, etc., para asegurar su progenitura, y el examen de los principales hechos de la historia natural, establecen, como ha dicho OErsted, que existe «el espíritu en la naturaleza.»

Los actos de la vida habitual no nos muestran el pensamiento más que en el cerebro del hombre y de los animales. De aquí han deducido los fisiólogos que el pensamiento es una propiedad, un producto del cerebro.
 
Nada, sin embargo, nos autoriza a admitir que la esfera de nuestras observaciones es universal y comprende todas las posibilidades de la naturaleza en todos los mundos.
 
Nadie tiene derecho de afirmar que el pensamiento no puede existir sin cerebro.

Si uno cualquiera de los microbios que habitan por millones en nuestro cuerpo tratase de generalizar sus impresiones, ¿podría sospechar, navegando en nuestra sangre, devorando nuestros músculos, agujereando nuestros huesos y viajando por los diversos órganos de nuestro cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, que este cuerpo, como el suyo, está regido por una unidad orgánica?

En el mismo caso nos encontramos sensiblemente con relación al universo astral.

El sol, corazón gigantesco de su sistema, fuente de la vida, despide sus rayos en el foco de las órbitas planetarias y gravita él mismo en un organismo sideral más vasto todavía. No tenemos derecho para negar que en el espacio rija un pensamiento que dirige esas acciones como nosotros dirigimos los movimientos de nuestros brazos o de nuestras piernas. La potencia instintiva que, rige a los seres vivientes, las fuerzas que conservan el latido de nuestros corazones, la circulación de nuestra sangre, la respiración de nuestros pulmones, el funcionamiento de nuestros órganos, ¿no corresponde a otros que en el universo material rigen unas condiciones de existencia más importantes que las de un ser humano, puesto que si el sol, por ejemplo, se apagase o si se dislocase el movimiento de la tierra, no
es sólo un ser humano el que moriría, sino la población entera del globo, sin hablar de otros planetas?
 
Existe en el cosmos un elemento dinámico invisible imponderable, repartido en el universo, independiente de la materia visible y ponderable y que obra sobre ella; y en ese elemento dinámico hay una inteligencia superior a la nuestra.

Sí, pensamos, sin duda, con el cerebro, como vemos con los ojos, como oímos con los oídos, pero no es el cerebro el que piensa, así como no son los ojos los que ven. ¿Qué se diría de una persona que felicitase a un anteojo porque veía bien los canales de Marte? El ojo es un órgano y el cerebro es otro.

Los problemas psíquicos no son tan extraños como se supone a los problemas astronómicos. Si el alma es inmortal, si el cielo es su futura patria, el conocimiento del alma no puede ser ajeno al conocimiento del cielo.

"Un misionero medieval cuenta 
que había encontrado el lugar 
en el que el Cielo y la Tierra se encontraban..."

¿El espacio infinito no es el dominio de la eternidad?

¿Qué tiene de sorprendente que los astrónomos hayan sido pensadores, investigadores, ávidos de conocer la naturaleza real del hombre y de la creación? No acusemos, pues, á Schiaparelli, director del Observatorio de Milán y observador asiduo del planeta Marte, ni al profesor Zoellner, del Observatorio de Leipsig y autor de importantes investigaciones sobre los planetas, ni á Crookes, que fue astrónomo antes de ser químico, ni al astrónomo y físico Huggins, ni a otros sabios, como Richet, Wallace, Lombroso, etc., por haber tratado de saber lo que hay de verdad en esas manifestaciones. La verdad es una y en la naturaleza todo se corresponde. 

Me atrevo a añadir que no tendría gran interés para nosotros el estudio del universo sideral si estuviésemos ciertos de que había de ser siempre extraño a nosotros y de que jamás habríamos de conocerle personalmente. La no mortalidad en los astros me parece el complemento lógico de la astronomía. ¿En qué puede interesarnos el cielo si no vivimos más que un día en la tierra?

Las ciencias psíquicas están muy retrasadas respecto de las físicas. La astronomía ha tenido un Newton, la Biología está todavía en Copérnico y la psicología en Hiparco y Ptolomeo. Todo lo que podemos hacer actualmente es recoger observaciones, coordinarlas y ayudar a los comienzos de la nueva ciencia.
 
Se presiente, se prevé que la religión del porvenir será científica y fundada en el conocimiento de los hechos psíquicos. Esa religión de la ciencia tendrá sobre todas las anteriores una ventaja considerable: la unidad. Hoy un judío o un protestante no admiten el culto de la Virgen y de los santos, un musulmán odia a los «perros cristianos», un budista repudia los dogmas de occidente. Ninguna de esas divisiones podría existir en una religión fundada en la solución científica general de los problemas psíquicos.

Pero aquí estamos lejos de llegar a las cuestiones de teorías y de dogmas. Lo que importa ante todo es saber si en efecto los fenómenos de que se trata existen, y evitarse la pérdida de tiempo y el ridículo de buscar la causa de lo que no existe. Hagamos constar ante todo los hechos; las teorías vendrán después. Esta obra estará compuesta sobre todo de observaciones, de ejemplos, de testimonios y de la menor cantidad posible de frases. Se trata de acumular las pruebas de manera que resulte de ellas la certidumbre. Intentaremos una clasificación metódica de los fenómenos, agrupando juntos los que presentan entre sí más analogía y tratando en seguida de explicarlos. Este libro no es una novela sino una recopilación de documentos, una tesis de estudio científico. He querido seguir en él esta máxima del astrónomo Laplace: «Estamos tan lejos de conocer todos los agentes de la naturaleza, escribía, precisamente a propósito del magnetismo humano, que no sería filosófico negar los fenómenos únicamente porque son inexplicables en el estado actual de nuestros conocimientos. Solamente, debemos examinarlos con una atención escrupulosa y determinar hasta qué punto hay que multiplicar las observaciones y los experimentos para obtener una probabilidad superior a las razones que se pueden tener para no admitirlos.»

Hemos dicho nuestro programa. Los que quieran seguirnos verán que si este trabajo tiene algún mérito es el de la sinceridad. Queremos saber si se puede afirmar que los fenómenos misteriosos de que la humanidad parece haber sido testigo desde la más remota antigüedad existen realmente, y no tenemos otro fin que la investigación de la verdad.

París, Marzo de 1900.

domingo, diciembre 25, 2016

Last Christmas...


viernes, diciembre 16, 2016

Don´t Fear the Reaper...


Behind Blue Eyes...


domingo, diciembre 04, 2016

Pasa el Otoño en Madrid...


"Y es que de hecho hasta hoy
no me ha importado nunca donde voy,
en cualquier puerto puede recaer,
sea quien sea, ser como soy..."
(Antonio Vega)


miércoles, noviembre 23, 2016

El Friso de la Vida...

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El friso de la Vida
(Edvard Munch)
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"En general el arte surge de la necesidad de un ser humano de comunicarse con otro – Todos los medios son igual de buenos – En la pintura como en la literatura a menudo se confunden los medios con el fin – la Naturaleza es el medio no el fin – Si se puede obtener algo alterando la naturaleza – hay que hacerlo – En un estado de ánimo intenso un paisaje ejercerá cierto efecto sobre la persona – al representar este paisaje [la persona] llegará a una imagen de su propio estado – y esto – este estado de ánimo es lo principal – La naturaleza no es más que el medio – Hasta qué punto se parece luego la imagen a la naturaleza carece de importancia – Es imposible explicar un cuadro – Se ha pintado precisamente porque no puede explicarse de otra manera – Lo único que se puede ofrecer es un indicio de la dirección que se tenía en mente. No creo en el arte que no se haya impuesto por la necesidad de una persona de abrir su corazón. Todo arte – la literatura como la música – ha de ser engendrado con los sentimientos más profundos – El arte son los sentimientos más profundos..."


"—¿Existen los espíritus? Vemos lo que vemos – porque nuestros ojos están constituidos así – ¿Qué somos? – una reunión de fuerza – en movimiento – una vela que arde – con una mecha – calor – interior – llamas externas – y aún otra llamarada invisible – que se siente – Si tuviéramos otros ojos – unos ojos más fuertes – veríamos meramente – nuestras mechas – el sistema de los huesos – como con rayos X – Si tuviéramos otros ojos – podríamos ver la envoltura de nuestra llama externa – y entonces tendríamos otras formas – ¿Por qué no podrían entonces – otras criaturas de moléculas más ligeras – disueltas – moverse a nuestro alrededor? – ¿Las almas de nuestros seres queridos – por ejemplo? Espíritus..."
"Ya no me queda esperanza, nada que me haga ilusión. ¿Por qué trabajar – esforzarme cuando de todos modos moriré algún día? Miré a mi padre canoso y encorvado ante el escritorio – me asombraba que trabajara con tanto ahínco y – a mi tía junto a la ventana cosiendo incesantemente con una mano levantada. Así lleva muchos años. Y sin embargo están contentos, al menos en comparación conmigo. Y miré a la gente afuera en la calle – qué ahínco – la gorda mujer del carnicero – colorada y reluciente cortaba carne – como seguirá haciendo toda su vida – simplemente cortar carne. Qué asco – Pero ella está contenta. Yo quería hacer algo grande – hacerme famoso – Y por eso he trabajado con mi sangre – y con todo aquello de lo que se podía sacar algún partido. Me imaginaba a mí mismo como un hombre famoso – trabajé incesantemente me fui haciendo cada vez más famoso – pero siempre los había mejores que yo – al final llegué a ser el mejor – canoso – extenuado iba a cosechar la recompensa. La consciencia de haber hecho algo realmente grande sería la recompensa – ¿Qué era el mejor de los cuadros? – una miserable copia, una miserable reproducción de nuestra vida – Y las infinitas constelaciones – que pueden ser algo grande – si se piensa en el espacio infinito. No no nada nada. ¿Por qué no lo habré visto antes? – Los demás están contentos, creen que recibirán su recompensa en el paraíso tras su muerte – Yo mismo lo creí en algún momento – La gloria – la alegría – la luz la dicha infinita – todo eso estaba en el paraíso..."


"No te desanimes tanto – recuerda que eres joven – todavía te quedan muchos años por vivir..."

viernes, noviembre 11, 2016

Dance Me to the End of Love...