Mundo Fusion

domingo, febrero 17, 2019

Princesa de Copas...

******************************************
El Libro de Thoth
(Aleister Crowley)
 ******************************************
Princesa de Copas
  "La Princesa de Copas representa la parte terrena de Agua; en particular, la facultad de cristalización. Representa el poder del Agua para dar substancia a la idea, para sustentar la vida y para formar la base de combinación química. Aparece representada como una figura danzante, ataviada con una vestidura suelta en cuyos bordes vemos formarse cristales.
  Lleva por cimera un cisne con las alas desplegadas. El simbolismo de esre cisne nos recuerda el cisne que en la filosofía oriental responde a la palabra AUM o AUMGN, que es el símbolo de todo el proceso de creación.
  Lleva una copa con tapadera de la que sale una tortuga. Esta es también la tortuga que en la filosofía hindú sostiene al elefante en cuyo lomo se asienta el Universo. Danza sobre un mar espumoso en el que solaza un delfín, el pez regio que simboliza el poder de la Creación.
  El carácter de la Princesa es extraordinariamente afable. En su naturaleza se dan cita toda la dulzura, voluptuosidad, delicadeza, bondad y ternura posibles. Vive en el mundo del Romance Amoroso, en el sueño perpetuo del éxtasis. Examinada de forma superficial, nos podría parecer egoista e indolente, pero esta es una impresión totalmente falsa; ella emprende su trabajo en silencio y sin esfuerzo."


  (Del libro: "Manual para el Tarot Thoth de Aleister Crowley" de Gerd Ziegle)  
"Palabras clave: Tierra en agua, libertad emocional, envida conquistada, autoconfianza.
 
  La Princesa de Copas aparece como una figura danzante. Es emocionalmente libre. Un  cisne se alza sobre su cabeza y le enseña la independencia y la libertad que ha ganado. Se ha liberado de las cadenas de la manipulación posesiva. Libre de celos, ahora irradia gracia, dulzura y claridad (los cristales en su vestido).
  Con extrema sensibilidad y ternura, sostiene en su mano una copa con una tortuga, como señal de la protección que se da generosamente a sí misma y a los demás. La flor de loto en su mano izquierda extendida hace referencia a su voluntad de dar amor magnánimamente (el loto blanco). El brazo extendido muestra el espacio que ha conseguido darse a sí misma para poder desarrollar su amor en su forma más pura. Los ojos del delfín son cristales; el pasado puede verse con ojos transparentes y su puerta puede cerrarse.
 
Interpretación: Haz caso de tus sentimientos. Vas por el buen camino.
 
Pregunta: ¿Hay alguna otra cosa que te esté impidiendo ser totalmente libre? Ahora tienes la oportunidad de descartarla también.
 
Sugerencia: Imagínate que estás rodeado de agua y que estás realizando el baile de la liberación con movimientos ligeros y fluidos.
 
Afirmación: Cuanto más me quiero a mi mismo, más amor puedo compartir con los demás..."

jueves, febrero 14, 2019

El Golem...

***************************************************
El Golem
(Gustav Meyrinck)
***************************************************

"—Las vivencias internas no son ningún milagro. Ya es bastante extraño que, al parecer, haya hombres que no tengan ninguna. Desde mi infancia, día tras días, no­che tras noche, vivo yo —se interrumpió con un brusco movimiento y me di cuenta de que en ella había alguna otra cosa de la que nunca me había hablado, quizá la existencia de sucesos invisibles parecidos a los míos...— pero no es ahora el momento para hablar de esto. Incluso si resucitara y curase a los enfermos poniéndoles la mano encima, yo no lo podría llamar milagro. Sólo cuando la materia muerta, la tierra, sea animada por el espíritu y se rompan las leyes de la naturaleza, habrá sucedido aquello que estoy añorando desde que empecé a razonar. Una vez me dijo mi padre que hay dos par­tes en la Cábala: una mágica y otra abstracta que nun­ca podrán coincidir. Es cierto que la mágica podrá atraer a la abstracta, pero jamás ocurrirá al revés. La mágica es un don, un regalo, la otra se puede con­seguir, si bien sólo con la ayuda de un guía. —Volvió a tomar el hilo del comienzo—: Es el don lo que deseo; lo que yo pueda conseguir me es indiferente y tiene para mí tan poco valor como el polvo. Cuando tengo que imaginar que podrían venir épocas, como he dicho antes, en las que tendría que vivir otra vez sin milagros —vi cómo se agarrotaban sus dedos, y el re­mordimiento y el dolor me desgarraban—, creo que po­dría morir ya, a la vista de esa sola posibilidad. 
Le pregunté:
—¿Es ése el motivo por el que usted deseaba que el milagro no hubiera sucedido nunca?
—Sólo en parte. Pero además hay otra cosa. Yo... yo —recapacitó un momento— no estaba todavía ma­dura para vivir un milagro en esa forma. Es eso. ¿Cómo se lo podría explicar? Suponga, sólo como ejemplo, que desde hace años tiene cada noche un único sueño, que continúa siempre más complejo, en el que alguien, digamos un habitante de otro mundo, me enseña y me muestra en una imagen de mí misma, con sus con­tinuas transformaciones, no sólo lo alejada que estoy de la madurez mágica para poder vivir un «milagro», sino que me da la explicación lógica de las cuestiones que me preocupan durante el día y que en todo mo­mento puedo comprobar. Usted me comprenderá: un ser así suple toda la felicidad que uno pueda imaginar en la vida; es para mí el puente que me une con el «más allá», es la escala de Jacob por la que puedo ascender desde lo cotidiano a la luz, es mi guía, mi amigo; toda la confianza en que no podré perderme en los oscuros caminos que recorre mi alma por la locura y la confu­sión, la tengo puesta en él, quien nunca me ha engañado. Y ahora, de repente, contra todo lo que él me ha dicho, ¡se cruza un milagro en mi vida! ¿Qué es lo que debo creer ahora? ¿Todo lo que me ha llenado in­interrumpidamente durante tantos años fue sólo un en­gaño? Si tuviera que dudar de ello caería de cabeza en un abismo sin fin. Sin embargo, ¡ha sucedido el mila­gro! ¡Gritaría de alegría, si...!
—¿Si...? —la interrumpí sin respiración. Quizá pro­nunciara la palabra salvadora y podría confesarle todo.
—... si me enterara de que me he equivocado; de que en realidad no hubo ningún milagro. Pero sé, de igual modo que sé que ahora estoy aquí sentada, que me destrozaría —mi corazón se heló—. Ser rechazada y arrancada del cielo y tener que bajar de nuevo a la tierra, ¿cree usted que eso lo puede soportar un hom­bre?
—Pida ayuda a su padre —dije sin pensar a causa del miedo.
—¿A mi padre? ¿Ayuda? —me miró sin compren­der—. Donde no hay más que dos caminos, ¿podría encontrar él un tercero? ¿Sabe usted cuál sería mi única salvación? Que me sucediera a lo que le ha sucedido a usted. Si en este momento... pudiera olvidar... todo lo que tengo tras de mí: toda mi vida hasta el día de hoy... ¿No es curioso? Lo que usted considera una desgracia, sería para mí la mayor alegría.
Ambos permanecimos un largo rato en silencio..."


"Por primera vez vi marcados rasgos de mujer en su rostro.
—Es uno de mis sueños —continuó en voz baja— imaginarme como meta final que dos seres se fundan en uno... en eso que... ¿no ha oído nunca hablar del antiguo culto egipcio a Osiris? Se conviertan unidos en eso que el «hermafrodita» debe significar como sím­bolo.

Escuché con gran atención:

—¿El hermafrodita?...

—Me refiero a la unión mágica de lo masculino y lo femenino en la figura humana del semidiós. Eso, ¡como meta final! No, no como meta, sino como principio de un nuevo camino, eterno... sin fin.

—¿Y espera encontrar alguna vez —pregunté agita­do— al que usted busca? ¿No puede ser que viva en un país lejano, que quizá no exista en el mundo?

—De eso no sé nada —dijo sencillamente—. Sólo puedo esperar. Si él estuviera separado de mí por el tiempo y el espacio, cosa que no creo, ¿por qué estaría yo aquí ligada al ghetto? O por los abismos del desconocimiento mutuo, y no lo encontrara, entonces mi vida no ha tenido en absoluto ningún sentido y ha sido sólo el absurdo juego de un demonio idiotizado. Pero, ¡por favor, por favor, no hablemos más de eso! —me ro­gó—. Sólo expresar ese pensamiento deja un sabor te­rrible y terreno, y yo no quisiera que... —se interrum­pió de repente..."

martes, febrero 12, 2019

Vivir con Lobos...


jueves, febrero 07, 2019

La Mujer Salvaje...


Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba..." (Mujeres que corren con lobos- Clarissa Pinkola Estés)

lunes, febrero 04, 2019

No mires atrás...


domingo, febrero 03, 2019

Frío...


martes, enero 29, 2019

Despedida...

********************************************
Despedida
(Federico García Lorca)
********************************************
"Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo).

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento).

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!"


lunes, enero 21, 2019

Auuuuuuuuu...!!!

"Acaso ello proviniera de que en el fondo de su corazón sabía (o creía saber) en todo momento que no era realmente un ser humano, sino un lobo de la estepa...


"Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas..."(El Lobo Estepario - Hermann Hesse)


viernes, enero 18, 2019

Born to Run...


jueves, enero 17, 2019

Flojos de pantalón...


"Y tu mientras
Asumiendo,
Rebuscando,
Renegado de tu tiempo..."

miércoles, enero 16, 2019

Matter of Heart...


martes, enero 15, 2019

Nunca hubiera Imaginado...


lunes, enero 14, 2019

Querido Bestia Parda...


"Me voy soltando y eso me gusta...
Pero también siento todavía tu mano,
 cogiéndome fuerte, y eso también me gusta...
Gracias Monstruo..."

viernes, enero 11, 2019

Y si la Rueda de la Fortuna hablara...


**********************************************************
La Vía del Tarot
Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa
**********************************************************
«He conocido todas las experiencias. Al principio, tenía ante mí un océano de posibilidades. Guiada sucesivamente por la voluntad, la Providencia o el azar, elegí mis acciones, acumulé conocimiento, para luego estallar sin finalidad preconcebida. Innumerables veces encontré la estabilidad. Quise conservar sus frutos sobre mi mesa pero los vi pudrirse. Comprendí que debía abrirme hacia los demás, compartir. Que tendría que buscar el gran Otro en mí mismo, la fuente divina. El centro de mis incontables revoluciones alrededor de este eje. Me perdí, buscando cuanto se me pareciera. Conocí el placer de reflejarme en los ojos del otro como en infinitos espejos. Hasta el día en que, con una fuerza irreprimible, actué en el mundo y traté de cambiarlo, para darme cuenta de que sólo podía empezar a transformarlo. Mi búsqueda espiritual se amplió hasta el punto de impregnar la totalidad de la materia, y llegué a la espantosa perfección, ese estado en que nada se me podía añadir, y nada se me podía quitar. No quise quedarme así, petrificada. Entonces lo abandoné todo, con mi sabiduría por única compañera. Llegué al límite extremo de mí misma, plena, pero detenida, en espera de que el capricho divino, la energía universal, el viento misterioso que sopla desde lo inconcebible, me haga girar y que en mi centro eclosione el primer impulso de un nuevo ciclo. 
He aprendido que todo lo que empieza acaba, y que todo lo que acaba empieza. He aprendido que todo lo que se eleva desciende, y que todo lo que desciende se eleva. He aprendido que todo lo que circula termina estancándose, y que todo lo que se estanca termina circulando. La miseria se convierte en riqueza, y la riqueza en miseria. De una mutación a otra, os invito a uniros a la rueda de la vida, aceptando los cambios con paciencia, docilidad, humildad, hasta el instante en que nazca la Consciencia. Entonces todo lo humano, cual crisálida que se transforma en mariposa, alcanza el grado angélico donde la realidad deja de girar sobre sí misma, donde se eleva al espíritu del Creador...»

jueves, enero 10, 2019

Y si el Ermitaño hablara...



*****************************************
La Vía del Tarot
(Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa) 
*****************************************
 «He llegado al final del camino, allí donde lo impensable se presenta como un abismo.
Ante esta nada, no puedo avanzar. Sólo puedo andar hacia atrás, contemplando lo ya recorrido. A cada retroceso, formo ante mí una realidad.
Entre la vida y la muerte, en una crisis continua, mantengo encendida mi linterna, mi consciencia. Me sirve, por supuesto, para guiar los pasos de quienes me siguen por la vía que he abierto. Pero brilla también para señalarme a mí mismo: he llevado a cabo toda la labor espiritual que debía hacer. Ahora, oh misterio infinito, ven en mi ayuda.
Poco a poco, he ido deshaciéndome de las ataduras. Ya no pertenezco a mis pensamientos. Mis palabras no me definen. He vencido mis pasiones: desprendido del deseo, vivo en mi corazón como en un árbol hueco. Mi cuerpo es un vehículo que veo envejecer, pasar, desvanecerse como un río de curso irresistible. Ya no sé quién soy, vivo en la ignorancia total de mí mismo. Para llegar a la luz, me adentro en la oscuridad. Para llegar al éxtasis, cultivo la indiferencia. Para llegar al amor a todo, me retiro en la soledad. Allí, en el último recoveco del universo, es donde abro mi alma como una flor de pura luz. Gratitud sin exigencia, la esencia de mi conocimiento es el conocimiento de la Esencia. 
Por el camino de la voluntad, he llegado hasta la cima más alta. Soy llama, luego calor, luego luz fría. He aquí que brillo, que llamo y espero. He conocido mi soledad completa. Este ruego va directamente de mí a mi Dios interior: tengo la eternidad delante de mi espalda. Entre dos abismos, he esperado y seguiré esperando. Ya no puedo avanzar ni retroceder por mí mismo: necesito que vengas. Mi paciencia es infinita, como tu eternidad. Si no vienes, te esperaré aquí mismo, pues esperarte se ha convertido en mi única razón de vivir. ¡Ya no me muevo! Brillaré hasta consumirme. Soy el aceite de mi propia lámpara, este aceite es mi sangre, mi sangre es un grito que te llama. Soy la llama y la llamada.
He cumplido mi cometido. Ahora sólo tú puedes continuarlo. Soy la hembra espiritual, la actividad infinita de la pasividad. Como una copa, ofrezco mi vacío para que sea colmado. Porque me he ayudado a mí mismo, ahora ayúdame Tú...»

miércoles, enero 09, 2019

Alquimia e Inconsciente...


martes, enero 01, 2019

La Bruja Blanca...

*****************************************
La Bruja Blanca
(Julio Ascanio)
*****************************************
Confidencias

"...- Pues bien, debo comenzar por confesaros que, desde que tengo uso de razón he sentido en mi espíritu toda la fuerza de una verdadera pasión religiosa; siento en mi alma deseos infinitos, ideas más grandes que todo lo que me rodea. Esto que en nostros piensa, quiere, y que llamamos alma, se eleva sobre los más altos montes, abarca las llanuras más dilatadas, abraza los mares más extensos, no se asusta ante la inmensidad del firmamento; el amor de todas las criaturas me parece pobre para un alma tan grande; la acumulación de todas las riquezas se me figura un juego de niños que acumulan juguetes que pronto cansan, porque no pueden llenar la vasta capacidad de nuestro espíritu. El objeto del alma debe ser proporcionado a su grandeza, y no estando abajo hay que buscarlo arriba, en Dios, Dios que veo y siento por todas las partes; mi Dios se oculta detrás de la flor, cuya hermosura no es más que el resplandor de su hermosura: le presiento detrás del sol, cuya luz me parece reflejo de su claridad: le contemplo oculto en los montes, cuya grandeza es imagen de su grandeza; le veo envuelto en el manto azul de los cielos, que son espejo de su inmensidad; no hay criatura que no hable de El, no hay ser que no esté encargado de predicar alguno de sus atributos. Cierro mis ojos, entro en el santuario de mi alma, y veo clarísimamente que esta alma es compendio de toda la creación. Si es buena, como Dios la ha hecho, ella es hermosa como la flor, grande más que los montes, brilla en la cumbre de su inteligencia una luz más intensa que la luz del sol, y con su pensamiento puede abrazar la inmensidad de los cielos. Yo considero al alma como una planta divina; así como la planta vive siempre abrazada a la tierra con todas sus raices, porque de la tierra saca su vida, así creo que el alma debe de vivir abrazada y echar raíces hondas en su elemento propio, Dios. Planta que se arranca de la tierra que deja de abrazar la tierra con todas sus raices, muere; alma que se arranca de Dios, que deja de abrazar a Dios con todas sus raices, pensamiento, voluntad, corazón, se marchita, se seca, perece. Así me explico ese malestar general de la humanidad: es una planta desarraigada de su tierra natural. Dirán que es una exageración el vivir abandonada de un modo tan absoluto a Dios; pero es una lección escrita en todas las páginas del gran libro del Universo; es una lección a la cual debo la paz y felicidad que disfruto.

 - ¿Sois feliz interrumpió madame Loaure.

 - Completamente, contestó Luz y siguió: Os he dado todas estas explicaciones, para que os déis cuenta de mi manera de obrar; dispensadme, yo no sé nada, pero esto que digo es tan sencillo y claro, que espero no lo tomaréis como un alarde de una instrucción de que yo carezco. Pues bien, pensando así, no se ve en todo más que a Dios y a su numerosa familia: los hombres. ¡Los hombres!, plantas desarraigadas, marchitas, amarillentas, secas, sin fruto. Los hombres viven abrazados a la muerte; ¿cómo es posible ser feliz llevando un muerto a cuestas? A veces siento tentaciones de gritar: "Venid a las fuentes de agua viva, y esconded las raices de vuestro ser en Dios, y como la planta saca de la tierra, por la raiz, las hojas, las ramas, la flor y el fruto, así vosotros sacaréis de Dios la luz, la vida, la fortaleza, el amor". ¡Si yo pudiese comunicar estos sentimientos a tantas almas pobres y desgraciadas que viven sin Dios, me sentiría doblemente feliz! ¿Qué placer hay que pueda compararse con él? Yo no sería fiela mi Dios, si no procurase hacer a sus pobres hijos el bien que El me ha hecho a mí..."

lunes, diciembre 31, 2018

Espérame en el Cielo...


sábado, diciembre 29, 2018

Go solo....


viernes, diciembre 28, 2018

Exilio...


Exilio - Alejandra Pizarnik

                                           A Raúl Gustavo Aguirre
"Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza..."

viernes, diciembre 21, 2018

Lost Souls...


lunes, diciembre 17, 2018

La Diosa Blanca...

*********************************************
La Diosa Blanca
(Robert Graves)
*********************************************
"«¿Cuál es la utilidad o la función de la poesía en la actualidad?» es una pregunta no menos acerba porque la hagan con insolencia tantos estúpidos o la respondan con apologías tantos tontos. La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita. 
¿Pero «en la actualidad»? La función y la utilidad siguen siendo las mismas; sólo la aplicación ha cambiado. Esta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta la advertencia, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y se ha arruinado a sí mismo y a su familia. La «actual» es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león y el águila, corresponden a la carpa del circo; el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo de carrera y el lebrel a las pistas de apuestas; y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como «personal auxiliar del Estado». En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad. 

Decid, si queréis, que soy la zorra que ha perdido el rabo; no soy sirviente de nadie y he decidido vivir en las afueras de una aldea montañesa de Mallorca, católica pero anticlerical, donde la vida se rige todavía por el viejo ciclo agrícola. Sin mi rabo, o sea sin mi contacto con la civilización urbana, todo lo que escribo tiene que ser leído perversa e impertinentemente por aquellos de vosotros que estáis todavía engranados a la maquinaria industrial, ya sea directamente, en calidad de obreros, administradores, comerciantes o anunciantes, o ya indirectamente, en calidad de funcionarios públicos, editores, periodistas, maestros de escuela o empleados de una corporación de radiotelefonía. Si sois poetas, os daréis cuenta de que la aceptación de mi tesis histórica os compromete a una confesión de deslealtad que estaréis poco dispuestos a hacer; elegisteis vuestras tareas porque prometían proporcionaros un ingreso seguro y tiempo para prestar a la Diosa que adoráis un valioso servicio de media jornada. Preguntaréis quién soy yo para advertiros que ella exige un servicio de jornada completa o ninguno absolutamente. 

¿Y acaso os sugiero que renunciéis a vuestras tareas y, por falta de capital suficiente, os establezcáis como pequeños arrendatarios u os convirtáis en pastores románticos -como hizo Don Quijote cuando no pudo ponerse de acuerdo con el mundo moderno- en remotas granjas no mecanizadas? No, mi falta de rabo me impide hacer cualquier sugerencia práctica. Sólo me atrevo a hacer una exposición histórica del problema; no me interesa cómo os las arregláis con la Diosa. Ni siquiera se si sois serios en vuestra profesión poética..."


jueves, diciembre 13, 2018

Wish you were here...


viernes, diciembre 07, 2018

Agárrate fuerte a Mí...


jueves, diciembre 06, 2018

Endless Forms Most Beautiful...


miércoles, diciembre 05, 2018

Dance me to the end of Love...


viernes, noviembre 30, 2018

Sé de un lugar...


jueves, noviembre 29, 2018

Cabecita Loca...


lunes, noviembre 26, 2018

Mauvais Sang...


martes, noviembre 20, 2018

Morgana from Avalon...


jueves, noviembre 15, 2018

Here I go again...


viernes, noviembre 09, 2018

El Canto de la Sibila...



"En la Grecia clásica, la Sibila era el arquetipo de la profetisa y la sacerdotisa. Mujer de sabiduría y vehículo de las revelaciones divinas, constituía a la vez el símbolo de la mujer arcaica que reunía muchos atributos encarnados antaño por las Diosas Madres del Paleolítico, las Magna Mater de Oriente y del mundo clásico grecorromano, como Isis, Ishtar, Deméter y Atargatis. El oráculo de la Sibila Eritrea, que anunció en el siglo II a. C. la llegada de una edad de oro del hombre con el nacimiento de un niño hijo de una madre virgen, permitió al cristianismo aprovechar esa figura y recuperar ese oráculo para proclamar el mensaje de la segunda venida del Mesías. La tradición de celebrar el Canto de la Sibila por Navidad parece iniciarse musicalmente en los siglos IX-X (san Marcial de Limoges). Sus visiones apocalípticas son trágicas y desgarradoras, pero la música que las acompaña es armónica y mágica: el inicio de cada estrofa, con un intervalo de quinta ascendente, nos transporta a la audición meditativa de un relato cósmico y sagrado. El Canto de la Sibila se cantó tradicionalmente durante siglos para la voz onírica de un niño, ya que los Padres de la Iglesia prohibieron que las mujeres lo hicieran dentro de los templos, salvo en los monasterios femeninos. Con dicha prohibición se perdía la presencia profética de la figura femenina que lo proclamaba. El patriarcalismo de la Iglesia despojó de ese modo a las mujeres de la posibilidad de transmitir la palabra divina. Gracias a este canto milenario, la luz de las sibilas –délfica, pérsica, líbica, cumea, eritrea, samia, cumana, helespóntica, frigia y tiburtina– sigue todavía viva en voz y figura femeninas. A los sentidos sapiencial y místico de la sibila cabe añadir otro de profunda actualidad: el ecológico. El espeluznante mensaje de la sibila tiene una dramática vigencia, ya que nos habla de la destrucción del mundo, de la falta de respeto hacia una naturaleza que se nos va, de la brutalidad que hace que el hombre considere la naturaleza como una máquina. El dolor y la amenaza para la vida de nuestra madre la Tierra son hoy más proféticos que nunca en la voz de la sibila..." (Montserrat Figueras)

miércoles, octubre 31, 2018

Hasta los Huesos...


lunes, octubre 29, 2018

Siente Mi Amor por Ti...

**************************
Quietud (Rumi)
**************************
"Sumido en este nuevo Amor, muere.
Tu camino se inicia al otro lado.
Conviértete en el Cielo.
Lleva un hacha a la pared de la cárcel.
Escapa.
Huye caminando como alguien que acaba de nacer al color.
Hazlo ahora.
Estas cubierto de espesas nubes.
Sal resbalando hacia un lado. Muere.
Y quédate en silencio.
La quietud es la señal más segura
de que has muerto.
Tu vida del pasado fue un frenético 
huir del silencio.

Ahora está saliendo
la silente luna llena..."

domingo, octubre 28, 2018

Al Océano Azul ruedo, rodaré...



viernes, octubre 26, 2018

Cassiel´s Song...


"Humans eyes today can only take. 
They take in, they take notice of. 
Their eyes can no longer give. 
They've forgotten that light enters the heart through the eye...
and then shines back out through the eye from the heart
The cycle is broken...

You! You, whom we love... 
you do not see us. 
You do not hear us. 
You imagine us in the far distance...
yet we are so near. 
We are the messengers...
who bring closeness to those in the distance. 
We are not the message...
we are the messengers. 
The message...is love
We...are nothing. 
You...are everything to us. 
Let us dwell in your eyes
See your world...through us. 
Recapture through us...
that loving look...once again. 
Then...we'll be close to you...
and you...to Him..."


jueves, octubre 25, 2018

El ocaso del pensamiento...


"La soledad no te enseña a estar solo, sino a ser único..."
"Llevo luto desde que nací, luto por este mundo..."
(E.M. Cioran)


lunes, octubre 22, 2018

Bless the Child...


lunes, octubre 15, 2018

You're not rid of Me...


domingo, octubre 14, 2018

I Will Raise Up...


sábado, octubre 13, 2018

Tougher than the rest...


jueves, octubre 11, 2018

Still running against the Wind...



martes, septiembre 18, 2018

My Nightwish for Evermore...


lunes, agosto 20, 2018

The End...


lunes, agosto 13, 2018

The Catcher in the Rye...



CAPITULO 17
"Era aún muy pronto cuando llegué, así que decidí sentarme debajo del reloj en uno de aquellos sillones de cuero que había en el vestíbulo. En muchos colegios estaban ya de vacaciones y había como un millón de chicas esperando a su pareja: chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas preciosas, chicas con piernas horrorosas, chicas que parecían estupendas, y chicas que debían ser unas brujas si de verdad se las llegaba a conocer bien. Era un bonito panorama, pero no sé si me entenderán lo que quiero decir. Aunque por otra parte era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Me refiero a cuando salieran del colegio y la universidad. La mayoría se casarían con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de gasolina, tipos que se enfadan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping-pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos... Pero con eso de los aburridos hay que tener mucho cuidado. Es mucho más complejo de lo que parece. De verdad. Cuando estaba en Elkton Hills tuve durante dos meses como compañero de cuarto a un chico que se llamaba Harris Macklin. Era muy inteligente, pero también el tío más plomo que he conocido en mi vida. Tenía una voz chillona y se pasaba el día hablando. No paraba, y lo peor era que nunca decía nada que pudiera interesarle a uno. Sólo sabía hacer una cosa. Silbaba estupendamente. Mientras hacía la cama o colgaba sus cosas en el armario —cosa que hacía continuamente—, si no hablaba como una máquina, siempre se ponía a silbar. A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Cogía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito —mientras colgaba sus cosas en el armario—, que daba gusto oírle. Naturalmente nunca se lo dije. Uno no se acerca a un tío de sopetón para decirle, «silbas estupendamente». Pero si le aguanté como compañero de cuarto durante dos meses a pesar del latazo que era, fue porque silbaba tan bien, mejor que ninguna otra persona que haya conocido jamás. Así que hay que tener un poco de cuidado con eso. Quizá no haya que tener tanta lástima a las chicas que se casan con tipos aburridos. Por lo general no hacen daño a nadie y puede que hasta silben estupendamente. Quién sabe. Yo desde luego no.
Al fin vi a Sally que bajaba por las escaleras y me acerqué a recibirla. Estaba guapísima. De verdad. Llevaba un abrigo negro y una especie de boina del mismo color. No solía ponerse nunca sombrero pero aquella gorra le sentaba estupendamente. En el momento en que la vi me entraron ganas de casarme con ella. Estoy loco de remate. Ni siquiera me gustaba mucho, pero nada más verla me enamoré locamente. Les juro que estoy chiflado. Lo reconozco.
—¡Holden! —me dijo—. ¡Qué alegría! Hace siglos que no nos veíamos —tenía una de esas voces atipladas que le dan a uno mucha vergüenza. Podía permitírselo porque era muy guapa, pero aun así daba cien patadas.
—Yo también me alegro de verte —le dije. Y era verdad—. ¿Cómo estás?
—Maravillosamente. ¿Llego tarde?
Le dije que no, aunque la verdad es que se había retrasado diez minutos. Pero no me importaba. Todos esos chistes del Saturday Evening Post en que aparecen unos tíos esperando en las esquinas furiosos porque no llega su novia, son tonterías. Si la chica es guapa, ¿a quién le importa que llegue tarde? Cuando aparece se le olvida a uno en seguida.
—Tenemos que darnos prisa —le dije—. La función empieza a las dos cuarenta.
Bajamos en dirección a la parada de taxis.
—¿Qué vamos a ver? —me dijo.
—No sé. A los Lunt. No he podido conseguir entradas para otra cosa.
—¡Qué maravilla!
Ya les dije que se volvería loca cuando supiera que íbamos a ver a los Lunt.
En el taxi que nos llevaba al teatro nos besamos un poco. Al principio ella no quería porque llevaba los labios pintados, pero estuve tan seductor que al final no le quedó más remedio. Dos veces el imbécil del taxista frenó en seco en un semáforo y por poco me caigo del asiento. Podían fijarse un poco en lo que hacen, esos tíos. Luego —y eso les demostrará lo chiflado que estoy—, en el momento en que acabábamos de darnos un largo abrazo, le dije que la quería. Era mentira, desde luego, pero en aquel momento estaba convencido de que era verdad. Se lo juro.
—Yo también te quiero —me dijo ella. Y luego, sin interrupción—. Prométeme que te dejarás crecer el pelo. Al cepillo ya es hortera. Lo tienes tan bonito...
¿Bonito mi pelo?  ¡Un cuerno!
La representación no estuvo tan mal como yo esperaba, pero tampoco fue ninguna maravilla. La comedia trataba de unos quinientos mil años en la vida de una pareja. Empieza cuando son jóvenes y los padres de la chica no quieren que se case con el chico, pero ella no les hace caso. Luego se van haciendo cada vez más mayores. El marido se va a la guerra y la mujer tiene un hermano que es un borracho. No lograba compenetrarme con ellos. Quiero decir que no sentía nada cuando se moría uno de la familia. Se notaba que eran sólo actores representando. El marido y la mujer eran bastante simpáticos —muy ingeniosos y eso—, pero no había forma de interesarse por ellos. En parte porque se pasaban la obra entera bebiendo té. Cada vez que salían a escena, venía un mayordomo y les plantaba la bandeja delante, o la mujer le servía una taza a alguien. Y a cada momento entraba o salía alguien en escena. Se mareaba uno de tanto ver a los actores sentarse y levantarse. Alfred Lunt y Lynn Fontanne eran el matrimonio y lo hacían muy bien, pero a mí no me gustaron. Aunque tengo que reconocer que no eran como los demás. No actuaban como actores ni como gente normal. Es difícil de explicar. Actuaban como si supieran que eran muy famosos. Vamos, que lo hacían demasiado bien. Cuando uno de ellos terminaba de decir una parrafada, el otro decía algo en seguida. Querían hacer como la gente normal, cuando se interrumpen unos a otros, pero les salía demasiado bien. Actuaban un poco como toca el piano Ernie en el Village. Cuando uno sabe hacer una cosa muy bien, si no se anda con cuidado empieza a pasarse, y entonces ya no es bueno. A pesar de todo tengo que reconocer que los Lunt eran los únicos en todo el reparto que demostraban tener algo de materia gris.
Al final del primer acto salimos con todos los cretinos del público a fumar un cigarrillo. ¡Vaya colección! En mi vida había visto tanto farsante junto, todos fumando como cosacos y comentando la obra en voz muy alta para que los que estaban a su alrededor se dieran cuenta de lo listos que eran. Al lado nuestro había un actor de cine. No sé cómo se llama, pero era ése que en las películas de guerra hace siempre del tío que en el momento del ataque final le entra e] canguelo. Estaba con una rubia muy llamativa y los dos se hacían los muy naturales, como si no supieran que la gente los miraba. Como si fueran muy modestos, vamos. No saben la risa que me dio. Sally se limitó a comentar lo maravillosos que eran los Lunt porque estaba ocupadísima demostrando lo guapa que era. De pronto vio al otro lado del vestíbulo a un chico que conocía, un tipo de esos con traje de franela gris oscuro y chaleco de cuadros. El uniforme de Harvard o de Yale. Cualquiera diría. Estaba junto a la pared fumando como una chimenea y con aspecto de estar aburridísimo. Sally decía cada dos minutos: «A ese chico lo conozco de algo.»
Siempre que la llevaba a algún sitio, resulta que conocía a alguien de algo, o por lo menos eso decía. Me lo repitió como mil veces hasta que al fin me harté y le dije: «Si le conoces tanto, ¿por qué no te acercas y le das un beso bien fuerte? Le encantará.» Cuando se lo dije se enfadó. Al final él la vio y se acercó a decirle hola. No se imaginan cómo se saludaron. Como si no se hubieran visto en veinte años. Cualquiera hubiera dicho que de niños se bañaban juntos en la misma bañera. Compañeritos del alma eran. Daba ganas de vomitar. Y lo más gracioso era que probablemente se habían visto sólo una vez en alguna fiesta. Luego, cuando terminó de caérseles la baba, Sally nos presentó. Se llamaba George algo —no me acuerdo—, y estudiaba en Andover. Tampoco era para tanto, vamos. No se imaginan cuando Sally le preguntó si le gustaba la obra... Era uno de esos tíos que para perorar necesitan unos cuantos metros cuadrados. Dio un paso hacia atrás y aterrizó en el pie de una señora que tenía a su espalda. Probablemente le rompió hasta el último dedo que tenía en el cuerpo. Dijo que la comedia en sí no era una obra maestra, pero que los Lunt eran unos perfectos ángeles. ¡Ángeles! ¿No te fastidia? Luego se pusieron a hablar de gente que conocían. La conversación más falsa que he oído en mi vida. Los dos pensaban en algún sitio a la mayor velocidad posible y cuando se les ocurría el nombre de alguien que vivía allí, lo soltaban. Cuando volvimos a sentarnos en nuestras butacas tenía unas náuseas horrorosas. De verdad. En el segundo entreacto continuaron la conversación. Siguieron pensando en más sitios y en más nombres. Lo peor era que aquel imbécil tenía una de esas voces típicas de Universidad del Este, como muy cansada, muy snob. Parecía una chica. Al muy cabrón le importaba un rábano que Sally fuera mi pareja. Cuando acabó la función creí que iba a meterse con nosotros en el taxi porque nos acompañó como dos manzanas, pero por suerte dijo que había quedado con unos amigos para ir a tomar unas copas. Me los imaginé a todos sentados en un bar con sus chalecos de cuadros hablando de teatro, libros y mujeres con esa voz de snob que sacan. Me revientan esos tipos.
Cuando entramos en el taxi, odiaba tanto a Sally después de haberla oído hablar diez horas con el imbécil de Andover, que estuve a punto de llevarla directamente a su casa, de verdad, pero de pronto me dijo:
—Tengo una idea maravillosa.
Siempre tenía unas ideas maravillosas.
—Oye, ¿a qué hora tienes que estar en casa? ¿Tienes que volver a una hora fija?
—¿Yo? No. Puedo volver cuando me dé la gana —le dije. ¡Jo! ¡En mi vida había dicho verdad mayor!—. ¿Por qué?
—Vamos a patinar a Radio City.
Ese tipo de cosas eran las que se le ocurrían siempre.
—¿A patinar a Radio City? ¿Ahora?
—Sólo una hora o así. ¿No quieres? Bueno, si no quieres...
—No he dicho que no quiera —le dije—. Si tienes muchas ganas, iremos.
—¿De verdad? Pero no quiero que lo hagas sólo porque yo quiero. No me importa no ir.
¡No le importaba!  ¡Poco!
—Se pueden alquilar unas falditas preciosas para patinar —dijo Sally—. Jeanette Cultz alquiló una la semana pasada.
Claro, por eso estaba empeñada en ir. Quería verse con una de esas falditas que apenas tapan el trasero.
Así que fuimos a Radio City y después de recoger los patines alquilé para Sally una pizca de falda azul. La verdad es que estaba graciosísima con ella. Y Sally lo sabía. Echó a andar delante de mí para que no dejara de ver lo mona que estaba. Yo también estaba muy mono. Hay que reconocerlo.
Lo más gracioso es que éramos los peores patinadores de toda la pista. Los peores de verdad y eso que había algunos que batían el récord. A Sally se le torcían tanto los tobillos que daba con ellos en el hielo. No sólo hacía el ridículo, sino que además debían dolerle muchísimo. A mí desde luego me dolían. Y cómo. Debíamos hacer una pareja formidable. Y para colmo había como doscientos mirones que no tenían más que hacer que mirar a los que se rompían las narices contra el suelo.
—¿Quieres que nos sentemos a tomar algo dentro? —le pregunté.
—Es la idea más maravillosa que has tenido en todo el día.
Aquello era cruel. Se estaba matando y me dio pena. Nos quitamos los patines y entramos en ese bar donde se puede tomar algo en calcetines mientras se ve toda la pista. En cuanto nos sentamos, Sally se quitó los guantes y le ofrecí un cigarrillo. No parecía nada contenta. Vino el camarero y le pedí una Coca-Cola para ella —no bebía— y un whisky con soda para mí, pero el muy hijoputa se negó a traérmelo o sea que tuve que tomar Coca-Cola yo también. Luego me puse a encender cerillas una tras otra, que es una cosa que suelo hacer cuando estoy de un humor determinado. Las dejo arder hasta que casi me quemo los dedos y luego las echo en el cenicero. Es un tic nervioso que tengo.
De pronto, sin venir a cuento, me dijo Sally:
—Oye, tengo que saberlo. ¿Vas a venir a ayudarme a adornar el árbol de Navidad, o no? Necesito que me lo digas ya.
Estaba furiosa porque aún le dolían los tobillos.
—Ya te dije que iría. Me lo has preguntado como veinte veces. Claro que iré.
—Bueno. Es que necesitaba saberlo —dijo. Luego se puso a mirar a su alrededor.
De pronto dejé de encender cerillas y me incliné hacia ella por encima de la mesa. Estaba preocupado por unas cuantas cosas:
—Oye Sally —le dije.
—¿Qué?
Estaba mirando a una chica que había al otro lado del bar.
—¿Te has hartado alguna vez de todo? —le dije—. ¿Has pensado alguna vez que a menos que hicieras algo en seguida el mundo se te venía encima? ¿Te gusta el colegio?
—Es un aburrimiento mortal.
—Lo que quiero decir es si lo odias de verdad —le dije— Pero no es sólo el colegio. Es todo. Odio vivir en Nueva York, odio los taxis y los autobuses de Madison Avenue, con esos conductores que siempre te están gritando que te bajes por la puerta de atrás, y odio que me presenten a tíos que dicen que los Lunt son unos ángeles, y odio subir y bajar siempre en ascensor, y odio a los tipos que me arreglan los pantalones en Brooks, y que la gente no pare de decir...
—No grites, por favor —dijo Sally. Tuvo gracia porque yo ni siquiera gritaba.
—Los coches, por ejemplo —le dije en voz más baja—. La gente se vuelve loca por ellos. Se mueren si les hacen un arañazo en la carrocería y siempre están hablando de cuántos kilómetros hacen por litro de gasolina. No han acabado de comprarse uno y ya están pensando en cambiarlo por otro nuevo. A mí ni siquiera me gustan los viejos. No me interesan nada. Preferiría tener un caballo. Al menos un caballo es más humano. Con un caballo puedes...
—No entiendo una palabra de lo que dices —dijo Sally—. Pasas de un...
—¿Sabes una cosa? —continué—. Tú eres probablemente la única razón por la que estoy ahora en Nueva York. Si no fuera por ti no sé ni dónde estaría. Supongo que en algún bosque perdido o algo así. Tú eres lo único que me retiene aquí.
—Eres un encanto —me dijo, pero se le notaba que estaba deseando cambiar de conversación.
—Deberías ir a un colegio de chicos. Pruébalo alguna vez —le dije—. Están llenos de farsantes. Tienes que estudiar justo lo suficiente para poder comprarte un Cadillac algún día, tienes que fingir que te importa si gana o pierde el equipo del colegio, y tienes que hablar todo el día de chicas, alcohol y sexo. Todos forman grupitos cerrados en los que no puede entrar nadie. Los de el equipo de baloncesto por un lado, los católicos por otro, los cretinos de los intelectuales por otro, y los que juegan al bridge por otro. Hasta los socios del Libro del Mes tienen su grupito. El que trata de hacer algo con inteligencia...
—Oye, oye —dijo Sally—, hay muchos que ven más que eso en el colegio...
—De acuerdo. Habrá algunos que sí. Pero yo no, ¿comprendes? Eso es precisamente lo que quiero decir. Que yo nunca saco nada en limpio de ninguna parte. La verdad es que estoy en baja forma. En muy baja forma.
—Se te nota.
De pronto se me ocurrió una idea.
—Oye —le dije—. ¿Qué te parece si nos fuéramos de aquí? Te diré lo que se me ha ocurrido. Tengo un amigo en Grenwich Village que nos prestaría un coche un par de semanas, íbamos al mismo colegio y todavía me debe diez dólares. Mañana por la mañana podríamos ir a Massachusetts, y a Vermont, y todos esos sitios de por ahí. Es precioso, ya verás. De verdad.
Cuanto más lo pensaba, más me gustaba la idea. Me incliné hacia ella y le cogí la mano. ¡Qué manera de hacer el imbécil! No se imaginan.
—Tengo unos ciento ochenta dólares —le dije—. Puedo sacarlos del banco mañana en cuanto abran y luego ir a buscar el coche de ese tío. De verdad. Viviremos en cabañas y sitios así hasta que se nos acabe el dinero. Luego buscaré trabajo en alguna parte y viviremos cerca de un río. Nos casaremos y en el invierno yo cortaré la leña y todo eso. Ya verás. Lo pasaremos formidable. ¿Qué dices? Vamos, ¿qué dices? ¿Te vienes conmigo? ¡Por favor!
—No se puede hacer una cosa así sin pensarlo primero —dijo Sally. Parecía enfadadísima.
—¿Por qué no? A ver. Dime ¿por qué no?
—Deja de gritarme, por favor —me dijo. Lo cual fue una idiotez porque yo ni la gritaba.
—¿Por qué no se puede? A ver. ¿Por qué no?
—Porque no, eso es todo. En primer lugar porque somos prácticamente unos críos. ¿Qué harías si no encontraras trabajo cuando se te acabara el dinero? Nos moriríamos de hambre. Lo que dices es absurdo, ni siquiera...
—No es absurdo. Encontraré trabajo, no te preocupes. Por eso sí que no tienes que preocuparte. ¿Qué pasa? ¿Es que no quieres venir conmigo? Si no quieres, no tienes más que decírmelo.
—No es eso. Te equivocas de medio a medio —dijo Sally. Empezaba a odiarla vagamente—. Ya tendremos tiempo de hacer cosas así cuando salgas de la universidad si nos casamos y todo eso. Hay miles de sitios maravillosos adonde podemos ir. Estás...
—No. No es verdad. No habrá miles de sitios donde podamos ir porque entonces será diferente —le dije. Otra vez me estaba entrando una depresión horrorosa,
—¿Qué dices? —preguntó—. No te oigo. Primero gritas como un loco y luego, de pronto...
—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y trailers. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo.
—Quizá no. Pero a lo mejor eres tú el que no entiende nada —dijo Sally. Para entonces ya nos odiábamos cordialmente. Era inútil tratar de mantener con ella una conversación inteligente. Estaba arrepentidísimo de haber empezado siquiera.
—Vámonos de aquí —le dije—. Si quieres que te diga la verdad, me das cien patadas.
¡Jo! ¡Cómo se puso cuando le dije aquello! Sé que no debí decirlo y en circunstancias normales no lo habría hecho, pero es que estaba deprimidísimo. Por lo general nunca digo groserías a las chicas. ¡Jo! ¡Cómo se puso! Me disculpé como cincuenta mil veces, pero no quiso ni oírme. Hasta se echó a llorar, lo cual me asustó un poco porque me dio miedo que se fuera a su casa y se lo contara a su padre que era un hijo de puta de esos que no aguantan una palabra más alta que otra. Además yo le caía bastante mal. Una vez le dijo a Sally que siempre estaba escandalizando.
—Lo siento mucho, de verdad —le dije un montón de veces.
—¡Lo sientes, lo sientes! ¡Qué gracia! —me dijo. Seguía medio llorando y, de pronto, me di cuenta de que lo sentía de verdad.
—Vamos, te llevaré a casa. En serio.
—Puedo ir yo sólita, muchas gracias. Si crees que te voy a dejar que me acompañes, estás listo. Nadie me había dicho una cosa así en toda mi vida.
Como, dentro de todo, la cosa tenía bastante gracia, de pronto hice algo que no debí hacer. Me eché a reír. Fue una carcajada de lo más inoportuna. Si hubiera estado en el cine sentado detrás de mí mismo, probablemente me hubiera dicho que me callara. Sally se puso aún más furiosa.
Seguí diciéndole que me perdonara, pero no quiso hacerme caso. Me repitió mil veces que me largara y la dejara en paz, así que al final lo hice. Sé que no estuvo bien, pero es que no podía más.
Si quieren que les diga la verdad, lo cierto es que no sé siquiera por qué monté aquel numerito. Vamos, que no sé por qué tuve que decirle lo de Massachusetts y todo eso, porque muy probablemente, aunque ella hubiera querido venir conmigo, yo no la habría llevado. Habría sido una lata. Pero lo más terrible es que cuando se lo dije, lo hice con toda sinceridad. Eso es lo malo. Les juro que estoy como una regadera..." (J.D. Salinger)